Tour 2020 con Vinos de Francia; 1er descanso: Laphroaig (10 years old, Islay Malt Whisky)

Bienvenido finalmente el descanso!

Llevaba diez días continuos inmerso en el ciclismo y el vino, especialidades de la vida que me acompañan desde mi adolescencia en diferentes facetas. El vino es parte esencial de ella y el ciclismo lo fue cuando tuve etapas cortas practicándolo, principalmente para mejorar mi estado físico sedentario y además bajar peso. Luego la vida te ofrece otras opciones.

Basta por un día de vinos. El Tour vinícola se reanuda el martes pero hoy seguí practicando ciclismo y dediqué toda mi tarde a redactar el análisis del Tour de Francia para el diario El Espectador, del que soy corresponsal en Londres y al cual estoy vinculado desde hace más de 30 años en Colombia y Europa. Ya publicado, llega el sosiego.

La mejor opción fue sentarme al sol del atardecer londinense, fumarme una pipa y disfrutar uno de los Whiskies de Malta escocesa que más me gustan, Laphroaig; una de las primeras destilerías que visité, en 1995, cuando Ian Henderson era su Master distiller, el experto encargado de dirigir el proceso y sublimar el mosto de cebada malteada; en suma, la figura clave en cada casa fabricante.

Es un whisky muy especial que proviene de la isla de Islay, en el archipiélago de las Hébridas exteriores, al noroeste de Escocia. Se caracteriza por tener una alta concentración de fenoles debido al proceso de secado de la cebada utilizando la turba, el carbón vegetal que cubre la mayor parte de su suelo y que aporta notas fuertes de carbón ahumado, alquitrán o kerosene. En Islay hay sólo diez destilerías, seis históricas (Laphroaig, Lagavulin, Ardbeg, Bowmore, Caol Ila y Bunnahabhain), tres recientes, Bruichladich, Kilchoman y Port Charlotte, y una nueva, Ardnahoe, que aún no empieza a producir.

Es un tipo de whisky exótico y único; para amar u odiar, dependiendo de cada paladar. La destilería tiene 205 años y una historia singular: su fundador se ahogó en un tanque de Whisky! Les invito a descubrirla.

Yo no pienso “ahogarme” en whisky pero definitivamente, después de varios trasnochos, necesitaba un descanso y relajar mi espíritu. La luna nocturna iluminó varias veces mi terraza y la fiel mesa compañera de almuerzos, cenas, vinos, whiskies, rones, pipas, lectura y el sol cálido del fin del verano europeo.

La pipa la tallé con mis manos en agosto de 2016 con la orientación de mi amigo David Buist, del Pipe Club of London (Club de fumadores de pipa de Londres) al que pertenezco desde hace seis años. Es una de mis preferidas y su valor sentimental es único. El Club está celebrando los primeros 50 años, pero la pandemia del Covid-19 interrumpió nuestras actividades.

Dediqué entonces parte de mi tiempo a preparar una picadura especial con variedades de tabacos de distintos orígenes y carácter, para crear una mezcla considerada oficialmente “english”: Virginia de Estados Unidos, Orientals de Turquía y Latakia de Chipre, pero yo le agregué además Black Cavendish, que es un tipo de tabaco oscuro que ha sido prensado y aromatizado al vapor para revelar sus notas dulces de higos y vainillas. La mezcla la impregné además con Whisky de Malta de Speyside (más dulce y fresco que Laphroaig) y estuvo en reposo dos meses. Fue interesante el momento y la combinación armónica.

El tema del tabaco me lleva a compartir una norma básica para que los fumadores de cigarrillo, tabaco o pipa, disfruten mejor un vino. Jamás se debe beber un vino mientras se fuma porque nunca lo apreciará en su justa dimensión y sería un pecado imperdonable. Aunque lo anterior es algo muy raro, he conocido casos!

Es muy importante prepararse adecuadamente para disfrutar un vino y un fumador tiene el lastre de que su paladar estará impregnado de nicotina y moléculas contrarias a la apreciación del vino. Por ello es muy importante que si va a beber vino, lave sus dientes y boca y limpie la lengua, al menos 10 minutos antes de pasar a la copa. Las papilas gustativas deben estar lo más frescas y limpias posibles para recibir el vino. Aproveche entonces para salivar bastante o tomar agua -preferentemente carbonatada- que le ayudará a esa tarea de “limpieza interna”. Entre más descansado y bajo de contaminación esté su paladar, mejor apreciará y disfrutará un buen vino. No desperdicie la ocasión. Sólo requiere un pequeño sacrificio.

También he conocido productores de vino y enólogos que fuman, pero ellos tienen sus métodos específicos y la tarea de cata y evaluación de vinos se realiza en las mañanas, temprano y luego del desayuno, cuando nuestro cuerpo está más descansado y fresco. Ninguno fuma antes de catar. El consejo que les ofrezco, proviene de mi experiencia y la advertencia de profesionales.

En mi caso particular de la pipa, ni la fumo todos los días, ni muchas veces en la jornada. Necesito un espacio y un momento de relax. Y cuando trabajo de manera profesional en el proceso de cata, en concursos, ferias o eventos de vinos, dejo de fumar desde dos días antes para reajustar mis papilas y llegar en la mejor condición. Terminado el concurso (normalmente duran 4-5 días) o el evento, puedo darme esa libertad. Pero jamás antes de catar un vino. Es una disciplina necesaria y obligatoria, un tema de profesionalismo y respeto…con el vino y su productor. Pero para quien es un fumador habitual de cigarrillo, si puede ser un problema la indisciplina.

Tabaco y vino no armonizan. Caso diferente son los licores fuertes o los Portos (fortificados), aunque también lo más aconsejable sería seguir el mismo método. De esta forma disfrutará mejor su whisky, su ron o su licor preferido.

Yo me voy ahora a disfrutar con urgencia un reparador sueño. Mientras regreso a pedalear en el Tour 2020 con Vinos de Francia y para cerrar esta tarde-noche les ofrezco mi análisis del ciclismo en El Espectador: Tour 2020, póker colombiano vs dinámica eslovena.

Buenas noches, Sláinte!

 

Tour 2020 con Vinos de Francia; Etapa 9: Chablis 1er Cru (Domaine de La Meulière, Mont de Milieu 2011)

Roca más o menos dura, de color gris, compuesta principalmente de carbonato de calcio y arcilla en proporciones casi iguales, y que se emplea como abono de los terrenos en que escasea la cal o la arcilla.El Tour de France 2020 continuó este domingo la selección de sus favoritos y luego de nueve etapas consolidó la tabla general y los ciclistas que pelearán por la victoria final y el podio en París.  Antes del primer descanso mañana lunes, los cuatro ciclistas colombianos líderes de equipo afianzaron sus posibilidades entre los diez favoritos El balance es muy favorable luego de recorrer 1383 kilómetros, el 40% de la prueba.

Después de seleccionar el vino de la jornada, un refrescante Chablis 1er Cru, decidimos con mi esposa aprovechar el generoso día soleado en nuestro barrio de Woolwich Arsenal en el municipio de Greenwich (al sureste de Londres), la sede del famoso observatorio que da la referencia horaria mundial, el GMT, el tiempo del meridiano de Greenwich.

Para no perdernos la parte fundamental de la etapa estuvimos al mediodía en la zona vecina, Royal Arsenal, donde en 1886 los trabajadores de los depósitos de municiones de Woolwich fundaron el famoso club del fútbol inglés. De allí su escudo y el sobrenombre de “The Gunners”, los artilleros. La zona tiene varios parques apacibles…y muchos cañones! Entre ellos descorchamos nuestro primer vino blanco del “Tour 2020 con Vinos de Francia”. Yo, a pesar de vivir en Londres hace 19 años, soy fanático del Liverpool desde los años 60 cuando crecí escuchando el rock del famoso cuarteto del puerto, Los Beatles.

Fue el aperitivo perfecto para la llegada de los ciclistas a los Pirineos y la primera “batalla” seria de los favoritos en la alta montaña; un vino ya con un color amarillo pajizo después de nueve años en la botella, con bouquet de aromas cítricos de naranja lima, muy fresco y con sabor parecido a la pera blanca ácida; perfecto para calmar la sed de la larga caminata por las orillas de nuestro próximo y milenario río Támesis. Para conservar su temperatura ideal de servicio (8-10°) llevamos la botella en un saco térmico, pero el sol y la transmisión de la etapa por Televisión nos obligaron hora y media después a regresar.

De vuelta en casa nos encontramos con otro amarillo, el del equipo Jumbo Visma comandando la etapa para ubicar a su candidato Primoz Roglic con la camiseta de líder…amarilla! Lo lograron pero su ventaja de 21″ sobre el campeón Egan Bernal (2°) y de 1.15″ sobre el 9°, Miguel Angel López, obligará a su poderosa escuadra a trabajar bastante la próxima semana para defenderlo y llegar con ventaja al nuevo descanso antes de los Alpes. Bernal, Nairo Quintana (5°), Rigoberto Urán (6°) y el sorprendente y combativo compatriota esloveno Tadej Pogacar (ganador de la etapa y ahora 7°), se muestran muy fuertes y queda aún mucho recorrido. La ruta de mi Tour con Vinos de Francia los llevará la semana próxima al corazón de la región de Borgoña con la mejor expresión de sus uvas históricas, Pinot Noir y Chardonnay.

El Chablis Premier Cru Mont de Milieu (Montaña del medio), cosecha 2011 del Domaine de la Meulière, es el preámbulo.

Los Cru de Chablis

Los Chablis son vinos blancos elaborados 100% con uva Chardonnay. Los expertos consideran que es una de las expresiones más puras de ese varietal porque a diferencia de los Borgoña su estilo de elaboración es más simple y no se añejan en barrica de roble, es decir, son la pura expresión de la fruta y del terruño (suelos calcáreos) que hace que tengan por lo general notas de pedernal o terrosas como el aroma de la piedra humeda cuando la seca al sol. Los vinos tienen una acidez picante y se benefician de la guarda: los Grand Cru envejecen más de 15 años y los Premier Cru al menos diez.

Aquí debo hacer una precisión fundamental. La clasificación de los vinos de Chablis y de Borgoña es lo contrario de las de Burdeos; los de mayor calidad en lo alto de la pirámide son los llamados Grand Cru y en el segundo nivel están los Premier (1er) Cru. Debajo de estos niveles están las designaciones más bajas de Chablis básico y Petit Chablis.

Es un tema específico de legislación. En Borgoña se emplea el término “Climat” para designar parcelas de tierra que tienen condiciones climáticas y geológicas únicas que caracterizan los aromas, sabores y texturas de los vinos. En Chablis, la región tiene 47 Climats, 40 de los cuales se califican Chablis Premier Cru y siete son los Chablis Grand Cru. Y dentro de los Premier Cru, hay apenas 89 viñedos con el derecho a utilizar ese nombre en la etiqueta pero los productores utilizan con frecuencia apenas 17 de esos nombres (los más reconocidos) porque la confusión sería aún mayor para los consumidores.

En realidad es la calidad del suelo y la pendiente de las colinas las que generan las diferencias de calidad de los vinos. Muchos de los Premier Cru y todos los viñedos de Grand Cru, están plantados a lo largo del valle del río Serein (Sereno) que desemboca en el Yonne (afluente del famoso río que cruza París, el Sena), sobre suelos de piedra caliza, arcilla y conchas fosilizadas, que se considera le aportan la delicadeza y estructura a los vinos. Los Climats le aportan entonces el carácter específico (tipicidad) al vino, según el suelo y la exposición al sol; son estructurados y largos en boca.

Desde los más minerales que son cerrados cuando jovenes, hasta los más florales que desarrollan aromas finos y sútiles, los Climats de los Chablis Premier Cru son frescos y coquetos en el paladar. El Chablis genérico es un vino muy agradable como aperitivo y los Premier Cru armonizan perfecto con mariscos, pescado blanco suave (al vapor o a la parrilla), ostras, pechuga de pollo a la plancha y queso de cabra o ligeramente salados. Además, con precios entre €15-20 (US$18-25) son los mejores en la relación calidad/precio.

Los hermanos Laroche

El Domaine de la Meulière fue creado en 1984 por Claude Laroche, pero la historia de la propiedad y sus viñedos data de 1780. Una de sus características es que siempre ha sido un productor independiente y hoy es dirigido por los hermanos Vincent y Nicolas (la séptima generación). Vincent se encarga de la comercialización y Nicolas, a quien conocí en Londres hace siete años en la presentación anual de la asociación de “Vignerons Indépendants de France” (Viticultores Independientes), es quien elabora los vinos desde 1994 y hace las presentaciones.

El concepto de productor independiente es un sello de calidad muy interesante -su logo lo aprecian en la parte inferior izquierda de la etiqueta- y hoy reune a cerca de 10.000 viticultores franceses que no hacen parte del circuito tradicional y no venden su cosecha a las poderosas cavas cooperativas. Para darles un ejemplo, la importante cooperativa La Chablisienne, produce casi un tercio del vino elaborado en Chablis.

Dado que en Londres también se realiza anualmente una presentación de cerca de un centenar de importantes productores de Chablis asociados en la Union des Grands Crus de Chablis (Unión de Grandes Cru de Chablis), para mi fue muy interesante la comparación y poder comprobar la excelencia de los vinos de este Dominio familiar. Nicolas fue además muy atento en explicarme sus vinos mientras yo realizaba la degustación.

La propiedad tiene 24 hectáreas y produce anualmente 180.000 botellas de Chablis y 17 etiquetas (vinos) diferentes; nueve son Premier Cru. De ellos, Mont de Milieu, Fourchaume y Montée de Tonnerre, son los más apreciados. Los Laroche viven en el centro del pueblo de Fleys, a 4 km de Chablis en la carretera a Tonnerre.

Todos los vinos Chablis y Chablis Premier Cru se maduran en tanques de acero inoxidable y sólo se emplean barricas de roble para dos cuvés especiales y de producción limitada a partir de viñas viejas de Chablis: cuvée Fleur de Oak (Hoja de roble) y Chablis Les Larmes de l’Oubli (Las lagrimas del olvido).

Hablando de olvido, creo que es hora de descansar, al igual que los ciclistas del Tour que tienen su primera jornada libre. Mañana no tendremos Tour con Vinos de Francia, pero habrá una nueva entrada en Mi Rincón.

* Sitio web del Domaine de la Meulière: www.chablis-meuliere.com

NO SE DEJE CONFUNDIR: Los productores franceses de Chablis han luchado mucho durante los últimos años, utilizando medios legales para proteger y hacer respetar internacionalmente la designación Chablis. Debido a la exigencia de elaborarse con la uva Chardonnay, los vinos de Chablis tienen el handicap del uso abusivo del nombre ​​por productores de países del Nuevo Mundo en EE.UU (California), Australia y Chile, entre otros, donde el término genérico de la palabra “Chablis” o la expresión “Vino tipo Chablis” se usan para describir cualquier vino blanco, sin importar dónde se haya elaborado ni con qué uvas. Chablis es una Denominación de Origen reglamentada y reconocida por la Unión Europea.

Tour 2020 con Vinos de Francia; Etapa 8: Fleurie, Beaujolais Cru (Domaine des Nugues 2009)

Después de disfrutar el viernes un Beaujolais Cru relativamente ligero con una etapa nerviosa y desgastante, hoy consideré interesante pasar a un nivel superior cuando el Tour de France ciclístico llegó a los Pirineos y los líderes colombianos tenían a su disposición la alta montaña para consolidar sus posiciones; descorché entonces una botella más compleja.

No me equivoqué en la sensación que tenía de la jornada ni en la elección de la botella. Se desplomaron dos franceses favoritos, Thibaut Pinot y Julian Alaphilippe. Al primero le pasaron factura las caídas en el Criterium del Dauphiné y la primera etapa del Tour en Niza, mientras el segundo confirmó lo que había anticipado: que no estaba preparado para disputar la victoria final sino etapas. Perdieron hoy: más de 18 minutos Pinot y 11 Julian.

En cambio, los colombianos fueron nuevamente protagonistas, se mostraron sólidos en la montaña y ahora ocupan del quinto al octavo lugar de la tabla general, todos ellos a 13″ de la camiseta amarilla, el británico Adam Yates del equipo australiano Mitchelton-Scott en el que también corre Esteban Chaves.

Para ambos Tours -el ciclístico y el vinícola- es importante apreciar que el nombre de la escuadra (antes Orica) proviene desde 2018 de su patrocinador principal, la bodega Mitchelton, situada en el Valle de Goulburn, en Nagambie, 130 kms al norte de Melbourne, la capital del estado vinícola de Victoria.  Fue fundada en 1973, tiene 130 hectáreas de viñedos y su especialidad son los vinos blancos provenientes de la uva francesa Marsanne (originaria del Ródano y también plantada en California), el espumoso Mitchelton’s Riesling que es de los mejores de Australia, y vinos tintos de Cabernet Sauvignon y Shiraz, también proveniente del Ródano francés.

El Fleurie, otro Cru de Beaujolais pero de cuerpo medio y más complejo que el Chiroubles de la sétima etapa, fue ideal para continuar nuestro ingreso a la región de Borgoña con mi Tour de vinos franceses. Administrativamente, Beajoulais pertenece a la región de Borgoña, aunque Fleurie es una comuna situada en el departamento del Ródano.

Fleurie es uno de los Cru de Beaujolais más exportados a Estados Unidos y produce un vino complejo y muy sedoso en el paladar, con notas de frutos rojos y flores. En añadas ideales, como la 2009 que descorchamos esta tarde, se recomienda beberlo después de cuatro años y puede guardarse hasta 15, y a veces más. Domaine des Nugues, con 34.5 hectáreas de viñas, es uno de los más destacados, según me explicó mi cavista en París.

Otro Cru de Beaujolais para llegar a los Pirineos en el Tour

La etimología de la palabra es igualmente interesante. Los mapas medievales registran a Fleurie como “Floriacum”, que provendría de la raíz latina “flos” (flor o floreciente) empleada para describir un territorio fructífero. Sin embargo, también podría ser un nombre que indica propiedad porque el sufijo galo-romano “acum” (“Flori-acum”) indica una posesión. Entonces el nombre Floriacum significaría una propiedad de Florus y de hecho en la zona elevada de la localidad se construyó el “Castillo de Floriacum”, un nombre que se repite en muchos lugares de Francia que fueron elegidos para fundar monasterios. Hay un monasterio de Fleury en Dijon (capital de los vinos de Borgoña) y hubo otro cerca de Rouen, en Normandía. Pero dejemos de lado la historia.

Propiedad familiar

El dominio se llamaba originalmente el “Clos des Nugues”. Clos es la palabra francesa que denomina una propiedad vitícola cercada por un muro de piedra, característica principalmente extendida en la región de Borgoña y que proviene del origen de los viñedos, pertenecientes antiguamente a monjes y comunidades religiosas. Lo compró en 1976 Gérard Gelin y al llegar el nuevo milenio su hijo Gilles se le unió para desarrollarlo.

Hoy tiene 34.5 hectáreas de viñedos, de las cuales 5.5 están en Fleurie, 2 en Moulin à Vent y 0tra en Morgon, tres Cru de Beaujolais. El resto son Beaujolais-Villages, la categoría corriente, que representa un 25% de la producción de la región.

Además de los tradicionales Gamay y Chardonnay (produce también vinos blancos), Gilles decidió plantar una hectárea con parcelas de dos uvas atípicas para la zona, Syrah (2/3) y Vidoc. Esta ultima es una uva producida en laboratorio y hoy es la de mayor resistencia a dos hongos funestos para las viñas, el mildiu y el oidio. Es un cruce genético conseguido en 1996 en Alemania, entre la uva blanca Bouquet (también plantada en España, Italia y Africa del Sur) y la uva tinta y de piel oscura Regent, la más resistente a las enfermedades fúngicas.

El Domaine des Nugues está localizado en Lancié, al norte de la zona delimitada Beaujolais. Desde 2010 Gilles es el propietario y produce 15 cuvés diferentes, con viñedos que tienen en promedio 45 años de edad, una edad ideal para obtener excelentes vinos. Del Fleurie se elaboran anualmente 38.000 botellas que se ofrecen a un precio de entre US$18-20.

Igual que en Borgoña, la uva se cosecha a mano.

El segundo Cru de Beaujolais de este Tour de France 2020 me sorprendió por su color tan rojo profundo y sus notas exóticas de pimienta y ceniza. Proviene también de suelos graníticos y de arenas de pedernal que le aportan su carácter. Ciertamente que en este 2009 aún se aprecia en el paladar la fruta (mora e higos) pero tal vez la evolución de 9 años en la botella ya había consumido las notas florales de violeta que tanto han gustado a mis lectoras. El productor recomienda beberlo entre cuatro y seis años.

Igual, lo disfrutamos mucho con un sandwich de pechuga de pollo y ensalada en la terraza, antes de concentrarme a ver el final de la etapa. En pleno Tour de Francia, en cuarentena por la pandemia del Covid-19  y con mínimo tiempo de relax, no es esencial para mí una gastronomía muy elaborada como un Filet Mignon que le armonizaría perfectamente. Creo además que el Fleurie es un vino amable para toda ocasión.

* Sitio web del Domaine des Nugues: www.domainedesnugues.com

PALADARES: Me comentó un seguidor fiel que el Beaujolais es siempre una aventura y que no ha podido encontrar uno bueno que le guste. El Beaujolais es normalmente un vino frutal pero mineral y proviene de una uva (Gamay) más “rústica” o diría vigorosa, que la extraordinaria Pinot Noir de Borgoña. La Gamay fue proscrita hace más de 600 años por los Duques de Borgoña que la consideraron “desleal” y horrible frente a la elegante Pinot que era la uva de los vinos reputados como los mejores de la cristiandad. Se exilió en Beaujolais y la Loira, aunque en algunas propiedades aún conviven mezcladas hileras de ambas cepas. La premisa es aceptar que el sentido del gusto de cada persona es distinto y que mientras a la mayoría no le agradan los sabores de grafito o carbón, algunos prefieren aromas tostados y torrefactos, otras los sabores de fruta dulce; lo que los expertos europeos llaman “el gusto Coca Cola” dado por la influencia en el paladar de consumir continuamente esa bebida azucarada carbonatada. Hay vinos distintos y para todos los gustos (Borgoñas, Burdeos, Ródano, Languedoc o Beaujolais, son algunos) al igual que hay simpatías diferentes por nuestros ciclistas: hay seguidores de Nairo Quintana, otros de Rigoberto Urán, de “Supermán” López o del campeón Egan Bernal.

La invitación principal de este Tour 2020 con Vinos de Francia es para que cada cual según su preferencia, desarrolle su gusto y aumente los referentes del paladar. Es una tentación y una invitación a explorar regiones, sabores, texturas, uvas; una aventura a través del vino. Como se dice popularmente: “entre gustos no hay disgustos”.

Tour 2020 con Vinos de Francia; Etapa 7: Chiroubles, Beaujolais Cru (Chatêau de Raousset 2009)

Igual que el Tour ciclístico que cambió de terreno y dejó momentáneamente la montaña escarpada por un terreno más ligero, he abandonado definitivamente la meseta calcárea y los suelos de grava arcillosa que le transmiten a los viñedos sembrados en la ribera derecha de Burdeos ese complejo carácter mineral y condimentado. Pensé que la séptima etapa y su diseño sería para una jornada relativamente tranquila y merecía un vino fresco y vibrante. Me decidí por un Beaujolais de alta expresión, un Chiroubles.

La jornada fue nerviosa y desgastante para los ciclísticas, que tuvieron que exigirse al máximo en los últimos kilómetros con vientos de costado que hicieron de nuevo estragos en el pelotón y lo cortaron en cuatro grandes grupos. Pero los colombianos “capos de escuadra” demostraron madurez y atención, supieron dominar las peligrosas ráfagas de vientos de cola y de costado, y siguen siendo protagonistas; cuatro en el Top-10. Y el campeón Egan Bernal ya es 4° en la general y porta hoy la camiseta blanca del mejor joven de la carrera.

El esloveno Tadeg Pogacar, el español Mikel Landa, el ecuatoriano Richard Carapaz -por un pinchazo- y Esteban Chaves, fueron los grandes damnificados de la jornada y perdieron tiempo valioso en los últimos kmts de la jornada (1.21″) que serán importantes desde este sábado cuando llega la montaña seria y el desafío de los Pirineos.

Hay entonces lugar a la celebración y el famoso Beaujolais es ideal. Es un vino de Denominación de Origen Controlada (AOC), elaborado con la uva Gamay, que tiene una piel fina y es baja en taninos, con lo cual permite producir vinos tintos de cuerpo ligero, suaves, florales (a las mujeres les encantan y dicen que huelen a violetas) y con una alta acidez que permite guarda larga en cava, en el caso de los Cru de alta calidad. También hay Beaujolais blanco a partir de las uvas Chardonnay y Aligoté, pero su producción es sólo 2% del total.

La región queda al norte de Lyon y cubre parte de los departamentos del Ródano y Ródano-Alpes, por donde pasará el Tour la próxima semana. Es bien conocida por su larga tradición enológica, ser pionera en el uso de la técnica de maceración carbónica en los vinos, y desde los años 70 por el popular Beaujolais Nouveau; un vino del año de cosecha -usualmente entre septiembre y octubre- que se fermenta durante pocas semanas antes de salir a la venta el tercer jueves de noviembre, en un evento mundialmente célebre por las carreras de compradores para adquirirlo el día de salida al mercado.

Pero nuestro Beaujolais no es Nouveau (nuevo) ni es Villages, es decir de municipalidad o pueblo. Es un Chiroubles, un Cru -de una zona específicamente demarcada de calidad- que proviene fundamentalmente de terrenos graníticos donde la uva se cultiva en ladera y debe ser cosechada a mano para asegurar óptima calidad de los racimos. Hay 10 Beaujolais Crus y cada uno tiene carácter diferente y una ventana teórica de consumo recomendado; Brouilly (la más extensa), Régnié y Chiroubles, son de cuerpo ligero para beber hasta 3 años después de la cosecha. De cuerpo medio son Fleurie, Côte de Brouilly, Saint-Amour y Fleurie, para consumir entre cuatro y diez años después de la cosecha.

Los Cru más complejos y con un potencial de guarda de hasta 20 años son los vinos Chénas, Juliénas, Moulin-à-Vent y Morgon, que en la ladera conocida como Côte du Py, produce unos vigorosos vinos minerales con sabor a piedras mojadas al sol y fruta negra ácida y refrescante. Recuerdo que en junio de 2012, aprovechando mi viaje a Colombia para celebrar los 90 años de mi padre, ofrecí como homenaje a mi gran amigo enófilo Fernando España una cata de 16 vinos diferentes de mi cava (cosecha 98 la mayoría), y entre ellos hubo un Morgon que sorprendió gratamente varios de los comensales. Tengo en cava una Magnum (botella doble) de la excelente cosecha 2009, para disfrutar en 10 o más años.

Cru de añada excepcional

Cuando realizaba catas de vinos en el servicio mundial de la BBC hace ya 15 años, mi amigo Peter, un experimentado control técnico británico de la radio mundial, me comentó que le encantaba el Chiroubles porque a diferencia de los vinos de Burdeos no tenía notas de madera ni era tan tánico, y a su vez se le parecía a un Borgoña pero más fuerte y austero, algo así como una combinación entre fuerza y elegancia. Me quedó para siempre esa invitación a descubrirlo.

La ocasión fue en 2007 en Vinexpo pero la verdad es que no quedé muy convencido. Sin embargo, es siempre importante escuchar los consejos de los conocedores y mi proveedor de vinos franceses especializado en venta por catálogo desde hace 40 años y con cuatro almacenes de venta en París, me habló de la calidad de los Beaujolais Cru del Dominio de Chatêau de Raousset y me recomendó que para disfrutarlo en su mejor expresión, comprara en una añada superior.

Y 2009 en la mayoría de regiones de Francia, España e Italia, fue un año excepcional debido a la metereología favorable. Entonces decidí comprar Beaujolais Cru para comprender mejor sus vinos. Este Chiroubles, premiado en 2010 con medalla de plata en el importante Concurso general de la Agricultura francesa (sticker en el cuello de la botella) resultó fantástico once años después de la cosecha; una guarda muy inusual para un vino de consumo más rápido. Pero antes de seguir les cuento el increíble precio al público: €10,50 (menos de US$14)!

Chiroubles es el cru a mayor altitud (250 a 400 mts) en un relieve accidentado, con la laderas empinadas de suelos homogéneos formados por granito y vetas de granulita. Esa roca se corroe y se desmorona por el agua y el viento, dejando a la vista un suelo muy pobre pero excepcional para las vides, que absorben esa mineralidad que se traduce en los vinos.

El Dominio de Chatêau de Raousset tiene 65 hectáreas, 35 de las cuales sirven para producir tres Cru; un Morgon, un Fleurie y el Chiroubles. Sólo conozco el último pero la verdad me sorprendió su carácter y calidad; un vino contrario a los parámetros normales del Beaujolais, no es claro sino ligeramente oscuro, no es afrutado sino mineral y no es suave y fresco sino fuerte y sincero. Me trajo el recuerdo de las montañas y la agreste humedad de la mañana en el campo.

A propósito, desde los viñedos del alto Beaujolais hay una vista excepcional que domina el valle del río Saona, la arteria esencial de los mágicos viñedos de Borgoña que luego tributa en el Ródano. En sus alturas a 700 mts, se contempla en ocasiones despejado el Monte Blanco, en los Alpes franceses tan apreciados por los escarabajos colombianos.

Será una premonición para la tercera semana?, O para mañana cuando el Tour llega a los Pirineos?

Sitio web del Château de Raousset: www.chateauderaousset.com

DISCULPA: Ayer jueves la sexta etapa del Tour 2020 con Vinos de Francia resultó tranquila para los ciclistas y caótica para este cronista: casi llego fuera del límite de tiempo de clasificación debido a problemas técnicos, no de mi pluma y mi teclado sino del servidor de Internet. En los últimos días en esta zona de Londres, vecina del antiguo Arsenal del ejército británico, hay días con mucha interferencia en las comunicaciones que afectan mi pedaleo y también el sueño. Afortunadamente alcancé a publicar a tiempo en América, desde Alaska hasta la Patagonia. Pero pido disculpas por el retraso horario y la larga espera. Les agradezco su confianza y respaldo y confío en que las próximas entradas a “Mi Rincón” serán menos accidentadas.

 

Tour 2020 con Vinos de Francia; Etapa 6: Saint Emilion Grand Cru (Chatêau Val d’Or 2000)

Philippe Bardet es un excelente viticultor y una personalidad singular en Saint Emilion; dinámico miembro de su histórica Cofradía de La Jurade -data de 1199 y los Caballeros de la Orden de la Cruz de Malta-, inventor, activista en la defensa del medio ambiente y la preservación del equilibrio del ecosistema de la región, y Presidente del Sistema de Gestión Ambiental de los Vinos de Burdeos. Es un productor que predica con el ejemplo y aplica las técnicas más innovadoras en las cuatro propiedades de la familia, todas ellas clasificadas Gran Cru de Saint Emilion.

Debo advertir que a pesar del apellido común, Philippe no tiene relación directa con el buen ciclista francés Romain Bardet del equipo AG2R-La Mondiale, subcampeón del Tour de France 2016, Campeón de la Montaña el año anterior y hoy noveno (9°) en La Grande Boucle. Pero…el papá de Romain Bardet se llama igualmente Philippe!

Como comenté en la segunda etapa el domingo anterior, en Saint Emilion los vinos Grand Cru están en la base de la piramide de calidad. Son más de 900 que aspiran cada diez años que se revisa el escalafón a ingresar en el Top-100 y agregar a su etiqueta la palabra Classé que les dará mayor estatus, mejores precios de venta y un reconocimiento internacional de primer nivel. Para el placer de los consumidores y sus cavas, son los vinos de mejor calidad/precio (a partir de US$20) de la famosa región vinícola que en la época medieval fue cruce de rutas de los peregrinos cristianos del Camino de Santiago.

La competencia es permanente y obliga a buscar la mejor calidad y producir vinos frescos, vibrantes y con capacidad de guarda, provenientes de los terrenos con menor calidad, aquellos que no están en las mesetas calcáreas sino en las partes planas donde los suelos tienen más arena de grava y una cantidad de arcilla menos importante. Otra característica fundamental es que las viñas son cosechadas mecánicamente y no a la mano -proceso más selectivo y costoso- como es obligatorio para sus hermanos mayores los Crus Classés. Es realmente la opción más favorable para encontrar “perlas raras”.

Entre ellas está el vino de Château Val d’Or, el más antiguo y particular de los viñedos Bardet porque se encuentra en la comuna de Vignonet, la zona plana cercana al río Dordoña, en el extremo suroeste de la denominación geográfica y vecina de Castillon y sus vinos Côtes de Bordeaux, como el Château D’Aiguilhe disfrutado con la etapa de ayer .

Vignonet fue hasta finales del siglo XIX un importante puerto comercial de vinos y era una parada obligatoria en el camino hacia el puerto de Burdeos y los destinos extranjeros, pero el desarrollo de la red ferroviaria acabó con las rutas fluviales para transportar el vino. La familia Bardet, originariamente de barqueros, se convirtió entonces en viticultora.

Propiedad centenaria

El Château du Val d’Or (su nombre fue luego simplificado a Château Val d’Or) está en la zona de Cale, en Vignonet, y sus viñas se extienden en una superficie de 14 hectáreas sembradas en un 80% de Merlot, 15% de Cabernet Franc y un 5% de Cabernet Sauvignon. El promedio de edad de los viñedos es de 30 años, es decir en plena madurez de producción, y una parte supera los 50 años, que es el momento en que ofrecen la mayor complejidad y fuerza. De este vino se producen 60.000 botellas anualmente y es el origen de la saga familiar y de los viñedos Bardet.

Lo fundó hace un siglo (1920) en la zona de Cale en Vignonet, Henri-Gabriel Bardet, un comerciante en vinos. Al mismo tiempo su hermano Ernest emigró a Chile, donde fundó una nueva familia latinoamericana. Henri-Gabriel, con la ayuda de su único hijo, Roger, compraron en 1962 nuevas parcelas de tierra, incluído el Château Pontet-Fumet. Los valores y la pasión por la viticultura y el respeto por el terruño los continuó su hijo mayor, Philippe, a quien conocí en Saint Emilion en agosto de 2006 durante una de mis visitas anuales a la región.

Philippe es un compendio perfecto de bonhomía y genialidad. Cuando nos encontramos en sus viñedos me explicó con sapiencia sus consideraciones para obtener lo mejor de suelos demasiado pobres, las técnicas respetuosas del entorno ambiental, su convicción en la agricultura ecológica y su credo personal de reducir rendimientos para producir calidad y no cantidad. Había empezado a disminuir el número de botellas para aumentar la complejidad y elegancia de sus vinos. Un ejemplo: de Château du Val d’Or se producían a fines del siglo pasado 120.000 botellas anuales, hoy la mitad; en parte por voluntad de Philippe y también por causa del cambio climático debido al calentamiento global que afecta severamente a las viñas de Merlot y en especial a las que no están plantadas en suelos calizos.

Ya había degustado antes varios de sus vinos, incluído un excelente Côtes de Castillon elaborado a partir de viñedos antiguos (Château Savoie) que me emocionó sobremanera durante la Cata de Vinos de Burdeos del año 2000 para la BBC; un vino realmente superlativo nacido de las mejores parcelas de la meseta cálcarea colindantes con Saint Emilion. Entendí entonces, directamente de Philippe, el porqué de esa botella inolvidable.

Phillippe vendió luego esa propiedad y otras en Castillón para concentrarse en Saint Emilion. Entonces compró en 2008 el Château Franc Le Maine y luego en 2013 el Château du Paradis que antiguamente fue de la familia. Hoy es su residencia particular junto a su esposa Sylvie y sus jovenes hijos Paul-Arthur y Thibault (que conocí hace seis años en Burdeos y están hoy al frente de los viñedos), y Alice, que habla perfectamente español (vivió en Argentina) y este año comienza en un mes a hacer la vendimia con sus hermanos.

Château du Paradis (Castillo del Paraíso, en español) es una finca de 5 hectáreas vecina de Val d’Or, a lo largo del Dordoña sobre un montículo pedregoso ligeramente más alto que el nivel del río. Ello lo protege y ayuda a mantener sin extremos las temperaturas suaves de la ribera en verano e invierno.

Artística y única, honra al río Dordoña y la historia de los viñedos Bardet.

Su terreno de grava, arcilla y arena arrastrada y depositada por el río, absorbe el calor durante el día y lo refleja por la noche mientras madura la uva. Según Philippe, esta circunstancia particular “refuerza la concentración, complejidad y elegancia aromática de los vinos”.

Porta una llamativa e inusual etiqueta que honra la relación histórica del río Garona con los viñedos Bardet. Es el único de sus vinos que no he catado pero estoy cordialmente invitado a conocerlo y disfrutarlo relajado en familia.

Estirpe revolucionaria

En los años ochenta, Philippe Bardet empezó a innovar e invertir sus propiedades con el objetivo de respetar el medio ambiente. Hoy, todas las bodegas están equipadas para emplear energía geotérmica; utilizan así un recurso natural renovable mientras que el río es una fuente de energía sostenible. A su vez, los residuos se eliminan con un impacto ambiental mínimo.

En el caso de las viñas, se cultivan bajo el principios de la agricultura racional; con un mínimo de fertilizantes, baja densidad de plantación y respeto del entorno ambiental para preservar el ecosistema en el área de las propiedades familiares. Y en el momento final, los vinos se elaboran en cavas que se lavan con cal y se airean aprovechando la humedad natural, sin recurrir a métodos mecánicos.

Pero además, Philippe es inventor y patentó una ingeniosa maquina para seleccionar las mejores uvas luego de cosechadas, con base en la densidad específica de las bayas. Como la maduración de la vid no es la misma en un viñedo, ni en la planta e incluso dentro de un mismo racimo, las uvas tienen distintos grados de madurez y ello afecta la calidad del vino.

La densidad de la uva aumenta durante la maduración cuando crece su concentración de azúcares, y por ello es esencial cosecharlas y prensarlas en su estado óptimo de madurez.

El mecanismo diseñado por Philippe a partir de aparatos empleados en la industria de frutas, selecciona por flotación -en una corriente de agua continua- las uvas buenas de las inferiores y elimina los palillos y restos de los racimos. El método ha sido exitoso para aumentar la calidad de su producción y la de otros centenares de pequeños propietarios sin los recursos de las bodegas famosas que en busca de esa precisión de cada uva, utilizan mecanismos de selección óptica y las mesas vibrantes de selección manual con una decena de personas (en su mayoría mujeres que son más precisas) separando la mala uva y el palillo portador de sabores astringentes.

La jugada de Thibault

Los genes creativos de Philippe ya tienen heredero. Su hijo Thibault (30 años), quien vivió y trabajó en Alemania era un fanático de la mundialmente famosa serie de televisión de drama y fantasía medieval “Game  of Thrones” -llamada Juego de Tronos en varios países- que produjo la cadena estadounidense de televisión por cable HBO. Thibault decidió elaborar una versión del vino Dornish, la bebida favorita del enano Tyrion Lannister.

Examinó a fondo los vinos de la serie y las características y propiedades descritas, y trabajó con su padre revisando distintas técnicas y mezclas, antes de conseguir la versión final del Vino Dornish con sus sabores y aromas específicos.

Creó entonces dos vinos especiales para las temporadas 2016 y 2017; “Vino Dornish”“The Imp’s Delight”, ambos 100% de uvas pequeñas de Merlot con sabor concentrado. El primero es un Castillon Côtes de Bordeaux y como en los libros, Dorne es conocida por su terreno árido y desértico, y las uvas utilizadas para hacer “The Imp’s Delight” se cultivaron en una parcela arenosa dentro de la finca en Saint-Emilion.

La etiqueta “Dornish” es de color naranja y lleva el motivo del sol de la Casa Martell, mientras que “The Imp’s Delight”, que Tyrion promete regalar a sus amigos después de que termine la guerra, tiene una más estilizada; redonda como los escudos de Dorne pero con dos leones dorados, el sello de la Casa Lannister.

La forma única de la botella (más redonda y pesada), la etiqueta y el sello de cera en vez de la cápsula tradicional, resaltan de una forma auténtica que corresponde con la temática de la serie. Thibault produjo 30.000 botellas de cada versión pero como HBO tiene un proveedor oficial de cuatro vinos vinculados a la serie sólo autorizó a los viñedos Bardet vender las existencias finales (15.000 botellas) a comerciantes de vino o particulares, principalmente en Europa. Pero por módicos €17 (US$20) el “Dornish Wine” y “The Imp’s Delight” a €29 (US$34), el vino está practicamente agotado.

Según Philippe, el primero “es muy afrutado, intenso, oscuro, embriagador, con notas de roble” y para Thibault, el segundo tiene “un tono púrpura más intenso y un sabor ligeramente más atrevido”. Espero tener la suerte de probar alguno de la reserva personal de Thibault!

Queda claro que la pasión familiar por elaborar Grandes Vinos va viento en popa. Thibault y sus hermanos encarnan la cuarta generación de los viñedos Bardet. El relevo está asegurado

Y del Tour?

En realidad hoy añoraba una carrera más explosiva en el Tour ciclístico dado su recorrido con final en montaña. Por ello descorché esta última botella que me quedaba de la añada 2000 (cosecha considerada por los especialistas entre las mejores de este siglo) para acompañar los ravioli y porque para un Saint Emilion de alto nivel -como se auguraba la etapa- tenía la edad ideal. Así lo comprobamos en febrero en Bogotá con una botella del Grand Cru Classé 1996 de Château Cap de Mourlin, que disfrutamos con mis excelentes amigos Fernando y Juanita España (sommelier) y la enóloga húngara Emoke Ijjasz, quien se enamoró de Colombia hace medio siglo y ha dedicado su vida a enseñar de vinos y aromas a los mejores sommelieres y en los más importantes restaurantes y clubes del país.

La etapa me desilusionó pero el vino me fascinó y lo estoy terminando esta noche en la cena con mi esposa. Es “el último de los vecinos” de la ribera derecha de Burdeos disfrutados desde el domingo en este Tour vinícola. Mañana cambiaré de zona. Pero confieso que me sorprendió gratamente su elegancia y frescura, con un toque suave de pimienta blanca y de higos tostados que perdura por muy largo tiempo en el paladar. Mi esposa dice que es un vino que se siente como cuando uno toca una seda muy fina, pero en la boca.

Sitio web del Château Val d’Or: www.vignoblesbardet.com

PECADO: Una amiga artista me comentó desde Francia, que estéticamente no queda bien publicar fotos de botellas de vino con las etiquetas “chorriadas” (etapas 2 y 5) porque les quita elegancia. Acepto parcialmente su concepto porque creo que a pesar de ello, les da autenticidad. A quien no se le ha derramado vino sobre la etiqueta en el momento de servir una copa? Es un contratiempo que a cualquiera nos puede ocurrir, yo el primero. Pero para evitar que se repitiera ese incómodo accidente, hoy le coloqué un anillo recogegotas a la botella de Château Val d’Or, uno de muchos accesorios útiles para evitar el derrame del vino. Otro muy utilizado es el círculo antigoteo. Los tendré a la mano para las siguientes etapas.

Tour 2020 con Vinos de Francia; Etapa 5: Castillon Côtes de Bordeaux (Chatêau D’Aiguilhe 2011)

Uno de los rompecabezas más complejos del mundo vitivinícola es entender y aprender las clasificaciones y designaciones de los famosos vinos de Burdeos y el confuso sistema legal para demarcar las zonas de producción según limites geográficos y regular las variedades de uva o los rendimientos autorizados para garantizar que los vinos cumplan unos mínimos de calidad. El resultado concreto y confuso es que Burdeos tiene 47 Indicaciones Geográficas (AOC) -llamadas en español Denominaciones de Origen- repartidas en todo su territorio sembrado de viñedos y que engloban desde el conjunto de la región hasta zonas municipales.

Ese intrincado sistema de AOCs regulado por el Instituto francés de Denominaciones de Origen (INAO) puede obedecer también a criterios históricos, políticos o comerciales. Las AOC están distribuídas en las cinco subregiones en las que está dividida Burdeos: Médoc en el nor-oeste, Blaye en el noreste, Graves y Sauternes, en el sur-oeste, Libourne en el este y Entre-deux-Mers en el sureste. Van entendiendo, cierto?

Pero además, las AOC de Burdeos no tienen ninguna jerarquía, de manera que la pertenencia a una no significa que sus vinos sean de más calidad que los de cualquier otra. De hecho, casi como norma no escrita, los vinos de una zona geográfica más pequeña suelen ser de superior calidad que los de una grande porque las exigencias de calidad son a veces mayores. La realidad es que los viñedos de Burdeos no están clasificados en función de su calidad -como ocurre con los de Borgoña o Alsacia- y para completar el cuadro abstracto, desde hace 165 años se han establecido diferentes clasificaciones de los vinos, en un intento de crear distintos escalafones y niveles de calidad para cerca de 10.000 viticultores. Y dentro de ellas hay además subdivisiones con lo cual, es muy fácil terminar con dolor de cabeza tratando de interpretar en una etiqueta la calidad de un vino a la hora de comprarlo y sin haberlo probado antes.

El tema es crítico para la imagen de los vinos de Burdeos porque este crucigrama, incluso para los propios viticultores y especialistas -casi como memorizar un diccionario-, hace casi imposible para un consumidor corriente entender los niveles de calidad de los vinos; normalmente se asusta ante una etiqueta y compra seducido por el nombre Burdeos. Afortunadamente hoy día las aplicaciones en los dispositivos móviles con información relevante, son una guía asequible a todos.

Con la quinta etapa del Tour y para seguir “la ruta de los vecinos” hoy les presento un vino de excelente calidad de la denominación Castillon-Côtes de Bordeaux: Château d’Aiguilhe.

No pretendo confundirlos más pero debo explicar nuevos detalles. El más importante es que la expresión Côte significa lado; es decir, vinos del lado de. Lo segundo y de nuevo enredado, es que la denominación geográfica Côtes de Bordeaux se creó en 2009 para fusionar otras cinco utilizadas antes en Burdeos: Côtes de Blaye, Côtes de Castillon, Côtes de Francs, Côtes de Bourg y los vinos tintos del distrito de Cadillac, que se conocían como Première Côtes de Bordeaux. Seguro que entendieron este galimatías.

El cambio fue una decisión  comercial con la intención de crear unidad entre estas importantes denominaciones pero poco conocidas y simplificar la estructura de la denominación de Bordeaux Côtes, es decir, Vinos de los lados de Burdeos. Hay que considerar los vinos se elaboran fuera de la ciudad de Burdeos y con la excepción de muy pocos Châteaux que tienen sus viñas dentro del área urbana debido a la expansión inmobiliaria, todos se producen en los exteriores de la ciudad y en la gran región de Burdeos que da la fama a los vinos.

El resultado agregó más confusión porque las denominaciones de sus integrantes están dispersos geográficamente: Francs y Castillon en el extremo oriental de Burdeos, Cadillac en el sur, Blaye en el oeste y para completar, Côtes de Bourg no se integró por razones burocráticas. De los cuatro, Castillon tiene los mejores terrenos y viñedos de alta calidad.

En suma, cuando ustedes vean la palabra Castillon en un vino de Burdeos, es seguramente una buena botella, con un respetable nivel de calidad y a buen precio, tal vez la mitad de un Saint Emilion de alto nivel.

Un Conde alemán en Burdeos

Había explicado en la cuarta etapa que al lado de un terruño o de un viñedo excepcional, con frecuencia hay un excelente vecino (Pomerol y Lalande-de-Pomerol, o Saint Emilion y Montagne Saint Emilion). También es el caso de los vinos de Castillon, límite geográfico con Saint-Émilion. Comparten buena parte del terruño asentado en la meseta arcilloso-calcárea (arcilla y caliza) y sus mejores vinos tienen la calidad de un Cru.

Entre los vinos de Castillon, uno de los más renombrados y agradables es el Château d’Aiguilhe que dirige el Conde alemán, Stephan Von Neipperg, descendiente de la familia real de los Habsburgo. Su familia elabora vino desde el Siglo XIII y hace casi 50 años (1971) compró varias propiedades vinícolas en Burdeos. Stephan, hombre jovial y aristocrático, con quien es fácil mantener una conversación intelectual s0bre temas distintos al vino, es el responsable de otras siete bodegas  en Burdeos (cuatro en Saint Emilion) que ha modernizado y promovido a niveles de calidad superior. Además extendió el nombre Neipperg (todos sus vinos llevan el escudo de armas en la etiqueta) a otros viñedos fuera de Francia; en Bulgaria y Suráfrica.

El Conde Von Neipperg se estableció desde joven en Saint-Emilion (1983) y es uno de los pocos dueños de grandes bodegas que viven en el poblado; al sur de la ciudadela medieval en su Château Canon-La-Gaffeliere (Premier Grand Cru Classé), cerca de la humilde estación de tren, rodeado de las viñas y de sus cinco hijos nacidos en Burdeos). Stephan compró a fines de 1998 el dominio del Château d’Aiguilhe en el municipio de Castillón, vecino al sur de Saint Emilion.

El castillo es una granja fortificada del siglo XIII dentro del antiguo señorío de Aiguilhe y la propiedad ocupa un vasto terreno de 140 hectáreas con uno de los mejores viñedos en Castillón y el más extenso, 90 hectáreas plantadas con un 80% de Merlot y el resto Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon. Las viñas están sembradas exclusivamente en la meseta calcárea y partes altas de las laderas, y se benefician de un drenaje natural; condiciones ideales para producir vinos complejos y minerales aptos para beber en su momento ideal cinco años después de la fecha en la etiqueta.

Como resultado de la dedicación apasionada del Conde alemán expresada en la alta calidad de todos los vinos que elabora, el Castillon-Côtes de Bordeaux tiene la mejor relación calidad/precio, entre €15-20 (US$20-25), dependiendo de la importancia de la añada. Para un vino de 90 puntos (en promedio) y del cual se elaboran 120 mil botellas anualmente, es una señal de éxito. La quinta etapa fue nerviosa pero la superé con la frescura en mi paladar del  Château d’Aiguilhe 2011 acompañando mi hamburguesa casera. Diría que es un vino todo-terreno, que igual va bien con carnes rojas, aves e incluso pescados fuertes como salmón y atún.

Stephan me dijo una tarde en Saint Emilion que su filosofía es “elaborar todos los vinos como un producto de lujo, con el esmero de un artesano; con amor y cuidado”.  Sus vinos son hoy mundialmente reconocidos y el escudo de armas familiar se ha convertido en la mejor garantía de calidad. Notarán ustedes que por ello en la etiqueta principal del Château d’Aiguilhe no aparece la indicación geográfica Castillon Côtes de Bordeaux (está en la pequeña contra-etiqueta).

Von Niepperg tiene muy claro que al asegurar calidad, el consumidor será fiel.

Sitio web del Château d’Aiguilhe: www.neipperg.com

 

Tour 2020 con Vinos de Francia; Etapa 4: Lalande-de-Pomerol (Chatêau Grand Ormeau 2016)

No es una norma escrita y tampoco infalible pero se cumple con frecuencia. Al lado de un viñedo excepcional, casi siempre se encuentra un vecino menos conocido pero también excelente. Y este criterio es válido tanto para regiones vinícolas legalmente reglamentadas, conocidas como Denominaciones de origen controlado (DOC), como para zonas específicas, terrenos y bodegas (en Francia llamados Châteaux) colindantes.

En ocasiones comparten subsuelos similares pero difieren en el mantenimiento y cuidado del suelo y del viñedo, en el tipo de uvas sembradas, los métodos de cultivo y vinificación, y en una buena mayoría de casos en recursos técnicos y capital. Pero ambos son buenos vinos y nos dan placer y alegría, unos más onerosos y los otros más económicos. Es el caso de los vinos de Pomerol y su vecino Lalande-de-Pomerol. Es el caso también de los ciclistas, unos más favoritos y con mejor respaldo que otros. En el Tour,  el equipo Ineos Grenadiers de Egan Bernal tiene el más alto presupuesto mundial mientras el Arkea Samsic de Nairo Quintana corre con una cuarta parte de esos recursos. Pero ambos ciclistas nos brindan grandes emociones y alegrías, como hoy en la cuarta etapa cuando los colombianos confirmaron su alta calidad.

En el caso de los vecinos vinícolas y para tener un contexto contundente, mientras una botella del Château Petit Village de la excelente cosecha 2010 (92 puntos) cuesta en el mercado el equivalente a US$110, una del Gran Vino de Petrus del mismo año vale US$3.500 en el puerto libre de impuestos de Hong Kong, hoy día la principal plataforma vinícola mundial. La diferencia abismal de precio radica en que el primero es un vino de calidad superior en la escala promediada de calidad internacional (90 a 94 puntos) y el segundo es una botella de nivel excepcional (95 a 100), además de consideraciones históricas, de prestigio mundial, producción limitada y venta exclusiva. Petrus 2010 (98 puntos) es considerado un vino casi perfecto, pero ambos le darán gran placer.

En una relación análoga, los vinos de Lalande-de-Pomerol provienen de suelos variados, entre arcillosos y de grava -como los mejores de Pomerol- y más arenosos -los del sur- y como resultado son productos de gran calidad pero más ligeros y suaves, y de precios mucho más económicos; 25€ (US$30) en promedio. Uno de los mejores es el Château Grand Ormeau, nuestro ciclista de hoy.

La cuarta etapa del Tour de Francia que concluyó a 1.825 metros en la estación de Ski de Orcières Merlette fue la primera de montaña seria y el primer lance de los favoritos calibrando fuerzas en un final en cumbre. La emoción llegó al final y el resultado empezó a decantar favoritos y  dejó a los cinco colombianos líderes de equipo entre los 15 primeros clasificados y por primera vez en la historia a cuatro en el Top-10; Egan Bernal, Esteban Chaves, Nario Quintana y Miguel Angel López. Rigoberto Urán es 15° y Sergio Higuita 20°. Histórico!.

La cima de hoy, en la que seis de los 10 en colombianos en carrera llegaron entre los mejores y se ubican hoy entre los 20 primeros, compartía características con otras próximas etapas de montaña, y era de dificultad superior pero no excepcional o fuera de categoría como las del Grand Colombier el domingo 13 de Septiembre o las de la tercera semana en los Alpes. Al igual que los vinos de Lalande-de-Pomerol, la de este martes era entonces una etapa tímida y suave.

Lalande de Pomerol es el vecino de Pomerol y su frontera es el arroyo de La Barbanne que tiene una extensión de 23,5 kms, atravieza el viñedo de Saint Emilion y sirve de límite natural a varias comunas productoras de vinos; Puisseguin (donde nace), Montagne, Saint Emilion, Lalande de Pomerol y Pomerol, antes de confluir en el río Dordoña (Dordogne).

De hecho el nombre Lalande, significa una gran extensión de terreno cubierto de matorrales, pantanos y plantas silvestres, teóricamente no aptos para la agricultura. Pero después de cientos de años de desecamiento fueron recuperados.

Música vinícola

Château Grand Ormeau es un vino que aprecio mucho y su historia tiene una relación muy cercana con mi vida en Europa. La bodega tiene 14 hectáreas de viñedos y fue adquirida en 1988 por Jean-Claude Beton, el propietario de la mundialmente famosa bebida semi-gaseosa Orangina, producida con pulpa de naranja.

Apasionado de los vinos, Beton se instaló con su familia en la propiedad y durante 20 años invirtió en la renovación y modernización técnica del Château y del viñedo, que tenía una gran historia y reputación en Burdeos y Europa pero había disminuído su calidad.

Llegué por primera vez a Europa en la primavera de 1989, el año del Bicentenario de la Revolución Francesa y pasé el verano en París en momentos en que hacía furor la música de “La Lambada”, que había adoptado Orangina como su promoción publicitaria!. Luego, en mi segunda temporada ya en Londres, conocí el Château Grand Ormeau al realizar una cata de los mejores vinos de Burdeos de la cosecha 2000 para un programa del Servicio Mundial de la BBC -trabajé allí siete años- producido en 2003. Me sorprendió su delicadeza y frescura en el paladar.

En los años siguientes conocí a su propietario y lo probé en diferentes ocasiones durante mis participaciones en Vinexpo, ferias vinícolas y viajes a Francia. Era un vino en progreso constante gracias a la modernización técnica y a la asesoría del emblemático enólogo Michel Rolland (considerado el más importante gurú del vino en el mundo), que había llegado a las cartas de grandes hoteles y algunos de los mejores restaurantes de Francia como el Café de Paris y el Café de l’Alma, en París. Más importante aún, estaba en la Cava del Palacio del Elíseo, la residencia oficial del presidente francés.

Pero en 2008, año de mi retiro de la BBC, Jean-Claude Beton -ya de 82 años- pasó la dirección de la bodega a su hija Françoise y después de la muerte de su padre (2013) ella vendió la propiedad en 2017 a un discreto empresario chino apasionado del vino que quiere ser un fiel representante de la cultura francesa. Y aquí viene lo mejor de la historia.

El nuevo propietario formó otro equipo de trabajo y contrató como enóloga a una mujer (la sudafricana Liesel Maurin, especializada en los vinos de la ribera derecha de Burdeos como Saint Emilion y Pomerol) y nombró como director a mi gran amigo Pascal Fricard. Como detalle interesante, ambos hablan español.

El último abrazo

Pascal es un hombre amable, serio y disciplinado, originario de la famosa ciudad de Cognac y desde 2001 cuando nos conocimos en Londres tenemos una estrecha amistad. Ha sido uno de mis guías y mentores en Burdeos y en Vinexpo, y hemos compartido momentos inolvidables en el vino y en familia. Aunque habla español perfectamente, nuestra lengua es siempre el francés.

El vino del Château Grand Ormeau 2016 que disfruté hoy con la cuarta etapa del Tour de France fue su estreno en la bodega después de haber trabajado varios años como Agente Comercial de los vinos del gran propietario de viñedos francés, Bernard Magrez y de dirigir y hacer los vinos de Château-Leroy-Beauval, una gran propiedad de 75 hectáreas que elabora vinos de Burdeos de calidad superior.

Pascal llegó a Lalande-de-Pomerol a mediados de año y realizó el ensamblaje en septiembre, es decir, la mezcla final, que tradicionalmente es un 70% de Merlot con Cabernet Franc (15%) y Cabernet Sauvignon el otro 15%. Es decir que el primer vino bajo su dirección completa es en realidad el de 2017 que empezará a comercializarse a finales de este año en Francia y Europa. La propiedad elabora además un segundo vino, el Château Grand Ormeau “Cuvée Chevalier”, elaborado con las uvas más jóvenes procedentes de tres hectáreas del viñedo.

El Gran Vino es muy equilibrado y suave (sin dejar de ser complejo) y con un final de notas ligeramente minerales y fruta roja seca. Es un vino de poca producción, apenas 30.000 botellas, como Petrus! Un vino confidencial pero no tan exclusivo, que combina perfectamente con carnes rojas, pavo y quesos. Fue perfecto para esta tarde soleada londinense con un bistec sencillo con tomate y cebolla, acompañado de verduras frescas. Para que más?.

Mientras lo bebía pensé en Pascal y caí en cuenta que es el último amigo al que abracé antes de la cuarentena del Covid-19. Fue durante la cata organizada el pasado 12 de marzo en Londres por la asociación Grand Cercle des Vins de Bordeaux (Gran Círculo de Vinos de Burdeos) del que hace parte el Château Grand Ormeau y más de un centenar de productores de vinos de alta calidad . Otros amigos -también de muchos años- me saludaban con el codo o el antebrazo y se sorprendieron cuando Pascal y yo nos abrazamos como siempre y nos besamos en la mejilla, el saludo más fraternal que existe y que años atrás teníamos con nuestros padres y hermanos, y que desde hace 6 meses sólo puedo tener y disfrutar con mi esposa Elizabeth.

Cuando un francés te da esa confianza y te saluda con ese gesto noble e íntimo sabes que tienes un amigo para toda la vida. La pandemia del Covid-19 cambió muchos comportamientos sociales y sembró el temor al abrazo, al beso, al saludo de manos, al contacto humano, fraterno y generoso. Es una de las duras lecciones de esta época excepcional de la humanidad. Pero mi naturaleza optimista confía en que el saludo solidario no desaparecerá jamás aunque tengamos aún que esperar un tiempo misterioso para que desparezca la incertidumbre.

Mientras llega ese momento, les invitó a agradecer la vida y a brindar por ella. Salud, Santé!

* Sitio web del Château Grand Ormeau: www.chateaugrandormeau.com