Château Lagrange, la rosa japonesa de Burdeos

Considerados por muchos como el equilibrio ideal entre la elegancia, fuerza y complejidad de los Grandes Burdeos de Médoc, los vinos de Saint Julien sobresalen además porque el 80% de su producción en las 900 hectáreas de viñedos es de Grandes Crus Classés y pertenece a once châteaux seleccionados en la clasificación de 1855.

Y dentro de la cotizada denominación -la más pequeña entre los Crus Classés de Médoc- se encuentra igualmente la propiedad más extensa de estos vinos selectos: el Château Lagrange.

El dominio está ubicado en terrenos que pertenecieron en el año 1500 a la Commanderie des Hospitaliers de Saint-Jean de Jérusalem de Burdeos (la Orden de Malta) y directamente al Hospital de Pellecahut, que estaba situado cerca de Saint-Julien.

Las viñas alrededor del Château Lagrange y el río Gironda al fondo.

Con una superficie total de 157 hectáreas, de las cuales 117 son viñedos, este tercer Grand Cru Classé de Saint Julien es uno de los vinos más interesantes y progresistas gracias a la inversión y el compromiso de sus dueños, el conglomerado japonés Suntory -actualmente el octavo grupo mundial de bebidas alcohólicas y gaseosas- que lo adquirió en 1983.

Suntory tiene origen familiar, nació en 1899 produciendo vinos en Japón, tiene su sede en Osaka y actualmente lo preside Nobutada Saji, la cuarta generación. Su vinculación a los viñedos franceses se extiende además a los châteaux Beychevelle (4º Grand Cru Classé de Saint Julien) y Beaumont (Cru Bourgeois de Haut-Médoc) de los que es propietario en un 50% de cada uno de ellos.

En el caso de Lagrange, en dos décadas de inversiones, la deteriorada y reducida propiedad dobló su superficie y pasó de 56 hectáreas al área actual, que comprende además 4  hectáreas de viñedos de uva blanca. En 1855 cuando fue clasificado, el Dominio de Lagrange se extendía a 297 hectáreas y de ellas 120 eran de viñas.

Situado en el estrecho entre las denominaciones de Pauillac y Margaux, Lagrange limita con el segundo Cru Classé Château Gruaud Larose y se encuentra en el punto más alto de la denominación (24 metros sobre el estuario del río Gironda) en un terreno fundamentalmente pedregoso (grava sobre subsuelo cálcareo) con arenas y arcilla.

La totalidad de los viñedos están alrededor del Château, con una plantación de Cabernet Sauvignon (65%), Merlot (28%) y un 7% de Petit Verdot. La superficie de uva blanca tiene Sauvignon Blanc en un 60%, Sémillon un 30% y el restante 10 % es Muscadelle.

Cuando Suntory adquirió a los propietarios españoles, la familia Cendoya, el primer paso fue renovar las viñas (1985), la bodega y el château (1986), bajo la dirección del enólogo Marcel Duccasse, alumno aventajado del profesor Emile Peynaud. Ducasse reestructuró el viñedo, modernizó la vinificación y contrató en 1990 como director técnico a Bruno Eynard, quien trabajó en el Château Brane-Cantenac, 2º Grand Cru Classé de Margaux. Eynard lo acompañó en todo el proceso y trás su retiro en 2007 lo sucedió como Director general.

“La búsqueda de la calidad es lo más importante para nosotros y como queremos ser muy selectivos para producir vinos más de terroir, nuestro próximo paso será analizar los suelos del centenar de parcelas, una por una, para establecer cuales son las mejores y que combinaciones son más favorables para nuestro vino”, explicó Bruno, quien además de enólogo es ingeniero agrónomo.

Eynard es el responsable de una nueva etapa de Lagrange que incluye la renovación total de los tanques de vinificación (más pequeños para realizar selecciones parcelarias) y la selección óptica de la uva.

Estuvo en Londres presentando a un panel selecto de cinco expertos una magnífica selección de 10 vinos, incluídos el muy raro Bordeaux blanc Les Arums, la excelente y reconocida segunda etiqueta Les Fiefs de Lagrange y seis añadas de tres décadas de Lagrange, desde 2011 (actualmente en crianza en barrica) hasta 1990.

Fiefs 2005 y Lagrange 2005, 2000, 1996 y 1990

La exclusiva ocasión la disfrutamos con Amy Wislocky (Editora de Decanter), Lucy Shaw (The Drink Business), Neal Martin (The Wine Advocate) y el Master of Wine Sebastian Payne (The Wine Society), en el prestigioso restaurante de dos estrellas Michelin L’Atelier de Joël Robuchon, que tiene sucursales en una decena de grandes ciudades del mundo.

Conozco bien los vinos de Lagrange y tenía muy buenas notas y referencias de las añadas 1990, 1995, 1998, 2000 y 2001, degustados como más me gusta, después de al menos siete años de evolución. He visitado el château y sus instalaciones y recuerdo claramente su singular jardín de viñas, en el que los visitantes pueden apreciar las diferencias físicas y ampelográficas (forma de las hojas) de cada cepa plantada en la propiedad y en la región de Médoc; un pequeño museo viviente de las vides.

Además, he seguido todas los vinos de los últimos diez años en el momento de su presentación oficial y en diversas catas y eventos. Precisamente, en el pasado Decanter Fine Wine Encounter, tuve la ocasión de redegustar las añadas 2004, 2006 y 2008 (me impresionó mucho por su gran potencial) y el excelente 2010 en la presentación de la Unión de Grandes Crus de Burdeos hace un mes en Londres.

Creo que a partir de la añada 2009 cuando se introdujo el sistema de selección óptico de la uva, el vino es aún más preciso y directo.

Pero incluso antes de este paso técnico, siempre he considerado a Château Lagrange entre los mejores vinos calidad/precio de los Crus Classés de Médoc, con registros que están regularmente entre los 90 y 93 puntos.

Esta percepción adquiere hoy más vigencia en vista de los precios alcanzados por los prestigiosos segundos Crus de Saint Julien, entre los cuales el “cuasi-Primer Cru” Château Léoville-Las Cases ya ronda los US$300/botella. Lagrange se cotiza más razonablemente, con precios al público en el mercado francés de 60€ botella para una añada tan excepcional como la 2009.

Para mejor comprensión de la cata en Londres, he organizado las notas de degustación iniciando con el vino blanco, luego la segunda etiqueta y posteriormente el Gran Vino del Château, cuya producción promedio es de 120.000 botellas anuales debido a la estricta política de selección, tanto en el viñedo como en la bodega.

Les Arums de Lagrange. Este es uno de los escasos vinos blancos producidos en Médoc por los Crus Classés. Ocho de los châteaux clasificados en 1855 reservan algunas hectáreas de sus prestigiosos viñedos para elaborar un vino con base en las uvas Sauvignon Blanc y Semillón, que se vende bajo la denominación Bordeaux Blanc pero a precios muy superiores de un vino corriente. Los más conocidos son Pavillon Blanc de Chateau Margaux, Aile d’Argent de Mouton Rothschild, le Caillou Blanc de Talbot (el más antiguo de todos) y los Blanc de Cos d’Estournel, Lynch Bages, Prieuré Lichine, La Tour Carnet y Lagrange.

Les Arums 2011 es un vino fresco y exótico, de gran amplitud en boca, notas de toronja y lima, algo de miel y naranja ácida final, con toques tostados muy suaves de su paso por barrica. Un buen compañero del verano y de frutos de mar. Es un corte (60% Sauvignon Blanc, 30% Semillon y 10% Muscadelle) al que Bruno Eynard quiere potenciar con más Sauvignon Blanc (hasta un 80% del total) y agregarle Sauvignon Gris, que a su juicio daría mejor resultado en los suelos pedregosos. La producción es de 24.000 botellas anuales.

Les Fiefs de Lagrange. La segunda etiqueta de Château Lagrange es una de las más apreciadas y reconocidas entre los amantes del vino por su excelente relación calidad/precio (20-25€ según la añada) en los vinos de Saint Julien y entre los Médoc en general. De un nivel superior a varios Crus Bourgeois, Les Fiefs de Lagrange nació en 1985 para aprovechar la gran cantidad de viñas jovenes trás la replantación y la necesidad de preservar la calidad del primer vino.

Más de 25 años después, las plantas han alcanzado un estado ideal de madurez y el segundo vino se beneficia de todos los cuidados de Lagrange pero se diferencia en que pasa 12 meses en barrica, sólo un 25% de ella es nueva, y la proporción de Merlot es superior -en promedio un 33%- desde 2007 cuando Bruno Eynard asumió la dirección general (antes era un 24%). Hoy se producen anualmente 400.000 botellas provenientes de la selección de viñas jóvenes y la selección parcelaria en los tanques. Pero en la excelente añada 2000, me confesó Eynard “llegamos al medio millón”.

De Fiefs de Lagrange guardo un excelente recuerdo de esa cosecha 2000 que adquirí en primeur (venta anticipada) pero además tuve una gratísima sorpresa con una botella Magnum de la difícil añada 1997 que ofrecí en Burdeos en 2009 a mis colegas catadores en el Concurso Internacional Les Citadelles du Vin y que se reveló magnífica de frescura y elegancia, con suaves notas de fruta cocida y pimientas. En orden descendente, en Londres catamos:

Les Fiefs 2011 (Muestra de Barrica). El vino está casi listo y será embotellado en enero.  Muy fresco y especiado. Fruta roja, ligeramente mineral, estructura media con notas de moka, y un final mineral con toques de grafito. Será un vino amable de consumo relativamente rápido.

Les Fiefs 2010: Excelente. Nos sorprendió gratamente a todos por su frescura, equilibrio y armonía. Vino elegante, floral (violetas) y fruta negra (ciruelas y moras). Complejo y balsámico, es largo en boca, con notas de menta y té verde al final. El ensamblaje comporta 60% de Cabernet Sauvignon, 31% de Merlot y un 9% de Petit Verdot y el vino se expresa en taninos firmes pero amables con un registro frutal.

Les Fiefs 2005: Cremoso, fresco y armónico, en un punto interesante de evolución. Aromas de ciruelas, moras, frambuesas y fruta cocida. Se aprecia elegante y fresco, con notas de pimienta, moka y cacao, y un final mineral (grafito) y ligeramente terroso. Vino exótico, balanceado y en un momento ideal, aunque podrá evolucionar un poco más, gracias a una alta presencia de Cabernet Sauvignon (75%), en lo cual se diferencia con su hermano mayor que preferenció el Merlot.

Château Lagrange. El Gran vino del Château está construído con Cabernet Sauvignon, Merlot y un porcentaje menor (2-10%) de Petit Verdot, según las necesidades y el comportamiento de la añada. Para su elaboración Bruno Eynard tiene la asesoría del laboratorio de Jacques y Eric Boissenot, los enólogos estrella de Médoc, responsables de los principales Crus Classés.

El primer cambio claro lo dió Eynard al asumir la dirección en 2007, cuando determinó un aumento sustancial (+10%) del Cabernet Sauvignon para darle mayor estructura al vino, que tiene una crianza de 21 meses, pero sólo un 60% se guarda en barrica nueva.

Los resultados, probablemente serán positivos dadas las impresiones iniciales de las añadas 2008, 2009 y 2010, pero aún es pronto para decirlo y habrá que esperarlos al menos una década. El referente para comparar, es en  mi concepto el sensacional Château Lagrange 2000. En la cata lo rencontré y me conquistó nuevamente, al igual que a Amy (Decanter), a Sebastian Payne y al propio Bruno, quien nos ofreció en total seis añadas:

Lagrange 2011 (Muestra de barrica): Difícil valorarlo cuando todavía está en proceso de crianza. Como hecho inusual, para poder liberar la bodega y albergar en Junio a los invitados de la tradicional Fête de la fleur (Fiesta de la Floración) durante Vinexpo, el vino será embotellado un mes antes de lo normal. El 2011 fue uno de los años más calientes y secos en Lagrange y la añada fue dominada por el Cabernet Sauvignon (62%) con un 32% de Merlot y 6% Petit Verdot, algo parecido al clásico 2001. Es un vino especiado y de complejidad media, que ofrece notas de frutos rojos, taninos fuertes y un final ligeramente secante. La 2011 es una añada promedio en Médoc y el vino parece confirmarlo; en el rango de los 9o puntos.

Lagrange 2010: Mi segundo contacto en un mes con este vino sensacional y exótico de color rojo oscuro intenso, que despliega aromas de cerezas, moras y especies. De una gran frescura en boca, su ataque es especiado y complejo, con notas de ciruelas pasas, moka y café arábica, que termina ligeramente mineral y con un interesante toque salino. El vino tiene un final largo e intenso, con taninos poderosos y mentolados. Profundo, complejo y ligeramente superior al 2009, es un bebé de 93 puntos para olvidar 15 años en cava, aunque se puede comenzar a apreciar desde 2020. Ensamblaje: 75% Cabernet Sauvignon, 25% Merlot.

Lagrange 2005: Otra añada magnífica con una filosofía diferente. Es el vino con más alta proporción de Merlot (45%) en la historia moderna de Château Lagrange y el resultado es un vino bien estructurado, más fresco y suave. El corte se completa con un 46% de Cabernet Sauvignon y un 9% de Petit Verdot, y da como resultado un vino cremoso con intensas notas frutales (ciruelas, moras y frambuesas), notas especiadas que termina fresco y mentolado con taninos suaves y gran persistencia (+15″). Su registro es la elegancia, pero el final tiene notas secantes que perturban ligeramente. 92 puntos.

Lagrange 2000: Uno, dos y tres, excelente otra vez. Cautivador, moderno y elegante, es el mejor vino de Château Lagrange que he probado hasta hoy. La primera vez, en una cata de los Grandes Crus de Burdeos “5 años después” (en 2005), me demostró su calidad, la segunda durante Vinexpo 2009 me volvió a impresionar y ahora me convenció totalmente. El vino fue decantado un par de horas antes de catarlo y está en un momento perfecto pero evolucionará aún más. El ensamblaje de 76% Cabernet Sauvignon y 24% Merlot, resulta en un vino de increíble frescura y equilibrio, cremoso, especiado, complejo de fruta cocida, ciruelas e higos, notas minerales y mentoladas. En boca es armónico y un deleite de elegancia y persistencia. Definitivamente es uno de los mejores producidos por Lagrange. No tengo más palabras que 94 puntos bien merecidos.

Lagrange 1996: Es considerada una añada excelente para los vinos del norte de Médoc (Saint Julien, Pauillac y Saint Estèphe), con ejemplos clásicos en los primeros Grandes Crus y los segundos Crus de Saint Julien. Lagrange tuvo un ensamblaje de 57% Cabernet Sauvignon, 36% de Merlot y 7% de Petit Verdot. El vino tiene hoy color rojo teja y en nariz está marcado por las pimientas del Cabernet, notas de cueros y especies. En boca tiene un ataque fresco, con notas tostadas y minerales y termina balsámico, mentolado y elegante pero algo astringente. El vino, con casi 15 años de evolución, está en una fase amable que a mi juicio es su punto de máxima evolución y pienso que 91 puntos es una nota adecuada.

Lagrange 1990: Un clásico que entra en su fase de declinación pero guarda la calidad y frescura que lo calificaron como uno de los grandes vinos de esta magnífica añada. Lo había probado en mi visita a Château Lagrange en junio de 2009 cuando me sorprendió por la fuerza que conservaba y sus notas especiadas y animales (cueros). Pero tres años y medio después, tal vez por el efecto del viaje a Londres o la evolución natural, el vino ha pérdido su fuerza aunque conserva la armonía de un hombre sereno que sabe que sus mejores días pasaron. De color rojo ladrillo, libera aromas especiados, pimientas y cuero. En boca surgen frutos secos, aromas de tábaco, piel y tostados suaves. Bastante evolucionado, el vino termina muy suave, fresco y algo corto en boca. En 2009 le había dado 94 puntos pero hoy la nota se ha reducido a 91. Es un corte ligeramente similar al 2005, con un 44% de Cabernet Sauvignon, 44% de Merlot y 12% de Petit verdot, que me gustaría volver a probar en el Château. Tal vez en mi viaje a Burdeos en marzo próximo.

El futuro de Lagrange tiene nuevas etapas. La primera es la elaboración de un tercer vino tinto, en la denominación Haut-Médoc, a partir de 16 hectáreas de viñas compradas al Château Larose Trintaudon, un Cru Bourgeois en el área vecina de Saint-Laurent (Médoc).

La idea es producir 100.000 botellas y la primera añada (2012) saldrá al mercado en 2014 con el objetivo de consolidar aún más la marca Lagrange con un vino de alto nivel pero más económico (del órden de 15€), tal como lo hacen otros Crus Classés. El ejemplo más claro es Le Haut-Médoc de Château Giscours que produce este tercer Gran Cru Classé de Margaux en 40 hectáreas de viñas con un ensamblaje clásico 50/50 de Cabernet Sauvignon y Merlot.

“El poder de la marca Lagrange será cada vez más importante”, según Bruno Eynard, quien tiene claro además que debido a los efectos del cambio climático y al aumento gradual de la temperatura, hay que actuar rápidamente.

“Vamos a reducir la densidad de plantación que es hoy de 10.00 plantas por hectárea para airear el viñedo, mejoraremos el drenaje y tendremos que plantar nuevas variedades”, me explicó Eynard, quien piensa en el Cabernet Franc por considerarlo más resistente y amable que el Petit Verdot.

Para él una de las claves de un Grand Cru Classé para aumentar siempre su calidad, es pensar hacia adelante. Por ello nunca olvida una sabia enseñanza de su maestro Emile Peynaud quien le dijo un día: “Cuando hay una añada excelente hay que tratar de lograr más de lo normal y de cambiar el estilo para mejorar”.

En 2010 el director aplicó la máxima y el ensamblaje de Château Lagrange incluyó un 75% de Cabernet Franc -un estilo más Pauillac- cuando el promedio histórico ha sido del 62%. Tal vez tenía como referente el delicioso 2000 que tiene un 76% en su maravillosa estructura y que estoy aún saboreando al terminar este artículo. Si lo consiguen, no duden en disfrutarlo.

SUNTORY Y LAS BEBIDAS: el conglomerado es una empresa familiar que se inició en 1890 plantando un viñedo a los pies del Monte Fuji (Iwanohara Winery) y hoy tiene más de 200 empresas. Casi un 60% de los ingresos de Suntory procede de la producción y distribución de las bebidas sin alcohol (es el primer productor de refrescos en Japón) y recientemente adquirió la compañía europea Orangina Schweppes para ampliar su presencia internacional. También está en el sector de alimentos, la hotelería y la producción de las famosas rosas azules desarrolladas genéticamente.

En realidad, apenas un 35% del negocio del grupo corresponde al alcohol, que incluye la fabricación de Whisky Japonés -del que fue el pionero en 1920 y es la principal marca- y de cerveza (tercer productor en Japón), la elaboración de vinos y la importación de grandes marcas de bebidas en el país, incluyendo una sociedad con Pepsi Cola.

La división de vinos es minoritaria y está compuesta por Château Lagrange (3er Grand Cru Classé de Saint Julien), Weingut Robert Weil en Rheingau (Alemania), y a través de su participación como socio con el grupo francés Castel en Grands Millesimes de France, controla el 50% de Château Beychevelle (4º Grand Cru Classé de Saint Julien), del Cru Bourgeois Château Beaumont (Haut-Médoc) y de la compañía de negocios vinícolas Barrière Frères.  Además, Suntory es dueño de la casa de Cognac Louis Royer y de la destilería Morrison que produce el Whisky de Malta Bowmore, construida en 1779 en Islay, en las islas Hébridas interiores de Escocia.

Los Lurton, una familia que vive para el vino

Es uno de los apellidos más ilustres de Burdeos y una familia íntimamente vinculada a varios de los mejores vinos del mundo y a la búsqueda de la excelencia.

Suman una veintena entre hermanos y primos, y son dueños o directores de 30 propiedades y poco más de 1.300 hectáreas de viñedos en Burdeos, Languedoc, España, Australia, Portugal, Chile y Argentina. Son los Lurton.

La dinastía Lurton (de izquierda a derecha): delante, Christine, Marie-Laure, Sophie, Edwige y Bérénice. Atrás, Marc, Denis, Gonzague, François y Jacques.

Se les puede considerar como una dinastía de grandes vinos, con una serie de rasgos comunes que además de las seis letras incluyen dedicación permanente a la calidad, un espiritu abierto, sencillez y amabilidad a toda prueba. La calidad de sus vinos va de la mano de su apreciada calidad humana.

Muy presentes en la ribera izquierda de  Burdeos (Médoc) y en Pessac-Léognan, los Lurton son un ejemplo específico del valor de los châteaux familiares en el mundo del vino, al cual están vinculados desde su dinámico abuelo Francois, iniciador de la saga en 1923. Sus hijos André, Lucien, Simone y Dominique la continuaron y hoy sus herederos están al frente de las propiedades, ocho de ellas Crus Classés.

Las sinergias entre las distintas ramas del árbol familiar son evidentes. André el creador de la denominación Pessac-Leognan, es hoy el patriarca de la familia con nueve dominios que alcanzan las 630 hectáreas. A sus 88 años, continúa activo pero el protagonismo lo tienen ahora cuatro de sus 7 hijos, junto a siete de los 11 de su hermano Lucien (hoy retirado y quien legó a cada hijo un château) y los cuatro de su hermano Dominique. Todos ellos constituyen la nueva generación de los Lurton.

Los dominios en Francia se extienden a las denominaciones Margaux (siete), Barsac, Haut-Médoc, Moulis, Saint Estèphe, Pessac-Léognan (siete), Bordeaux, Bordeaux Superior, Entre Deux-Mers, Lussac-Saint Emilion y Languedoc. Además, Pierre Lurton es el director de los famosos châteaux Cheval Blanc, Primer Grand Crus Classé “A” de Saint Emilion y el Château d’Yquem, Primer Grand Cru Excepcional de Sauternes.

Selección de vinos 2005 de los Lurton (De izq. a der.): Climens, Marjosse, Reynier, Camarsac, Villegeorge, Dauzac, Desmirail, Durfort Vivens, Brane-Cantenac, Bouscaut y Couhins.

Creo sin temor a equivocarme que los Lurton son la única familia en el mundo que tiene tantos miembros trabajando al tiempo en la industria del vino, elaborando vinos de calidad en distintas gamas y diversos países, aunque es Francia y Burdeos su epicentro y en las denominaciones Margaux y Pessac Léognan están situadas la mayoría de propiedades.

La única familia que guarda cierto parecido, son los Moueix (otro apellido de seis letras), propietarios y negociantes instalados desde 1929 en Libourne -la orilla derecha- y originarios del departamento de Corrèze en el centro de Francia. Conocidos por su presencia dominante en Pomerol, los Moueix son bastante menos numerosos.

Aunque nos encontramos regularmente en Burdeos o Londres, nunca había tenido ocasión de reunirme con tantos a la vez. Ese momento no es fácil ni para ellos mismos debido a sus agendas tan diversas y de hecho la numerosa familia ha establecido anualmente en julio el “día Lurton” para poder encontrarse.

“Los Lurton del vino” vinieron a Londres a presentar todas sus etiquetas en la sede histórica en Pall Mall, del Royal Automobile Club, que organizó el 13 de mayo de 1950 en Silverstone el Gran Premio inaugural del campeonato mundial de Fórmula Uno. Es decir, el evento fue perfecto para reunir dos de mis pasiones, los vinos y el automovilismo. Anteriormente sólo habían tenido un acto similar en noviembre de 2011 en Nueva York. El próximo será en 2013 en Canadá, según me confirmó Jacques Lurton, quien actua como presidente y promotor del grupo familiar.

Jacques Lurton. Su padre André, es un gran aficionado y coleccionista de autos clásicos.

“Nuestra idea es promover el nombre Lurton, y que sin importar el vino, cuando la gente mire la etiqueta decidan comprarlo porque lo reconocen como un nombre asociado a calidad en el mundo del vino”, me explicó Jacques, quien produce vinos en Burdeos y en la isla de Kangoroo en Australia, donde anualmente pasa cinco meses de su vida.

Vinieron diez Lurton que presentaron 36 vinos y además una cata magistral con otros 13 (doce de la excelente cosecha 2005) y una cena de gala con invitados selectos en la que fueron ofrecidos otros 12 vinos de añadas diferentes. En total hubo 6o diferentes vinos de los Lurton a lo largo del día, entre ellos 14 blancos, un espumante, un rosado, 4 dulces (Barsac) y el resto tintos de Burdeos, Languedoc, España y del nuevo mundo.

Me emocionaron varios de ellos y confirmé que la constante es la calidad y armonía general, con mínimas excepciones. Encontré vinos elegantes y balanceados, de taninos nobles, con muy buena fruta, uso equilibrado de la madera, extracciones refinadas, y excelente acidez.

Para su presentación y una mejor comprensión del origen, he decidido presentarlos a partir de su dueño y denominación, de forma que cada Lurton tenga todos sus vinos relacionados y notas de cata de al menos una de sus etiquetas.

Bérénice Lurton-Thomas, hija de Lucien, propietaria del único Primer Cru Classé en manos de la familia Lurton, el Château Climens, Barsac-Sauternes, considerado el más elegante y complejo de los vinos dulces de la denominación Barsac.

Es un vino muy exclusivo (apenas 30.000 botellas anuales) y atípico porque es elaborado 100% a partir de la uva Semillón. En la cata fueron presentados la segunda etiqueta, Cyprès de Climens 2010 y Climens, 2009, junto al 2008 (aperitivo en la cena) y el 2005. La complejidad del joven 2009 es sobresaliente, con aromas de albaricoque, papaya, mango y piña, acompañado de notas de cera de abejas. En boca es intenso, con aromas de mieles tostadas, higos, azucar quemada y frutos secos, y un final elegante y persistente. Su excelente acidez y balance le auguran una vida larga en la cava.

Sophie Lurton-Cogombles, hermana de Bérénice, propietaria del Gran Cru Classé de Péssac-Leognan, Château Bouscaut, que dirige con su esposo Laurent Cogombles, actual presidente de la denominación. Un vino de gran factura y guarda larga, que sigo desde la excelente añada 1998 en tinto. Se presentaron los blancos 2010 y 2006, y los tintos 2008 y 2005. Mi preferido fue el tinto 2005 de la cata magistral, con un color rojo granate oscuro, cremoso, con aromas de ciruelas negras, moras y fruta pasa. En boca es vibrante y especiado, con notas de frutos rojos, café y moka, taninos suaves y elegantes y un toque mineral que termina en un largo final. De un equilibrio fascinante es un vino de guarda, al menos por otros 7 años aunque puede apreciarse desde ahora y de preferencia trás una aireación de al menos un par de horas.

Marie-Laure Lurton-Roux, hija de Lucien y propietaria de tres châteaux Crus Bourgeois pertenecientes a tres denominaciones distintas que suman 62 hectáreas. Sus vinos son vibrantes y equilibrados, con predominio del Merlot y del Cabernet Sauvignon, como corresponde a los vinos de Médoc. Enóloga muy dedicada, Marie-Laure presentó las añadas 2009 de La Tour de Bessan (Margaux) y Duplessis (Moulis), junto al Haut-Médoc Château de Villegeorge 2009, 2007 y 2005. Aunque me gustó muchó el Margaux, al final me quedo con el delicioso Château de Villegeorge 2009 que marca un gran paso adelante por la elegancia de los taninos y el equilibrio entre los aromas florales (violetas) y de frutos negros; un vino especiado, cremoso e intenso, con frescura final en boca, y notas ligeramente mentoladas y suavemente minerales. Un Haut-Médoc de gran porvenir.

Henri Lurton, hijo de Lucien y propietario del Château Brane-Cantenac, segundo Gran Cru Classé de Margaux; un vino que aprecio y sigo desde hace varios años. Henri fue representado por su hermana Edwige Lurton-Michon, y en la degustación estuvieron las añadas 2006, 2005 (cata magistral) y 2000 en la cena.

Reynier, Brane-Cantenac, Bouscaut, Climens y The Investigator (Cabernet Franc).

Me inclino nuevamente por el 2005 que sobresale por la elegancia de sus taninos, el equilibrio y el exotismo de la fruta negra, las notas torrefactas de café, cueros, la cremosidad general y los toques minerales. Me tiene maravillado esta cosecha mientras sigo esperando poder disfrutar el 2000, con al menos tres horas de aireación porque es otro vino monumental pero en las dos últimas ocasiones en que lo he probado (la cata vertical en noviembre en la AWC, y ahora en la cena), se presentó un poco cerrado. Definitivamente es un vino que necesita decantación y larga aireación para expresarse totalmente.

Gonzague Lurton, hermano de Henri, dueño del Château Durfort-Vivens, segundo Gran Cru Classé de Margaux. La propiedad está en manos de la familia Lurton desde 1961 y hace 20 años, en 1992 pasó a Gonzague, quien ha adelantado un proceso de modernización técnica y gradualmente elevado el nivel del vino. Mi experiencia ha sido siempre positiva, con vinos suaves y elegantes, de cuerpo medio y muy frescos, a veces de un estilo burguiñón. En Londres Gonzague presentó las añadas 2005 y 1999, y a pesar de la mayor complejidad del primero, he preferido el 1999 porque es la demostración de la calidad de un buen vino en una añada media. De color granate con ribetes ladrillo, es un vino cremoso y vibrante, con notas de café arábica y especies, que en boca guarda trazos de fruta (ciruelas y brevos), cueros, pimienta blanca, café-moka y que termina en notas minerales suaves, fresco y ligeramente mentolado. Un vino de placer.

Denis Lurton, hermano de Gonzague y propietario del tercer Gran Cru Classé de Margaux, Château Desmirail. Este es uno de los Crus que renace porque entre 1938 y 1981 era producido esporádicamente por Château Palmer y al pasar a ser propiedad de Lucien Lurton, el padre de Denis, debió reconstituir sus parcelas y construir nuevas instalaciones. El vino mejora gradualmente su nivel y las últimas añadas son más complejas y consistentes. Pero tengo en mi memoria añadas antiguas como la 1998, de un vino fresco y equilibrado, que muestran ese proceso. En la cata Denis presentó las añadas 2005, 2001 y 2000. Mi favorito es el 2001 (52% Cabernet Sauvignon y 48% Merlot), por su elegancia y equilibrio. De color granate con ribetes ladrillo, despliega aromas de cueros y pimientas y en boca es especiado, muy fresco y mineral, con notas torrefactas, taninos suaves y redondos, y un largo final. Vino delicado y amable, en su punto.

Marc Lurton, hijo de Dominique y propietario del Château Reynier, un Burdeos clásico, en sus gamas blanco, rosado y tinto, que incluye un vino de Reserva llamado “Cuvée Heritage” (Cuvée Herencia) que pasa 18 meses en barrica nueva y tiene tratamiento de Gran Cru. Marc elabora con su esposa Agnès un total de 10 vinos (otros cinco de Château de Bouchet) con énfasis en vinos frescos, afrutados, jovenes y vibrantes, con carácter y de complejidad media. Su Bordeaux Reynier es el vino fresco del Royal Automobile Club. Todos fueron un descubrimiento para mi y me gustó mucho la Cuvée Heritage, de la que se presentaron las añadas 2009, 2006 y 2005. La cosecha 2009 es compleja y tiene mucho vigor, pero prefiero la 2005 porque me dió la médida de la buena evolución que puede conseguir un Bordeaux Superior de gran calidad y me dejó la sensación que puede seguir otros 5 años en cava sin problema. Es un vino cremoso, con mucha fruta roja (moras), especiado, complejo, fresco y amable, de persistencia media.

Pierre Lurton, el célebre director de los icónicos Premier Crus Château Cheval Blanc (Saint Emilion) y Château d’Yquem (Sauternes) estaba de viaje y fue representado por su hermano Marc, quien ofreció los dos vinos -blanco y tinto- de Marjosse, su château.

Pierre me dijo hace varios años en una larga conversación, que en él encuentra “el equilibrio y me siento realmente en la tierra”. Marjosse es un Burdeos fresco y amable (a imagen y semejanza de Pierre) que conozco desde hace ocho años y es sinónimo de vino convivial y moderno. El blanco es producido a partir de Semillón (60%) y Sauvignon Blanc, con toques de Muscadelle y Sauvignon Gris, para obtener un vino fresco y cítrico. El tinto es un 80% Merlot que completan los cabernets. En el evento fueron presentados el blanco 2011 y el tinto 2010, 2009 y 2005, tres añadas magníficas. Difícil escogencia porque el 2005 tiene una evolución muy agradable con taninos dulces y el 2009 -de botella Magnum- es intenso, especiado y tánico. Al final prefiero el Marjosse 2010 que tiene fruta y frescura, es floral, vibrante y complejo, con un post-gusto largo de moras, notas minerales suaves y gran elegancia final. Para disfrutarlo desde ahora o esperarlo cinco años.

Thierry Lurton, hijo de Lucien, propietario del clásico Burdeos Château de Camarsac, reconocido por su vistosa etiqueta azul aguamarina de la cuvée clásica. Estuvo ausente del evento pero fueron presentados cuatro vinos: un elegante y aromático blanco 2011 que pasa por barrica, y los tintos Camarsac Black Prince 2009 (vino joven), Camarsac Blue Label 2009 de viejas viñas  y la cuvée Prestige en sus añadas 2010 y 2008. Prefiero esta última añada, que se muestra amaderada y tánica pero con una evolución amable hacia las notas especiadas, terrosas y minerales, notas ahumadas y de frutos rojos y ciruelas, y con un largo y amable final. Dos años más de guarda serán benéficos.

Jacques Lurton, hijo de André, con un pie en Burdeos y otro en Australia, en Kangaroo, la tercera isla más grande de ese país, cerca de Adelaida. Allí en su bodega “The Islander” (el isleño), Jacques elabora cuatro vinos modernos: Wally White (un 100% semillón), The Red (Malbec, Cabernet Franc, Shiraz-Viogner y Grenache), Old Rowley (60% Shiraz, 34% Grenache y 6% Viogner), y The Investigator (90 a 100% Cabernet Franc, según la añada). Además,  en Burdeos elabora La Martinette, un vino fresco 100% Merlot. Confieso que me sorprendieron gratamente Old Rowley por sus sabores especiados y afrutados, y el 100% Cabernet Franc 2005, que pasa 36 meses en barricas de 600 litros (Demi-muid). Pero me asombró el Wally White 2007, por su impresionante complejidad, con aromas de grafito, petróleo, ahumado, notas cítricas y frutos tropicales. El Semillón proviene de terrenos arcillosos, con mineral de hierro y esquisto, y el vino pasa 24 meses en barrica. Una maravilla exótica que empieza mineral y volcánico y termina afrutado.

Christine Lurton de Caix, presidente y directora de Château Dauzac, quinto Gran Cru Classée  de Margaux, es la mujer de la sonrisa permanente entre las Lurton. En las degustaciones es siempre una de las más activas y desde 2005 está al frente de la propiedad que desde 1988 pertenece a la Compañía Mutual de Seguros del Magisterio de Francia (MAIF), la cual encargó de su dirección a André Lurton, el patriarca de la familia, en 1992.

Dauzac es un vino que merece más atención de los consumidores porque es uno de los mejores Margaux dentro de la relación calidad/precio. Tengo buenas notas de degustación de las añadas 1998, 2003, 2004 que promedian los 90 puntos y se destaca en cosechas excelentes como las 2005, 2009, 2010 y la 2000, que fue mi favorita en la presentación. Christine trajo a Londres añadas significativas como 1990 (no fue dirigida por los Lurton), 2005 y una Magnum 2000 que fue uno de los vinos estelares del día. De color rojo granate medio, es un vino que despliega notas especiadas y minerales, fruta cocida, ciruelas y cerezas y en boca tiene taninos suaves y elegantes, notas de tábaco, con un final de chocolate amargo, moka y café. Vino delicioso y en perfecto equilibrio.

François Lurton, es el trotamundos de la familia, el Lurton del nuevo y del viejo mundo, con viñedos en Chile, Argentina, España, Portugal y el sur de Francia. Desde hace siete años sigo varios de sus vinos, principalmente los de Chile (Hacienda Araucano) y España (Campo Eliseo, en Toro), pero además sus vinos de Rueda. En la presentación de Londres, François fue el más prolífico y ofreció 10 vinos diferentes, incluyendo los Côtes du Roussillon blanco y tinto de Mas Janiel, el Pinot Gris y el Malbec de la Bodega Piedra Negra en Mendoza, el Gran Lurton (blanco de Tokay friulano) de Mendoza y los vinos de la Hacienda Araucano en Chile. Me quedo con el complejo y moderno Clos de Lolol 2010, un corte de Carmenère (30%), Syrah (30%), y Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, de la zona fría del Valle de Lolol al final de Colchagua. Un vino muy expresivo, especiado, con mucha fruta (ciruelas), elegante, largo, con notas de pimienta y minerales, dinámico y vibrante.

André Lurton, uno de los grandes hombres de Burdeos y figura emblemática de la dinastía Lurton. Gracias a su dedicación y trabajo fue creada en septiembre de 1987 la denominación de origen Péssac-Leognan para propiedades ubicadas en la región de Graves, al sur de Burdeos. André ha sido además un innovador estableciendo las mesas de selección de uvas, la vendimia manual cuando sea apropiada y nuevas tecnologías. Con sus hermanos lograron convertir los dominios heredados de su padre François en un vasto conjunto de châteaux que luego han legado a sus hijos, transmitiendo su conocimiento y pasión. André conserva nueve propiedades, la mayor parte en Pessac-Léognan y en la presentación en Londres hubo tres de ellos: Château La Louvière blanco 2007 y tinto 2006, Château Couhins-Lurton tinto 2005 y Château Rochemorin blanco de Entre deux Mers. Mi favorito fue el exótico La Louvière blanco 2007, de color amarillo fuerte, que despliega aromas de manzanas, peras y es ligeramente aceitoso, con una buena complejidad en boca. Un vino a punto.

Tres décadas de Château Léoville Poyferré

Es uno de los vinos de San Julien más cotizados y un nuevo referente entre los vinos de Burdeos. Es un segundo Grand Cru Classé con muchas aspiraciones, que en la última década ha conseguido un nivel de calidad excepcional y que con la magnífica añada 2010 ha entrado en una nueva etapa y alcanzado un nivel superior gracias a la renovación de equipos y a la maestría de su vinificación.

Sus dueños, en cabeza de Didier Cuvelier, no han ahorrado esfuerzos ni recursos para llevar al Château Léoville Poyferré al grupo de los llamados super-segundos. De hecho es uno de los cinco segundos Cru que tiene la denominación Saint Julien, una de las más apreciadas por la elegancia y el equilibrio de sus vinos.

Nueve añadas y tres décadas de historia.

La calidad de los Saint Juliens la certifica que de un total de 24 châteaux registrados y cubriendo 900 hectáreas, 11 de ellos integran la histórica clasificación de 1855 de los vinos franceses de primer órden.

Desde la llegada de Didier Cuvelier a la cabeza de los dominios en 1979, la bodega ha extendido su superficie de 48 a 80 hectáreas, que era aproximadamente su terreno original. Un 65% del área total está plantada con Cabernet Sauvignon, un 25% de Merlot, 8% Petit Verdot y un 2% Cabernet Franc, pero hay un proceso de replantación en curso para doblar la superficie de esta última cepa, tardía y de excelentes rendimientos y resultados. La propiedad está fundamentalmente sobre terrenos de grava y distintos subsuelos cuaternarios.

Cuvelier estuvo inicialmente asesorado por el profesor émerito y reconocido enólogo Emile Peynaud, y posteriormente por uno de sus alumnos más ilustres, Michel Rolland, quien es uno de los responsables del proceso de modernización junto a la enóloga Isabelle Davin que desde enero de 2000 está al frente de las vinificaciones.

El gran vino es criado durante 18 meses en barricas nuevas -un 80%- pero a diferencia de la mayoría de châteaux en Médoc, el ensamblaje se realiza al sexto mes y no al comienzo o al final del proceso, buscando que se integre perfectamente.

Léoville Poyferré produce anualmente 220 mil botellas del primer vino y desde 2010 cuenta con la tecnología óptica de selección, modernos tanques termo-regulados y troncónicos de vinificación para adelantar el proceso por parcelas. Además maneja una política de rendimientos bajos (30-35 hectólitros por hectárea) y según la añada, buscando mayor extracción, voluptuosidad y calidad de fruta. Comparativamente, hace 15 años la relación era 65 hectólitros/hectárea y los vinos no tenían la complejidad que presentan sus últimas añadas, las cuales tuve oportunidad de probar en la excelente cata magistral realizada en Londres por la Antique Wine Academy (AWC).

De la mano de Isabelle y de Stephen Williams, presidente de la Antique Wine Society y animador y presentador de la degustación, fue una experiencia magnífica para descubrir las sutiles diferencias entre las añadas y comprobar los pasos firmes en procura de la máxima calidad. La gama de vinos incluyó la famosa añada bordelesa de 1982, la excelente 1996 en Médoc, y los vinos de la “época Davin” con las muy cotizadas 2000, 2005, 2009 y 2010. Nueve vinos en total y 30 años de historia.

En mi concepto, todos los vinos presentados superan la barrera de los 90 puntos y dos de ellos se acercan al 100 perfecto. Fueron doblemente decantados, una hora y media antes de la degustación, y catados en orden descendente desde la añada más joven (2010) a la más antigua (1982).

Para describirlos y facilitar su apreciación,  he establecido cuatro categorías de añadas; clásicas, atípicas, históricas y excepcionales, pero las notas de cata las he ordenado inversamente, de añada más antigua a la más jóven.

Añada atípica:

2003: Vino del año de la canícula, con uno de los veranos más calientes de la historia Europea que afectó considerablemente las viñas, sobremaduró muchas áreas y obligó a cosechar precozmente, con resultados diversos. Se aprecia inicialmente en el color rojo tostado con tonos ladrillo, aromas de fruta cocida, higos pasos y ciruelas, y en boca fresco, mentolado, toques minerales, con notas de café y torrefactos. El vino termina con persistencia mediana, taninos ligeramente ásperos y un final secante sin la elegancia normal de la denominación. 91 puntos.

Añadas clásicas: en condiciones climatológicas consideradas corrientes y sin variaciones extraordinarias en Burdeos.

2006: Añada de guarda, de gran expresión. Léoville Poyferré incrementó este año hasta un 73% la proporción de Cabernet Sauvignon en el ensamblaje. Vino de color granate medio, con intensos aromas de frutos rojos, ciruelas negras, cassis, complejo e intenso. En boca es elegante, poderoso, con notas largas de pimientos, café, moka, tostados y notas ahumadas y minerales. Intenso y complejo, con mucho cuerpo pero con una ligera aspereza final. Necesita tiempo, unos 3-5 años más para mejor armonía final. 93 puntos.

2007: El más débil de la degustación. Un año difícil, con mucha lluvia, que produjo vinos más ligeros y hoy se muestran amables y casi listos para beber. Vino de color rojo teja oscuro, con notas de higos y fruta pasa, café y tostados, cacao y toques terrosos. En boca es fresco y amable, de complejidad media, especiado y sabores de fruta cocida, miel y tábaco, con final de moka y tostados agradables, pero algo secante que le quita elegancia. 90 puntos.

Del rojo púrpura al rojo ladrillo, del 2000 al 1982, dos añadas maravillosas.

Añadas históricas: En el grupo incluyo los dos vinos más maduros presentados en la cata.

1982: una de las cosechas extraordinarias de Burdeos y una referencia de los grandes Crus del siglo pasado y de los últimos 30 años, junto a la trilogía 1988, 1989 y 1990. A pesar del paso de los años (30) y de evolución con color rojo ladrillo quemado, el vino conserva aromas de frutos secos, cueros, grafito y minerales, sotobosque y pimienta. En boca es elegante como un gran borgoña, con notas terrosas, balsámico y mentolado, tonos de café ligero, notas animales, cueros y champiñones. El vino termina en sútiles notas minerales de grafito y se muestra ya en su curva descendente pero es elegante y perfecto para beber ahora. 93 puntos.

1996: Una de las grandes añadas en el norte de Médoc, considerada la mejor de la década del 90 junto a 1998, sobre todo en Saint Julien, Pauillac, Saint Estéphe y algunos Haut Médoc. Es el Léoville Poyferré con más Petit Verdot (11%) de la historia y se ha integrado perfectamente. De color rojo granate con ribetes ladrillo, el vino presenta notas de cueros, higos y fruta cocida y en boca está algo marcado por la madera, con notas mentoladas y frescas, especies, cueros, moka y café. Un vino elegante y aromático, perfecto para beber hoy aunque puede soportar otros 5 años de guarda. 92 puntos.

Las excepcionales: Todas estas corresponden a añadas fuera de serie, vinificadas por Isabelle Davin, que tuvo su bautismo de fuego con el cambio de milenio y gradualmente ha puesto su sello en Léoville Poyferré.

2000: La naturaleza fue muy generosa con Burdeos y ofreció una de las añadas más importantes de su historia. Con un ensamblaje atípico para Saint Julien pero corriente para la región de Médoc (60% Cabernet Sauvignon, 40% Merlot), el vino es denso, viscoso, de color rojo granate, con una nariz intensa en especies, pimienta, fruta cocida, tonos ahumados y minerales. En boca es fresco, muy elegante y largo, con notas aciduladas, frutos negros, regaliz, café y moka. Es ligeramente áspero en su final pero en conjunto es amable, fresco y aromático. Se puede beber desde ahora con un placer garantizado pero otros años de guarda le sentarán bien. 94 puntos.

2005: Uno de mis favoritos junto al elegante y balanceado 2010. De color rojo granate oscuro y gran densidad, tiene una nariz compleja de frutos maduros, higos, fruta negra, ciruelas, moras y regaliz, es persistente en boca, largo y fresco, con taninos sedosos, notas de café, moka, tábaco y mineral que dominan la fruta y le dan una complejidad maravillosa. Vino intenso, poderoso, de gran estructura y complejidad, con un final de +15″ y mucha elegancia. 96/97 puntos.

2009: Añada del más alto nivel, desde ya un ícono y destinada a varias décadas de guarda. Vino favorito de Robert Parker quien le dio la máxima nota. Es denso, de color rojo púrpura, un concentrado de frutos negros, regaliz, cassis, notas de violeta, especies y mineral. Se aprecia cerrado en el momento. En boca es un vino poderoso, de taninos vigorosos, especiado, con notas de frambuesa, ciruelas negras y fuerte presencia de madera (tiene tiempo para integrarse), y grafito. 96 puntos.

2010: Vino de ensueño, de una elegancia sensacional, que en dos décadas seguirá disputando con su predecesor por el título máximo. De color oscuro, rojo purpurado y viscoso, despliega en naris notas de frutos rojos, frambuesas, cerezas negras, regaliz, ciruelas pasas, notas terrosas, minerales y pimientas. En boca es muy complejo, especiado, goloso, profundo y mineral, con gran concentración y taninos finos y elegantes. El vino, con apenas cinco meses en botella, ofrece un placer increíble, tiene un potencial inmenso y está llamado a ser una de las maravillas del château. Personalmente creo que superará al 2009. Junto al 2005 es mi preferido y en ello coincidimos con su creadora Isabelle Davin, quien cree que es hasta hoy su mejor añada. 97/98 puntos.

CHATEAU LEOVILLE POYFERRE EN DETALLE: Uno de los Crus históricos de Burdeos que pertenece sin interrupción a la familia Cuvelier desde 1920. El château, junto a Léoville-Barton y Léoville-Las Cases, es uno de los segundos Crus Classés de Saint Julien derivados del fraccionamiento del antiguo dominio de Léoville (Marquis de Las-Cases-Beauvoir) trás la revolución francesa. 

Los antespasados Cuvelier habían sido propietarios hasta 1865 cuando tuvieron que vender por la crisis del champiñón oidium que destruyó los viñedos. Recuperado a principios del siglo XX, Didier Cuvelier asumió en 1979 la dirección e inició el proceso de transformación y modernización. Los desarrollos técnicos desde 2000, trás la llegada de la enóloga Isabelle Davin y con la asesoría del afamado Michel Rolland, son notables.

Hoy, Léoville Poyferré es un vino intenso, complejo y de gran fruta; uno de los Saint Julien más apreciados por los críticos y los consumidores. Su segundo vino es Pavillon Poyferre, producido a partir de las viñas más jóvenes. La familia es también propietaria en Saint Julien del château Moulin Riche, clasificado en 1932 como Cru Bourgeois Excepcional, y vinificado aparte.

Uno, dos, tres, Vettel otra vez

La temporada de Fórmula Uno más disputada de los últimos años cerró sus pits en el Gran Premio de Brasil coronando en el último Gran Premio al tricampeón mundial más jóven de la historia, al niño precoz alemán Sebastián Vettel, que a los 25 años, 4 meses y 22 días, consiguió en la pista de Interlagos su tercera corona consecutiva.

La temporada 2013 fue emocionante de principio a fin.

Pero esta vez el prodigio alemán no fue el mejor piloto de la temporada y su máximo rival, el español Fernando Alonso, demostró ser un digno “campeón sin corona”, que hasta la última vuelta y con un auto notablemente inferior a los Red Bull y los McLaren, arañó un título que se le escapó por dos accidentes en los que no tuvo culpa y en los que perdió una ventaja de 40 puntos que había acumulado gracias a su consistencia y regularidad.

La historia de la Fórmula Uno nos ha mostrado con múltiples ejemplos a lo largo de sus 63 temporadas y emociones, que no siempre triunfa el mejor piloto sino el que tiene el mejor auto y la mejor suerte. Es una combinación de factores en los que el volante de la era digital es apenas una parte del engranaje.

El tricampeonato de Sebastian Vettel no es inmerecido. Al final ganó cinco de las 20 pruebas del torneo, dos más que Alonso, pero fue un piloto intermitente, sin la regularidad y el neto dominio mostrado en 2011, que le debe la corona a la superioridad técnica de su auto Red Bull en el segundo semestre.

El "aterrizaje" de Grosjean sobre Alonso en la largada en Bélgica le costó el título al español.

“De lejos es el mejor año de mi carrera y recordaré 2012 como una temporada de ensueño. No gané el título pero me gané el respeto de todos”, dijo Alonso. Y todos en el circo de la Fórmula Uno están de acuerdo.

Sin ninguna duda el piloto más sólido del año fue el asturiano, quien consiguió 13 podios, tres victorias y terminó 18 Grandes Premios, excepto Bélgica donde fue chocado por Roman Grosjean (Renault) y Japón donde fue Kimi Raikkonen quien lo sacó de la pista en la largada. Sebastian Vettel subió al podio tres veces menos que Alonso y se coronó con 3 puntos de ventaja.

Coincidencialmente, Raikkonen, quien regresó a la F1 con la escudería Lotus-Renault después de dos años de ausencia, fue la gran sorpresa de la temporada, el único piloto que terminó todas las carreras y de ellas 19 en los puntos; una efectividad del 95%.

"Iceman" fue el piloto sorpresa

Kimi fue el tercero en discordia y logró una sensacional victoria en Abu Dhabi y un inesperado tercer puesto en el torneo por delante de los dos pilotos británicos de McLaren, los campeones mundiales Lewis Hamilton y Jenson Button.

Cinco campeones en los cinco primeros puestos muestran la dinámica de uno de los torneos más emocionantes de los últimos años, con ocho pilotos victoriosos, pertenecientes a seis diferentes escuderías, y un título mundial que se definió en la última prueba en Brasil, comprometida por la lluvia, como había acontecido anteriormente cuando se coronaron Kimi Raikkonen en 2007 y Lewis Hamilton, al año siguiente.

Vettel consiguió el título el día en que su compatriota Michael Schumacher, máximo ganador en la categoría con 7 campeonatos y 91 victorias, le dijo definitivamente adios a la Fórmula Uno.

“Schumi” se va ahora sin pena ni gloria, con apenas un podio en sus tres temporadas con Mercedes (Valencia-2012) y una serie de errores y carencias que muestran que definitivamente la Fórmula Uno moderna no es apta para pilotos mayores de 40 años. Los ciclos tienen un cierre y Michael intentó prolongar el suyo más de la cuenta.

Contrastan los resultados de su regreso con los del “iceman” finlandés, pero hay diez años de diferencia entre los dos (43 tiene el alemán). Se le abona el pundonor y la determinación, dictadas en gran médida por su orgullo y el llamado del equipo alemán, emblema de su país y portador de una historia ilustre en los años 50.

Adios después de tres años en blanco.

Pero su joven compañero Nico Rosberg lo volvió a dominar por tercer año consecutivo y fue quien le dió la ansiada primera victoria a Mercedes después de 55 años, en el Gran Premio de China. Ese fue tal vez el golpe determinante.

“Schumi” en el último Gran Premio del año y de su carrera le dió paso a Vettel para que asegurara el título y completó así el cambio de mando para quien pareciera estar destinado a quebrar sus registros, los cuales hasta hace cinco años parecían lejanos. A pesar del saldo negativo en Mercedes, el siete veces campeón mundial lidera las estadísticas con 307 GP disputados y 91 victorias para una efectividad del 29.6%.

Pero Sebastian Vettel es otro fuera de serie. En cinco temporadas completas en Fórmula Uno ha disputado 101 Grandes Premios, ganado 26, conseguido 36 poles y alcanzado 46 podios, casi uno por cada dos carreras. Y sólo tiene 25 años!

Se puede decir que su dominación apenas comienza pero en 2012 no fue tan clara y la temporada estableció que la rivalidad con Fernando Alonso y Ferrari, marcará los próximos años, al estilo de los épicos duelos de Ayrton Senna con Alain Prost, pero sin llegar a los grados de enemistad casi personal. Al contrario, son dos pilotos que tienen una relación personal muy cordial dentro y fuera de la pista.

Vettel en prácticamente la mitad del tiempo ya casi iguala los registros de Alonso, que en 198 GP y diez temporadas ha conseguido 30 victorias.

El alemán en Red Bull y el español en Ferrari serán de nuevo los llamados el año próximo a la corona, cada uno como líder indiscutible en su escudería. Y los tres campeones restantes del grupo tendrán igualmente protagonismo como pilotos número uno en McLaren (Button), Lotus (Raikkonen) y Mercedes (Hamilton).

Será interesante apreciar de que forma las principales escuderías rodean a su primer piloto en la búsqueda del título y como responden sus segundos, Webber, Massa, Pérez, Rosberg y quien secunde a Raikkonen. En el momento Grosjean no tiene confirmado su puesto.

La gran incógnita es Mercedes que comenzó el año con fuerza y luego se estancó en su desarrollo, a pesar de la entrega de Rosberg y Schumacher. El británico Lewis Hamilton llega como líder del equipo, con el segundo contrato más jugoso de la categoría, pero a un entorno totalmente nuevo y desconocido.

Nueva etapa para Lewis.

Su desafío es mayúsculo al dejar McLaren, su casa desde que tenía 13 años, la que lo apoyó, “construyó”, pulió y lo sacó campeón en 2008. El pájaro ha dejado el nido. Seguirá volando alto?.

En la temporada 2012 hubo dos nuevos vencedores, el alemán Nico Rosberg, que fue un aguerrido rival en la primera parte del campeonato y la sorpresa mayúscula del venezolano Pastor Maldonado que con un Williams perfectamente puesto a punto consiguió el triunfo en España, manteniendo a raya a Fernando Alonso durante las últimas 15 vueltas.

Fue la primera victoria de la escuadra en más de siete años -desde Juan Pablo Montoya en el GP de Brasil 2004- y tan inesperada que el presidente Hugo Chávez declaró fiesta nacional en Venezuela. Pero el triunfo fue flor de un día y el piloto, errático y peligroso, después no logró sino un quinto puesto como mejor resultado y terminó 15 en el campeonato; muy mediocre para un triunfador.

Como referente, en 2008, una temporada con siete ganadores y de ellos tres nuevos (Robert Kubica con BMW-Sauber, Heikki Kovalainen con McLaren y Sebastian Vettel con Toro Rosso), todos terminaron entre los ocho primeros del campeonato y fueron más consistentes. Y el Toro Rosso de Vettel -ganador en Monza- ciertamente que tenía un nivel inferior en su momento, equiparado con el Williams de Maldonado en 2012.

La victoria de Maldonado es tan extraña como la de Peter Gethin en 1971 en Monza -la única de su corta carrera en Fórmula Uno- con el BRM P160 con motor 12 cilindros en V, del equipo inglés. El futuro de Williams, la tercera escudería más triunfadora en la historia de la Fórmula Uno, se antoja que seguirá siendo difícil a pesar del patrocinio de la compañía petrolera venezolana, porque sus dos pilotos no tienen la talla para echarse al hombro el equipo y desarrollar el auto.

Maldonado consiguió en España la victoria más inesperada del año 2012.

Aparte de los ganadores, los Sauber mostraron destellos interesantes gracias a los podios del mexicano Sergio Pérez (10º) que pasa a McLaren y del siempre fogoso japonés Kamui Kobayashi (12º), quien por el momento no tiene escudería para la próxima temporada pero podría ser un refuerzo interesante para Kimi Raikkonen en Lotus o respaldando a Paul di Resta en Force India. El peso de Sauber lo tendrá en 2013 el alemán Nico Hulkenberg, quien cumplió una gran temporada en su primer año activo en Force India, concluyó 11º y dominó a su más experimentado compañero, el escocés di Resta.

Hubo decepciones como las de los brasileños Felipe Massa, muy pobre en su tarea de respaldar a Alonso (apenas dos podios) y Bruno Senna, de quien se esperaba más regularidad, ha sido remplazado por el joven y talentoso finlandés  Valtteri Bottas (piloto de reserva en Williams) y ahora no tiene puesto seguro el año próximo. Massa, quien se salvó del despido, cumplirá su novena temporada con Ferrari (incluyendo la primera como piloto de pruebas en 2003) y probablemente será su última oportunidad para demostrar que tiene nivel de campeón mundial con la escuadra de Maranello.

Otro que támpoco respondió a las expectativas fue el australiano Daniel Ricciardo en Toro Rosso, a quien anunciaban como sucesor de Webber pero terminó superado por su compañero Jean-Eric Vergne. Los demás completaron el decorado de la temporada, que termina con la posibilidad de desaparición por problemas financieros de la escuadra española HRT, cuyo principal patrocinador es el constructor automovilístico indio Tata y tiene un piloto de esa nacionalidad, Narain Karthikeyan.

El equipo ha sido puesto en venta y al parecer una compañía china estaría interesada en adquirirlo. Uno de sus pilotos de reserva es el chino Ma Qing Hua, quien a lo largo del año participó en tres de las sesiones de pruebas libres los viernes. Y China tiene Gran Premio de Fórmula Uno. India también

ADIOS DE UN HEROE ANONIMO: Desde Ayrton Senna en 1994, bien pronto 20 años, no muere un piloto de Fórmula Uno en un accidente en la pista. Contrario a las épocas pioneras y a los trágicos años 70 y 80, la categoría es hoy más segura que nunca. Ello se debe al Profesor Sid Watkins, un eminente neurocirujano británico que revolucionó la atención en los circuitos, estableció parámetros obligatorios y generó nuevas y estrictas normas de seguridad que cambiaron para siempre la vida de los pilotos y salvaron muchas de ellas. Watkins fue un grande de la Fórmula Uno que llegó a la categoría en 1978 trás la muerte del sueco Ronnie Peterson en Monza, y estuvo presente en las pistas hasta 2004, cuando se jubiló y asumió la presidencia del Instituto de Seguridad Automovilistica de la FIA hasta 2011.

Tenía 84 años y murió el 12 de septiembre. Días después, antes de la largada del GP de Singapur -primera prueba nocturna de la F1- se rindió un minuto de silencio en su memoria con presencia de varios de los pilotos que en su momento salvó. Uno de los más notables es el finlandés Mika Hakkinen, bicampeón mundial 1998-99, quien sobrevivió gracias a una traquetomía que Watkins le practicó en plena pista en Adelaida en 1995, tras accidentarse en las pruebas del GP de Australia. Otros pilotos como Martin Donelly, Martin Brundle, Alex Zanardi, Rubens Barrichello y Gerhard Berger, tampoco olvidan al profesor.

Watkins trabajó siempre para ofrecer los mejores sistemas de prevención y la mejor y más rápida respuesta a los pilotos en caso de accidente, para lo cual se introdujo obligatoriamente el auto de seguridad en la pista, los helicópteros médicos, la ambulancia de respuesta inmediata, la unidad médica permanente y la clínica de urgencias en todos los circuitos de F1 con un personal específico que viaja todo el año a los Grandes Premios. Además, la celda de supervivencia en la estructura de los autos, las defensas alrededor del habitáculo, el protector de cuello, los cinturones de seguridad de múltiple anclaje e innumerables elementos más en los autos.

Su mayor tristeza fue no haber podido salvar a su amigo Ayrton Senna en Imola en 1994. El piloto brasileño trabajó hombró a hombró con Watkins para mejorar la seguridad de sus colegas, tárea en la que luego han participado activamente Michael Schumacher y Fernando Alonso. Ron Dennis, presidente de McLaren dijo de Sid Watkins: “No fue un piloto, no fue un ingeniero, no fue un diseñador. Fue un médico y es justo decir que probablemente hizo más que nadie durante muchos años para hacer la Fórmula Uno tan segura como hoy”.

Vinos Albariños/Alvarinhos para el mundo

El reto de realizar un concurso vinícola internacional centrado en una uva ibérica fuera de España era grande. El resultado fue un éxito y la primera piedra de un camino nuevo de promoción mundial para la uva blanca más expresiva de las tierras gallegas de España y Portugal; la Albariño o Alvarinho.

Gracias a la iniciativa de la Unión Española de Catadores (UEC), se logró convocar a cerca de un centenar de productores de ambos países y concentrar en Londres una docena de renombrados catadores para la primera edición.

La cata se cumplió el sábado 24 de Noviembre en la sede del Instituto Cervantes, donde fuimos organizados en dos paneles de degustación. Cada uno de ellos analizó dos series de vinos, fundamentalmente de las añadas 2010 y 2011. Un 70% de las muestras provenía de España y el resto de Portugal.

Tres catadores, la cuarta parte del grupo, eran Masters of Wine: Sarah-Jane Evans (quien preside el panel de vinos de España en el concurso de Decanter), Peter McCombie, uno de los directores del International Wine Challenge, y Susan Hulme, reconocida educadora en vinos. Otros cuatro fueron destacados sommeliers de importantes restaurantes británicos.

Los periodistas vinícolas fuimos Fernando Melo del Diario de Noticias (de Portugal), Patricia Langton y Juan Carlos Rincón, acompañados por el dinámico y siempre afable Presidente de la Unión Española de Catadores, Fernando Gurucharri.

“Por experiencia sabemos que los princpios nunca son fáciles y más cuando la razón del concurso son los Albariños, que fundamentalmente provenienen de dos zonas, Rias Baixas (España) y Vinhos Verdes (Portugal), y tiene una producción y un territorio limitado. Estamos muy orgullosos de haber podido hacerlo, ha habido un buen número de participantes (80 bodegas), la cata ha sido seria y hemos tenido un panel de profesionales de lujo”, explicó Fernando.

Optimista consumado, el presidente de la UEC, es un hombre al que le gusta ver “la botella medio llena para terminar de llenarla” y sabe que la primera edición es el inicio de un largo camino. Para tener un referente, Charles Metcalfe, creador en 1984 del International Wine Challenge (IWC), que con 12.500 muestras anuales es el segundo concurso mundial en cantidad de vinos, me comentó hace años que el evento se inició en un garage y con apenas 58 botellas.

Ahora es otra iniciativa pionera porque la fragante y expresiva uva Albariño es una de las más apreciadas mundialmente pero no tenía  un concurso específico que la resaltara y pusiera de relieve su valor aromático e internacional. En el mundo hay concursos dedicados a la Tempranillo, el Sauvignon Blanc, el Pinot Noir, el Merlot, la Chardonnay, el Muscat y la Carmenere, entre otros.

Para Fernando Melo, uno de los expertos en vinos portugueses, la Alvarinho, es “una variedad de uva gallega, ibérica, muy típica y con mucha personalidad, que da vinos complejos, de mucha fruta, con una gran acidez y permite expresar mucho el terroir que por lo general está implantado en suelos muy pobres, graníticos y calcáreos”.

Y Fernando Gurucharri refuerza la importancia de la uva y de este tipo de vinos tan apreciados en Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania, señalando que “son magníficos y la Albariño una variedad suficientemente importante como para tener un concurso propio que potencie y de a conocer sus características, su personalidad y su gran carácter, para que los consumidores de todo el mundo aprendan a disfrutarlos”.

Fernando Gurucharri, Sarah-Jane Evans, Fernando Melo, Juan Carlos Rincón y los sommeliers Clement Robert y Andrea Briccarello (De izquierda a derecha).

Mi contacto directo con los Albariños es relativamente reciente, desde hace una década en mis tiempos en la BBC y cuando el mercado británico le abrió sus puertas, sobre todo a los Rías Baixas. Pero a lo largo de estos años los vengo siguiendo regularmente. Su calidad ha crecido notablemente y la uva se ha expandido mundialmente y plantado en Australia, Estados Unidos y Uruguay.

Es una cepa blanca muy diferente a las clásicas y más extendidas Chardonnay, Riesling o Sauvignon Blanc, y se expresa mucho según el terreno y la vinificación, con aromas delicados de esparceta (un tipo de magnolia), naranjas verdes, melocotón, cáscara de limón y cítricos. En Suramérica, Bouza en Uruguay produce uno excelente al igual que la bodega Garzón y en California, varios productores la aprecian mucho, como la bodega boutique Monte Verde en Morgan Hill, que desde 2008 produce uno muy fragante y aromático con uvas plantadas en el Valle de Lodi.

Este año había probado Albariños/Alvarinhos en detalle en Marzo en Madrid durante mi participación como jurado en el concurso internacional Bacchus, el más importante de España, y luego en Portugal en Mayo, durante mi visita a varias regiones productoras y mi trabajo como catador invitado para la Guía Popular de Vinhos 2013, de mi colega y amigo Aníbal Coutinho, uno de los mas importantes periodistas de vinos de ese país.

El alma de Albariños/Alvarinhos al Mundo.

Ahora en el concurso Albariños al Mundo en Londres catamos vinos tranquilos elaborados en las denominaciones de origen (DO) Rías Baixas y la portuguesa Región de Vinhos Verdes, que incluían al menos un 50% de uva Albariño/Alvarinho, con o sin contacto con madera, y además algunos espumantes, que no nos tocaron en nuestra comisión de cata presidida por Sarah Jane Evans.

Debo decir que en general encontré vinos muy directos, minerales (incluso llegando a notas calcáreas) y correctos, aunque también hubo algunas lamentables excepciones de vinos con problemas técnicos de producción y oxidación prematura. Tuvimos pocos vinos extraordinarios pero varios notables por encima de 90 puntos.

Fernando Melo cree que en Portugal el Alvarinho “tiene mucho para desarrollar en complejidad, profundidad y en trabajo enológico”, mientras que en España, con un mayor número de bodegas productoras (se estiman 200 en total), la uva es una imagen de marca y un nombre más consolidado, con vinos elegantes, de buena fruta y extracción que le han dado lustre a la DO Rías Baixas.

Producido principalmente como Vinho Verde en las sub-regiones Monçao y Melgaço, el Alvarinho portugués se cultiva ahora en las regiones de Lisboa, el el sur de Alentejo y en Algarve. “Es una uva muy interesante para hacer grandes vinos blancos y en una proporción pequeña (15-20%) se nota mucho en una mezcla porque tiene mucha personalidad y carácter”, me aseguró Melo.

La semilla ya está plantada, tanto en los viñedos alrededor del mundo como en la promoción internacional con el primer concurso Albariños/Alvarinhos al Mundo. Los resultados oficiales se divulgarán oficialmente este lunes. Ahora viene la etapa de reflexión y preparación del siguiente paso en 2013.

Miguel Berzosa, director internacional de la Unión Española de Catadores, me explicó que se escogió a Londres como primera sede, por la importancia y plataforma que representa para los vinos en el mundo. Pero el próximo concurso tiene otro horizonte.

“Es importante poder abrir nuevos mercados y proyectar el Albariño. Por ello pensamos en llevar el concurso a un país con un nivel de comercialización interesante. Queremos que la próxima sede sea un país productor y tenemos la intención de cruzar al óceano hacia tierras americanas, bien hacia Brasil o hacia Estados Unidos. O dirigirnos al principal mercado europeo para el Albariño que es Alemania”, me explicó finalmente Miguel, luego de concluída exitosamente esta primera experiencia.

El fúturo pinta promisorio. Lo importante era comenzar. Bravo.

UNION ESPAÑOLA DE CATADORES: Es una asociación sin ánimo de lucro, de carácter cultural y científico fundada en 1985 en Madrid, que tiene como misión fomentar la cata y el conocimiento del vino y de otros alimentos que pueden ser valorados organolépticamente. Está integrada por expertos en análisis sensorial encargados de divulgar al publico general las prácticas de la cata, a través de cursos de formación.  Su presidente es Fernando Gurucharri y su director internacional Miguel Berzosa. La UEC tiene 26 años de experiencia en competencias, organizando los Premios Baco de vinos jóvenes españoles y desde 1996 el concurso internacional Bacchus, con un nivel de participación superior a las dos mil muestras. El premio se hacía cada dos años y lleva diez ediciones. Desde 2013 será anual.

Encuentro con los vinos del mundo

Nuevamente el éxito acompañó el Decanter Fine Wine Encounter, la cita anual más importante y significativa para los amantes del vino en Londres y la mejor oportunidad de acercarse directamente a los vinos del mundo y a su diversidad en un fin de semana.

Como es costumbre el lleno fue total durante ambos días del evento, que entre sábado y domingo recibió cerca de 2.000 visitantes -esta vez provenientes de distintos países europeos- lo que demuestra la importancia y gran vitrina internacional de la reunión.

“Es muy emocionante y alentador que cada vez venga más gente de fuera de Gran Bretaña porque eso nos reconoce como un gran evento europeo. Los lectores son siempre fieles, pero esta vez tuvimos visitantes de Islandia, Holanda, Alemania y España, que vinieron expresamente. Estoy muy feliz por la respuesta”, me dijo entusiasmada Sarah Kemp, la directora de la revista Decanter que organiza desde hace 16 años el encuentro.

En esta oportunidad estuvieron representados un centenar de productores, que mostraron más de 500 vinos diferentes, provenientes de 17 países y cinco continentes. Es la gran cita de fin de año con participación de bodegas de todo el mundo y la respuesta siempre es masiva porque el consumidor tiene una ocasión única de encontrar vinos de grandes añadas presentados por sus dueños, y conocer la historia detrás de cada uno.

Malbec fuera de serie

Además, Decanter ofrece seis Masterclass (Catas Magistrales), tres por día; cinco catas temáticas y la posibilidad de degustar gracias a varias máquinas dispensadoras Enomatic, los vinos premiados en su concurso anual DWWA, en el que desde hace varios años soy juez de cata para los vinos de España. En esencia se trata de un evento pensado en el consumidor

El evento me dió la ocasión de catar vinos blancos, tintos, rosados, espumantes, portos y dulces. Y tuve encuentros con varios vinos extraordinarios, con productores ya conocidos y otros nuevos para mi, con novedades del mercado, y además la posibilidad de re-degustar vinos anteriormente evaluados, y sorprenderme con descubrimientos interesantes como los vinos de la bodega turca Kavaklidere (Anatolia), que ganó con un vino dulce en 2011 el trofeo regional de Decanter. Conocía también los de la bodega Corvus, cuyo tinto Corvus & Corpus fue uno de los ganadores de los Premios Bacchus este año en Madrid.

Igualmente tomé parte en la excelente y completa cata magistral con 10 añadas de Château Figeac, Primer Gran Classé de Saint Emilion, que presentó el Conde Eric d’Aramon, uno de sus propietarios, y la cual describo al final del artículo. Entre las seis catas del encuentro la seleccioné por mi interés particular en este vino atípico de Saint Emilion (70% de Cabernets), que me ha dado grandes emociones.

Latinoamérica estuvo representada por dos bodegas de Argentina y siete de Chile, mientras que España ofreció vinos de nueve productores y Portugal por cuatro casas históricas de Porto.

A lo largo de ambos días tuve muchas emociones vinícolas y al final seleccioné medio centenar de vinos para ustedes. Entre los tintos, indudablemente los que realmente impresionaron mi paladar provienen de un amplio espectro del nuevo y del viejo mundo.

De los primeros, destaco la primera añada del novedoso y complejo Malbec 2008 Aluvional de la bodega argentina Zuccardi (que había probado en Vinexpo el año anterior), el vibrante Ravenswood Belloni 2009 (75% Zinfandel) de Sonoma en el Valle de Napa, y entre los australianos, el elegante y especiado ícono mundial Penfolds Grange 2003 y el profundo Shiraz de viñas viejas Octavius 2006 de Yalumba Estate.

Deliciosa elegancia

Entre los vinos europeos me encantaron del Ródano el complejo y poderoso Hermitage Gambert de Loche 2009 de la Cave de Tain, el deliciosamente equilibrado Côte-Rôtie “La Chatillonne” 2005 de Vidal-Fleury. De Italia me quedo con el especiado Summus 2007 del Castello Banfi que es probablemente la mejor añada de este ensamblaje de Cabernet Sauvignon (40%), Syrah (35%) y Sangiovese producido en Montalcino.

Los Burdeos presentaron grandes vinos de las añadas históricas 2000, 2005, 2009 y 2010 y con 25 châteaux hicieron mayoría en el encuentro. Los vinos más espectaculares fueron el complejo Saint Emilion Primer Grand Cru Classé Château Figeac 2009, el sedoso y elegante Saint Emilion Grand Cru Classé Château Chauvin 2009, el intenso y mineral Pomerol de Château Beauregard 2009 con 30% de Cabernet Franc, el vibrante y vigoroso Haut-Médoc del Château Sociando Mallet 2010, el complejo y redondo Margaux Château d’Issan 2000, y el increíblemente balanceado, moderno e intenso Saint Estèphe 2005 del Château Montrose.

Entre los blancos las sensaciones más fuertes correspondieron al magnífico y complejo Corton-Charlemagne Grand Cru de Louis Latour 2007, el exótico Bordeaux 2011 de Château Brown, el profundo y mineral Sauvignon Blanc 2012 de la bodega griega Alpha Estate, el excelente y moderno Biblia Chora Ovilos 2011 (un corte griego de 60% Semillon y Assyrtiko), y el novedoso blend de uvas autóctonas Narince-Emir Selección 2010, de la bodega turca Kavaklidere. Junto a ellos incluyo el sensacional Sauternes 1990 del Château Bastor-Lamontagne y la vibrante y fresca Cava confidencial Conde de Haro de la histórica bodega Muga en Rioja, que produce apenas 20 mil botellas.

Otro capítulo destacado merecen los segundos vinos de los Grandes Crus bordeleses, que para el consumidor son siempre una opción más económica por calidad/precio y que en las grandes añadas producen vinos notables.

Grandes segundos, calidad a precios favorables.

En el encuentro de Decanter me impactaron cinco de ellos por su elegancia, balance y calidad de fruta: el 100% Merlot Clos Canon 2009 (Saint Emilion Grand Cru del Primer Gran Cru Classé Château Canon), y en la foto de izquierda a derecha, Segla 2006 (Margaux del segundo Gran Cru Classé Château Rauzan-Segla), La Demoiselle de Sociando Mallet 2010 (Haut Médoc), La Dame de Montrose 2008 (Saint Estèphe), y Les Fiefs de Lagrange 2006 (Saint Julien). Son vinos aptos para beber más jóvenes, plenos de fruta y vigor pero sin la complejidad y posibilidades de guarda de sus hermanos mayores.

En los dos días pude catar más de 130 vinos pero ciertamente que tuve que dejar de lado productores de varios países y regiones importantes. Por ello, y trás analizar mis notas de cata, esta selección personal para ustedes se ha concentrado en la mitad de países representados, incluyendo varias regiones y denominaciones de origen emblemáticas. Además de los reseñados anteriormente (92-94 puntos y algunos superiores) les ofrezco en lista otros 25 vinos que también se destacaron en la degustación, aunque sin llegar al mismo nivel de complejidad, plácer y emoción; vinos muy buenos, de 88 a 91 puntos.

OTROS ENCUENTROS:

- Chassagne-Montrachet 1er Cru 2010, Louis Jadot (Borgoña, blanco, Francia)

- Hermitage “Monier de la Sizeranne” 2007, Maison Chapoutier (Ródano norte, tinto, Francia)

- Hermitage “Au Coeur des Siècles” 2009, Cave de Tain L’Hermitage (Ródano norte, blanco, Francia)

- Margaux, Château d’Angludet 2005, Maison Sichel (Burdeos, tinto, Francia)

- Pomerol, Château Beauregard 2003 (Burdeos, tinto, Francia)

- Sauternes, Château Coutet 2010 (Burdeos, blanco dulce, Francia)

- Zuccardi Z, 2009 (66% Malbec, 20% Cabernet Sauvignon, 14% Tempranillo), Mendoza, Argentina

- Argentino 2008, 100% Malbec, Bodega Catena Zapata (Mendoza, Argentina)

- Penfols RWT, 2009, 100% Shiraz (Barossa Valley, Australia)

- Meerlust Rubicon 2007 (74% Cabernet Sauvignon, 15% Merlot, 11% Cabernet Franc), Stellenbosch, Suráfrica

- Château Brown 2009 (40% Cabernet Sauvignon, 56% Merlot, 4% Petit Verdot), Pessac-Leognan, tinto, Burdeos, Francia

- Château Ferrande 2007 , Graves tinto (Burdeos, Francia)

- Château d’Arcins 2009, Haut-Médoc (Burdeos, Francia)

- Château Sociando-Mallet 2010, Haut-Médoc (Burdeos, Francia)

- Château Montrose 2009, 2º Grand Cru Classé, Saint Estèphe (Burdeos, Francia)

- Château Phélan-Ségur 2004, Saint Estèphe (Burdeos, Francia)

- Château Lagrange 2008, 3er Grand Cru Classé, Saint Julien (Burdeos, Francia)

- Château Rauzan-Segla 2004, 2º Gran Cru Classé, Margaux (Burdeos, Francia)

- Château Corbin 2006 , Saint Emilion Grand Cru Classé (Burdeos, Francia)

- Château Laroque 2009 , Saint Emilion Grand Cru Classé (Burdeos, Francia)

- Avaton 2008 (Limnio, Mavroudi, Mavrotagano), Domaine Gerovassiliou, vino tinto, Epanomi, Grecia

- Alpha Utopia 2008 (Tannat 95%, Xinomavro 5%), Bodega Alpha Estate, Florina, Grecia

- Vin-Art Kalecik Karasi-Syrah 2010 (60% Kalecik Karasi, 40% Syrah), Bodega Kavaklidere (Anatolia, Turquía)

- Poggio alle Mura, Brunello di Montalcino 2006, Bodega Banfi (Montalcino, Toscana, Italia)

- Muga Selección Especial Reserva 2006, Bodega Muga (Rioja, España)

CHATEAU FIGEAC EN 25 AÑOS DE VINOS: Indudablemente que las catas verticales son uno de los grandes momentos de la degustación y Figeac es uno de los vinos emblemáticos de Saint Emilion, con un ensamblaje alto en Cabernet Sauvignon (30%), junto a los tradicionales Merlot (35%) y Cabernet Franc (35%).

Este reputado Primer Gran Cru Classé cambiará gradualmente esas proporciones para favorecer el Cabernet Franc que se adapta mejor al terreno, ligeramente similar con el de su vecino del otro lado de la ruta, el famosísimo Château Cheval Blanc. De hecho, ambos dominios eran uno sólo en el siglo 19. Eric d’Aramon explicó durante la cata magistral ante un centenar de participantes, que la renovación del viñedo es una prioridad, al igual que mejorar la vinificación y la idea es replantar cada año por unidades de 2 hectáreas hasta completar la totalidad del dominio en 18 años.

Tuvimos la oportunidad de catar diez añadas de Château Figeac, desde la 2010 hasta la clásica 1998 y como sorpresa final la 1986, que aún conserva fuerza y algo de fruta pero que mostraba una evolución rápida y está en fase descendente con un color rojo ladrillo, aromas ligeramente rancios y animales y en boca acidulado y algo diluído. La verdad esperaba más estructura y fuerza.  En cambio, los vinos 2010, 2009, 2008, 2005, 2003 y 1998 (más jóvenes y vigorosos), son todos de gran factura y más de 92 puntos, con una preferencia personal por el 2009 que se cata opulento, pleno de fruta negra, café y chocolate, especiado, complejo y mineral, y de un final pimentoso, largo y elegante. Me atrevo a darle los 95 puntos y a asegurar que es un vino que perdurará sin problema 40 años y más. Y Figeac siempre ha demostrado que es un Saint Emilion de guarda larga.

A su lado está el 2010, seguido del 2005, y del elegante y clásico 1998. Pero de estas añadas superiores, la que más me sorprendió por su frescura fue la 2003, precisamente la que sufrió la ola de calor más seria de los últimos 100 años. El vino se presenta increíblemente mentolado, con notas especiadas, fruta pasa, notas ahumadas, café moka y chocolate amargo, perfecto balance final y un plácer para beberlo. Eric d’Aramon afirmó que “encontrar el balance es la clave” y en este año tan difícil, Figeac en verdad lo consiguió.

Todos los vinos fueron decantados una hora antes de la cata para favorecer su apreciación, y “encontrar el plácer de beberlos”, como explicó Eric d’Aramon. Para ello hay que tener en cuenta que los hábitos de consumo han cambiado y que debido a que los vinos se beben hoy más pronto que hace una o dos generaciones, los últimos Figeac tienen una ventana de entre 8 y 12 años de añejamiento previos, aunque pueden conservarse perfectamente por muchos más. La decisión y el gusto es siempre algo muy personal.

100 vinos favoritos de Suráfrica

Los vinos de Suráfrica son el reflejo del nuevo país; cada vez más vibrante, más moderno, más complejo. Son vinos cada vez más importantes y apreciados en el universo vinícola, en el cual es el octavo productor mundial en volumen.

Gran Bretaña, antiguo colonizador, es uno de sus principales mercados y cada año, un selecto centenar de vinos de Suráfrica son presentados a la prensa especializada en la sala de lectura de la Alta Comisión (South African High Commission) en Londres.

Es un espacio que me fascina, un lugar pleno de historia, rodeado de libros antiguos, escudos de armas y los retratos de los grandes navegantes y descubridores portugueses como Bartolomé Díaz quien en 1487 fue el primero en alcanzar el Cabo de las Tormentas en la punta sur de Africa (el nombre cambió luego a Cabo de Buena Esperanza), Vasco da Gama, que en 1498 abrió la ruta marítima de Europa a India -la que buscaba Cristóbal Colón cuando descubrió América-, y Pedro Alvarez Cabral, quien en 1500 se desvió de la ruta africana y por error de navegación llegó al Brasil.

Catar vinos rodeado de tanta historia y con un grupo tan selecto de expertos y Masters of Wine es un deleite, y un goce mayor porque el edificio centenario, sede de la embajada de Suráfrica, está en una esquina de la emblemática Plaza Trafalgar, diagonal a la Galería Nacional de Arte y frente a la Iglesia de St. Martin in the Fields, el mejor recinto para escuchar los grandes conciertos de música barroca en la capital británica.

Suráfrica tiene más de 300 años de historia vinícola, de la mano de los colonos portugueses, holandeses, ingleses y españoles y ciertamente franceses.

La industria -igual que el país- es un crisol de culturas con un mercado enfocado a la exportación, que ha crecido notablemente en calidad y determinación en los últimos cinco años, tal como lo he podido comprobar después de mi visita en 2007 a los viñedos de la famosa región de Stellenbosch, cuando estuve invitado como catador en el concurso internacional de vinos Michelangelo.

El vigor está en la variedad de su oferta, en la pasion de sus productores y en la creatividad de sus enólogos y winemakers, situados en un punto intermedio entre el clasicismo de Europa -Francia es particularmente su referente- y los vinos afrutados y vibrantes del nuevo mundo.  Por algo su emblema Variety is in our nature, variedad está en nuestra naturaleza! Es cierto en todos los sentidos;  geográfico, humano, cultural, técnico, y de biodiversidad.

Los vinos de Suráfrica recurren a las principales cepas internacionales y a la variedad nacional Pinotage, para producir además los llamados Cape blends y desarrollar cortes innovadores o producciones exóticas muy llamativas, o únicas.

Sala histórica con vinos modernos.

En mi concepto la fortaleza de sus vinos blancos está en los deliciosos y vibrantes Chenin Blanc (cada vez más precisos), los minerales Sauvignon Blanc, varios modernos Chardonnay y experiencias exitosas de Riesling y Viogner.

En los tintos fruta cocida y mineralidad son el sello. Los pimentosos y vigorosos Cabernet Sauvignon, los exóticos Cabernet Franc, los frutosos y opulentos Shiraz y los diversos ensamblajes, marcan la tendencia.

El inconveniente técnico es lograr mantener el equilibrio y el balance (la mayoría lo consigue) en vinos que normalmente varían de 14º hasta casi 16º de alcohol en volumen, niveles muy altos que asustan al consumidor desprevenido y son superiores a los de los vinos australianos, chilenos o argentinos.

En la cata, llamada “Preferidos del productor, las historias detrás del vino” (Winemaker favourites , the stories behind the wine), los vinos fueron organizados por el tipo de cepa para la mejor apreciación. Aclaro que en esta ocasión, por tema de tiempo, no pasé revista ni a los Chardonnays ni a los Shiraz, y por ello esos varietales no están referenciados en mis favoritos de la jornada. Sin embargo, entre los grandes ensamblajes tintos reseñados el Shiraz juega un papel fundamental y es la base de la mayoría de ellos.

VINOS BLANCOS: En general muestran una calidad muy homogénea, con buena acidez, mineralidad y frutos cítricos, con etiquetas muy representativas por varietal.

Chenin Blanc: De la cepa blanca emblemática de Suráfrica destaco dos vinos, ambos de Stellenbosch y con 14.5º de alcohol. (1) The FMC 2010, un vino ícono creado por Ken Forrester y Martin Meinert con viñas antiguas. Tapa rosca. Fragante, intenso y complejo, frutos cítricos, suave mineralidad, manzanas verdes y mango, largo. (2) Kleine Zalze Vineyard Selection 2011. Intenso, ligeramente amaderado, vainilla, ceras, mineral. En boca tiene una notable frescura, con tonos de vainilla, café arábiga ligero, piñas y kiwi. Gran persistencia final. (3º en la foto de derecha a izquierda).

Semillon: Ghost Corner 2009. Región: Elim, tapa rosca. Vino con la fuerza del “terroir”, intenso, mineral (guijarros), en boca es complejo y revela notas de frutas verdes, lima y piña. Gran carácter.

Riesling: Paul Cluver Close Encounter 2011. Región: Elgin, tapa rosca. Vino fresco y mineral, frutos  frescos, piña, papaya verde, aromas de petróleo. En boca es cítrico, complejo, con final muy persistente.

Sauvignon Blanc: De Grendel 2012. Región: Durbanville. Vino intensamente mineral, fresco y elegante. Notas de gravilla y cítricos, ligeramente turbado y de final largo. Incluye un 9% de Semillón.

Pinotage Blanc: Aaldering 2012. Región: Stellenbosch. Sorprendente y exótico Pinotage vinificado como vino blanco. Complejo y fresco, vibrante, cítrico, con notas ligeramente dulces, fondo mineral (gránito), muy buena acidez y persistencia. Vino de increíble placer, un “Blanc de Noir” de Pinotage. (5º en la foto de derecha a izquierda).

White Blend: Flagstone Noon Gun 2012. Región Western Cape, tapa rosca. Ensamblaje de Chenin Blanc 34%, Sauvignon Blanc 34%, Viogner 19%, otras 9%. Joven, fresco y cítrico, buena acidez, intenso y largo. (1º en la foto, izquierda a derecha).

Pinotage Blanc, Chenin, Pinot Noir, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon y "Top Blends".

VINOS TINTOS: Son cada vez más precisos y equilibrados, con mucha fruta cocida en los límites de la sobremaduración y ensamblajes con carácter y complejidad, buen manejo de la barrica, y muchas notas minerales y de pimientas. Creo que gracias a la buena acidez podrán ser vinos de guarda larga pero es necesario cuidar los niveles de alcohol.

Pinotage: Extrañamente la representación fue muy escasa, con apenas cuatro vinos en la muestra. De esta cepa surgida de cruzamiento genético en Suráfrica y que despierta “amor y odio”, sobresalió claramente el vino de Kaapzich Steytler 2008. Un Pinotage generoso y fresco, con 14.5º de alcohol, equilibrado y de color casi púrpura, en el que dominan frutos rojos, ciruelas y algo de moka, especies y cacao. Largo y complejo es un vino noble que hace tres años ganó el premio al mejor vino tinto varietal tinto en el prestigioso concurso Decanter World Wine Awards (DWWA) en el que participo como catador desde 2006.

Pinot Noir: Hamilton Russell 2010. Región: Walker Bay. Un clásico que llega a su añada 30 y sigue fiel a la botella burguiñona, la etiqueta tradicional y la calidad a toda prueba. Vino joven con elegante nariz, fresca y con notas especiadas. En boca es  complejo, con frutos rojos (frambuesas, fresas), mineral, tonos pimentosos y final largo y redondo, ligeramente secante. Necesita al menos 3 años de guarda para redondear. (2º en la foto de derecha a izquierda).

Cabernet Franc: Otra uva que en Suráfrica produce vinos varietales de alto nivel y en ensamblajes ofrece potencia, intensidad y guarda. Pocos son los productores que le apuestan al Cabernet Franc varietal, pero son todos muy buenos. Destaco dos provenientes de Stellenbosch.

- Raats Family 2010. El vino insignia de Bruwer Raats, otro viticultor amigo, considerado el “Rey del Cabernet Franc” en Suráfrica. Su vino, producido a partir de viejas viñas de Cabernet Franc, tiene la fuerza y potencia de los grandes vinos del Loira pero con más mineralidad y fruta. La añada 2010 es la última de este dinámico winemaker. De color granate oscuro, en nariz despliega notas de fruta negra, pimienta y piedras. En boca es un vino de opulencia frutal, al mismo tiempo muy mineral, de carácter y elegancia. Largo final. (En la foto, 6º de derecha a izquierda).

- Oldenburg Vineyards 2009. Una verdadera sorpresa. Vino de 15º de alcohol (no se sienten), con un equilibrio y balance increíbles, producido por una de las mas jovenes bodegas surafricanas. Oldenburg es una bodega boutique, que renació en 2004 cuando su propietario, Adrian Vanderspuy, decidió replantar todos los viñedos en forma científica, debido al deplorable estado del dominio cuando lo adquirió. Un 66% de los viñedos son de uvas tintas, de vaiedades de Burdeos y del Ródano; Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Syrah, Merlot, Chardonnay y Chenin Blanc. El Cabernet Franc es magnífico. Vino de color granate oscuro, casi púrpura, en nariz es intenso, pimentoso y mineral, y en boca es especiado, pleno de fruta roja compotada, mentolado, largo y torrefacto, con notas de café y moka y taninos de gran elegancia. Excelente vino de “terroir”, sedoso a pesar de la juventud de las viñas y de un final largo y profundo. Entre los 3 mejores de la degustación. (6º en la foto de izquierda a derecha).

Cabernet Sauvignon: Gracias a su fuerte personalidad y fuerza, los Cabernets Sauvignon surafricanos son muy pimentosos, intensos y profundos. Ma hacen recordar en ocasiones al de Salta y Cafayate en Argentina. Como varietal ofrece ejemplos de nivel mundial e integrando ensamblajes da una profundidad y riqueza invaluable. Me he decidido por tres etiquetas provenientes de la histórica zona de Stellenbosch donde da sus mejores notas.

- Thelema 2008. (100% Cabernet Sauvignon). De color oscuro, pimienta blanca, notas minerales y terrosas. En boca es intenso (14.5º alcohol) sobresalen los frutos rojos (moras y frambuesas), especiado, cueros, pimienta y notas de café, moka, menta y tábaco. De cuerpo medio, es elegante y persistente. (2º en la foto de izquierda a derecha).

-  Vergelegen Reserve 2006 (90% Cabernet Sauvignon, 5% Merlot, 5% Cabernet Franc). Nariz intensa, de frutos negros (cassis y cereza negra), pimienta, terroso y mineral. En boca despliega aromas de fruta cocida y menta, de taninos elegantes y gran persistencia. Un vino de gran estructura con mucho futuro y guarda larga. (En la foto, 5º de izquierda a derecha).

- Glenelly Lady May 2009. (90% Cabernet Sauvignon, 10% Petit Verdot). Cada vez más complejo e intenso en la médida en que las viñas de Cabernet Sauvignon plantadas en 2002 maduran. Este es un ejemplo de la gran calidad del Cabernet Sauvignon de Stellenbosch, en la tercera añada de Glenelly, la nueva propiedad de May-Eliane de Lencquesaing, dueña hasta 2007 del Pauillac 2º Gran Cru Classé Château Pichon Longueville Comtesse de Lalande. Lady May es un vino de intenso color granate oscuro, con aromas de ciruelas, moras, cassis, pimientas, especias y café tostado. La boca está algo marcada por la barrica francesa, con notas de vainilla, cacao y moka. Un vino intenso y largo con gran futuro y guarda de al menos una década, como los grandes Burdeos que producía May-Eliane. (3º en la foto de izquierda a derecha).

Blends tintos: Dada la variedad de cepas plantadas en Suráfrica y la bendición de un clima muy homogéneo, los ensamblajes multi-varietales son hecho corriente y una muestra de la riqueza del país y de la creatividad de los enólogos y productores. Vinos representativos de esta tendencia son los siguientes.

- Hannibal 2009, Bouchard Finlayson. Región: Walker Bay. Uno de los grandes íconos del país, un ensamblaje exótico y único de seis uvas de Italia y Francia; 38% Sangiovese, 18% Pinot Noir, 16% Nebbiolo, 15% Shiraz, 10% Mourvèdre (Monastrell) y 3% Barbera. De color rubí-granate oscuro, intenso en nariz con notas de frutos rojos, ciruelas pasas, cerezas, fruta cocida. En boca es opulento, especiado, poderoso y largo, pero en esta añada le falta un poco de redondez.

- Anwilka 2008. Region: Stellenbosch. Corte inusual de 48% Syrah, 42% Cabernet Sauvignon y 10% Petit Verdot producido con la consejería del enólogo Hubert de Bouard, co-propietario del famoso Château Angelus, Primer Gran Cru Classé A de Saint Emilion. Vino opulento (14.5º de alcohol) y denso, de color granate oscuro, con notas especiadas y pimentosas, algo mineral y mucha fruta cocida. En boca es elegante y frutoso. Un vino entre el clasicismo bordelés y la fuerza del Nuevo Mundo.

- Spice Route Chakalaka 2009. Región: Swartland. Un excelente corte de seis cepas; 37% Syrah, 21% Mourvèdre, 18% Carignan, 10% Petit Syrah, 10% Grenache y 4% Tannat. Vino de color granate medio, en nariz con aromas de frutos rojos y especies. De una elegancia exquisita en boca, es fresco, mentolado, con  notas de pimienta, moka, cerezas y frambuesas, especiado y de gran balance, taninos suaves y persistencia media. Uno de los más agradables de la degustación por su frescura y equilibrio.

- Spier Creative Block 3, añada 2009. Región: Coastal. Corte de 84% Shiraz, 13% Mourvèdre y 3% Viogner. Vino de color rojo granate, nariz intensa de frutos rojos frescos (cerezas y ciruelas), en boca es especiado y elegante, con notas de moka, pimienta blanca, menta y ahumados que termina en sabores minerales de turba, largo y persistente. Vino premiado con oro en tres de los más importantes concursos internacionales en que cato anualmente; el Concurso Mundial de Bruselas (CMB), MUNDUS Vini (Alemania) y el International Wine Challenge (IWC) en Londres. (1º de derecha a izquierda en la foto).

- Ernie Els “Big Easy” 2011. Región: Western Cape. Uno de los grandes vinos de la bodega del famoso golfista surafricano. Corte de 61% Shiraz, 20% Cabernet Sauvignon, 7% Grenache, 4% Cinsault, 4% Mourvèdre, 4% Viogner. Vino de color rojo granate intenso, con notas de fruta negra. En boca se aprecia fruta dulce sobremadurada, especiado y pimentoso, pero se sienten los 14.68º de alcohol. Necesita tiempo.

- The Gypsy 2009. Región: Stellenbosch. Un corte extraño con las dos uvas clásicas del Ródano (51% Grenache, 49% Syrah), producido en Suráfrica como expresión personal del reconocido winemaker Ken Forrester (el gitano). Vino opulento de fruta cocida (cerezas y ciruelas), notas de café, especies, menta y tábaco. Vibrante y frutal, con persistencia.

Bordeaux Blends: Burdeos (Bordeaux) ha sido un espejo para las bodegas surafricanas al momento de crear vinos de corte y ensamblajes basados en Cabernet Sauvignon que en Stellenbosch, ofrece una calidad insuperable en el país. Algunos de los vinos emblemáticos de Suráfrica son ejemplo de esa excelencia.

- Meerlust Rubicon 2005. Corte de 69% Cabernet Sauvignon, 16% Cabernet Franc y 15% Merlot. Vino de 14.5º presentado en formato Magnum. De color granate oscuro, casi púrpura, denso y cremoso. Nariz intensa, pimienta y fruta roja, aromas de moka y café. En boca es un deleite de juventud y complejidad. Vino elegante, mentolado y mineral, con notas de pimienta, gráfito, moras y cerezas negras. Largo y profundo. Se le siente un poco los 14.5º de alcohol pero tiene mucho tiempo por delante para redondear y merece una guarda de al menos 10 años más. (En el centro de la foto).

- Groot Constantia Gouverneurs Reserve 2010. Región: Constantia. (60% Cabernet Sauvignon, 20% Cabernet Franc, 20% Malbec). Vino muy elegante (botella labrada), de color rojo rubí, con aromas de frutos rojos y notas especiadas. Fresco en boca, mentolado y frutoso, es largo y complejo. Tratándose de un vino muy joven, sorprende por la frescura y elegancia de sus taninos, su estructura y complejidad. Gran futuro. (En la foto, 4º de izquierda a derecha).

Cape Blends: una categoría creada hace 20 años (1993) en Suráfrica para destacar los vinos de ensamblaje que incluyen la uva Pinotage en el corte. Varios de ellos han alcanzado fama internacional y recurren además a nombres sonoros y significativos. Destaco dos provenientes de Stellenbosch, que sigo regularmente desde hace ocho años.

- Synchronicity es el vino bandera creado por mi amigo Martin Meinert (ex-periodista reconvertido en winemaker) en Devon Valley (Stellenbosch) con viejas viñas de Pinotage. La añada 2007 llega con una etiqueta nueva que deja de lado el símbolo aborigen de las anteriores y una reducción notable del Cabernet Sauvignon -casi a la mitad- en el ensamblaje, que ahora es un corte de 39% Cabernet Sauvignon, 39% Merlot, 13% Pinotage y 9% Cabernet Franc.  Vino complejo y viril, con predominio de los frutos rojos (ciruelas y moras), especiado, menos mineral que añadas anteriores, con notas florales de violeta, taninos elegantes, pimienta fresca y buena persistencia final. Proveniente de una añada climáticamente difícil, es más frutoso que el 2006 pero con menos cuerpo y estructura.

- Vision 2008, Kaapzicht Steytler. Un corte de 50% Cabernet Sauvignon, 35% Pinotage y 15% Merlot. Un verdadero Cape Blend (Por reglamento el ensamblaje debe contener al menos un 30% de Pinotage) cuyo nombre responde a la idea -la visión- del vino surafricano de corte. La última añada es superior a la 2007 que había probado en octubre de 2011. De color rojo granate oscuro e intenso, es un vino con notas de fruta negra (ciruelas y cerezas pasas), aromas tostados suaves y especies. En boca es intenso y opulento, con notas de torrefactos y fruta dulce, largo y denso. Por mi experiencia directa desde mi visita a la bodega, es un vino que se debe esperar al menos 5-7 años para empezar a tomarlo. (4º en la foto, de derecha a izquierda).

SURAFRICANOS PARA LA CAVA: Diría que en general, los vinos permiten en el momento una guarda promedio de 5-7 años pero los modernos surafricanos producidos después del milenio son cada vez más complejos y podrían superar ese referente. Sin embargo, hasta ahora mi experiencia de conservación con vinos surafricanos es limitada, excepto con Pinotages genéricos de los años 90 producidos por la gigantesca e histórica bodega cooperativa KWV y no son los mejores ejemplos. Hoy tengo en cava dos botellas Magnum de Cabernet Sauvignon 1997 y un Cape Blend (Synchronicity 2001), esperando el momento de tomarlos y apreciar como evolucionan los vinos surafricanos de calidad, junto a botellas selectas de las añadas 2003 en adelante. Paciencia que pronto llegará la respuesta.