Vendimia en Burdeos 2012: Pomerol y Saint Emilion

La tensa calma terminó y la vendimia despega gradualmente en la llamada ribera derecha de Burdeos, donde grandes y pequeños châteaux confundidos dieron los primeros cortes a las grapas de Merlot durante la semana.

Desde el lunes 1 de octubre se inició en forma la cosecha de un año que ha sido climatológicamente difícil pero que genera un relativo optimismo.

Los últimos episodios de lluvia y los días soleados que siguieron en ambas zonas de Burdeos (Médoc y Libourne) fueron tranquilizadores para una buena parte de productores que esperan una cosecha de un nivel -al menos- similar a la 2011, cuyos vinos se muestran hoy más armónicos y se anticipan de una calidad superior a lo incialmente pensado.

Los grandes vinos nacen siempre en el viñedo.  La primera parte de la depuración se hizo podando grapas enfermas o sin el suficiente nivel de calidad. La segunda ha empezado con la recolección del Merlot y seguirá la próxima semana con los Carbernets, que son más tardíos para cosechar.

Aunque el año ha sido complicado, el reconocido enólogo de Libourne, Gilles Pauquet -quien asesora châteaux y propiedades en Pomerol y Saint Emilion- recuerda que son los años difíciles los que obligan a un trabajo más cuidadoso, mayor selección, y por lo general, concluyen con una producción más pequeña pero de gran calidad.

Sabio consejero, Pauquet pasó la semana recorriendo viñas

Como hecho inusual, por primera vez en muchos años la vendimia se está desarrollando casi simultáneamente en ambas orillas y pude comprobar ese proceso en cuatro renombradas denominaciones de origen que visité durante una semana: Pomerol y Saint Emilion (ribera derecha), y Haut-Médoc y Margaux (izquierda).

En Pomerol, las uvas están sanas. Los fuertes vientos y el sol han sido benéficos para limpiar las plantas y acelerar la madurez de la uva. En Saint Emilion en cambio, las dudas debido a los caprichos climáticos llevaron a buena parte de productores a retrasar el inicio de la vendimia hasta el lunes 8 de octubre.

Recorrí los viñedos a pie, observando detenidamente las plantas y degustando bayas, acompañado por la dinámica embajadora de Pomerol, Dominique Vayron (co-propietaria de château  Bourgneuf), y de la activa Virginie Rolland, sobrina del enólogo Michel Rolland y responsable de la distribución de sus vinos en el mundo.

Después de degustar la “Rolland Collection” en el château de la familia, Le Bon Pasteur, me encontré en la noche en Burdeos con Michel y su esposa Danny, alrededor de una degustación de vinos…españoles!, entre ellos Campo Eliseo, el complejo vino de Toro que vinifica Michel. Luego con Danny y el ecléctico productor catalán Ivo Pages, nos deleitamos con su vino mimado, un espectacular Le Défi de Fontenil 2005; la cuvée especial de su château Fontenil en Fronsac.

En cuanto a Bourgneuf, vecino del famoso château Trotanoy (una de sus parcelas está incluso dentro del viñedo principal), es un vino que progresa a diario, lleva una década de gran regularidad y usualmente da deliciosas sorpresas en los años difíciles.

Basado en esos elementos, 2012 no debería ser la excepción a esta regla y menos después de la altísima calidad y elegancia mostrada en la excelente cata vertical que nos preparó Dominique y que compartimos con su esposo Xavier Vayron, su hija Frédérique -hoy al frente de las vinificaciones-, el enólogo Gilles Pauquet, y el renombrado crítico y especialista de los vinos franceses, Michel Bettane, quien, al igual que yo, recorría viñedos y vendimias en la ribera derecha.

Lo mejor en 10 años de Bourgneuf: 2000, 2001, 2005, 2008, 2009 y 2010 (De izquierda a derecha)

Y es que en Pomerol y su vecindario, dominios  ilustres como el icónico Cheval Blanc y château La Conseillante, abrieron sus puertas a la prensa especializada al despegar la vendimia con los primeros cortes de Merlots. La Conseillante acaba de terminar los trabajos de modernización de su bodega -todavía no la inaugura oficialmente- y construye el nuevo portal de entrada.

La realidad es que el panorama de construcciones y grúas en Pomerol y Saint Emilion es notable, y pocas veces se habían visto tantas obras al mismo tiempo.

La nueva bodega del gran vino Petrus sólo conservará su antigua fachada.

Se están renovando y modernizando varias bodegas ilustres, empezando por el excepcional Petrus en Pomerol y en Saint Emilion, los nuevos Primeros Crus Classés A (los châteaux Angelus y Pavie), el Primer Grand Cru Classé B château Canon (que incorporó una parte de château Matras), y el Grand Cru Classé château La Dominique (limítrofe con Cheval Blanc y frente a L’Evangile).

Roman Riviere, propietario de château La Croix Taillefer -uno de los dos productores BIO en Pomerol- sufrió mucho en el viñedo este año debido a los hongos mildou y oidium, y espera una cosecha reducida. El año fue importante además por la inversión en la renovación de la bodega y de la sala de degustación, junto a la carretera nacional 89, frente a los châteaux La Grave y Latour a Pomerol.

La arquitectura futurista integrada en las viñas de Cheval Blanc.

En el vecino Saint Emilion, uno de sus estandartes, Cheval Blanc, inició tímidamente las podas de grapas de Merlot, mientras su núcleo de calidad y vigor, el Cabernet Franc, espera su turno. Y es que el año errático tiene a muchísimos productores probando bayas, esperando y dudando. En algunos la vendimia ha tomado ritmo con los Merlot pero los Cabernets son otra historia y no parecen estar a punto.

Al otro extremo de la denominación de origen, en Saint Etienne-de-Lisse, el recientemente promovido a Grand Cru Classé, château Faugères, terminó hace días la cosecha de uvas blancas -2012 es la tercera añada- y desde el lunes comenzará el Merlot. Su director técnico desde hace 15 años, Alain Dourthe, me dijo que ha sido una añada complicada pero termina bien.

Las viñas están listas para la vendimia más tardía en un cuarto de siglo.

“Soy optimista. 2012 es una añada con potencial. En regla general será una cosecha pequeña (se calcula en un 15% inferior a la de 2011). El clima de agosto y septiembre fue favorable y las bayas son sanas”, nos explicó Dourthe.

Nuestro recorrido por Saint Emilion nos llevó igualmente a otros Grandes Crus Classés; Grand Corbin Despagne y Corbin, en la frontera con Pomerol. Francois Despagne, quien celebra el bicentenario de la adquisición de la propiedad por su familia en 2012, comparte el optimismo de Dourthe, al igual que Anabelle Cruse, propietaria de château Corbin. Ambos están preparados para cosechar.

Entre tanto, Jean Bernard Grenie en château Angelus, uno de los vinos famosos de Saint Emilion (promovido a Primer Grand Cru Classé A), me confirmó que la cosecha finalmente comenzará este lunes 8 de octubre.

Angelus tendrá una bodega en forma de capilla con un juego de 34 campanas.

Las viñas alrededor de la bodega -en pleno trabajo de renovación- se aprecian vigorosas. También en Angelus, el Cabernet Franc es la clave de su éxito. Su 2008, con un 60% de Merlot, se degusta vigoroso, complejo y mineral. Sensacional en este momento y es aún demasiado joven.

Así las cosas, este lunes comienza la etapa clave de la vendimia en la ribera derecha, donde los Cabernets serán decisivos para el éxito de la añada 2012. El clima y sus caprichos marcaron el año y lo siguen alterando. Las previsiones metereológicas no son buenas y se esperan lluvias a partir de la mitad de la semana.

“Tendremos que cosechar rápido”, me dijo Alain Dourthe, uno de los que prefirió esperar los últimos rayos de sol para conseguir la mejor madurez de la fruta. Me confiesa sin embargo que en 26 vendimias, jamás había comenzado tan tarde.

Otra razón para entender porque cada añada en Burdeos es mágica y diferente.

DESCUBRIMIENTO: Mi recorrido por Saint Emilion terminó con un encuentro inolvidable y un par de vinos de excepción.

Siempre me han fascinado los relojes de sol, los llamados “cadran solaire” y quedan pocos en los castillos bordeleses. Los dos que adornan la fachada de château Lassegue son excepcionalmente coloridos y llamativos, como el entorno vinícola.

Su magnetismo me atrajo y me recibieron con los brazos abiertos. Situado en una de las partes más altas de la cuesta (côte) de Saint Emilion y compartiendo el tipo de suelo de los Primeros Grandes Crus Classés, en Lassegue, sus propietarios Pierre Seillan y Jess Jackson, no han escatimado esfuerzos ni recursos para producir vinos de primer nivel: château Lassegue y château Vignot.

Lassegue es un ícono y merece un capítulo aparte. Su vistosa etiqueta es el reloj solar y el vino es considerado una de las estrellas sin clasificación, junto al reputado y escaso château Tertre-Roteboeuf, producido por el filósofo François Mitjavile. Son apenas Grandes Crus porque nunca participaron en la selección pero constituyen la más pura expresión de la comuna de Saint Laurent des Combes; son “cult wines”, vinos de culto.

La bodega también produce château Vignot, un delicioso y expresivo Saint Emilion, de pureza y elegancia notables, una expresión de fruta magnífica y unos taninos sedosos y puros; un vino de plácer que termina fresco, largo, mentolado y en suaves notas de café arábiga. Apenas 10 meses en barrica seleccionada y únicamente un 35% de ella nueva. Los que descalificaron a priori la añada 2007, se equivocaron!

Vendimia en Burdeos 2012: Graves y Pessac-Leognan

Burdeos ha entrado en la fase mas agitada, difícil y definitiva de la cosecha 2012; la vendimia de sus grandes vinos tintos.

Es la época de la incertidumbre. Lo único firme es que la recolección de la uva blanca ya terminó en la larga franja de Médoc, con excepción de Sauternes, Barsac y los otros vinos licorosos, que deberán esperar la botrytis a fines de octubre.

Las ultimas grapas para la producción de vinos blancos secos fueron cortadas la semana anterior tras una quincena soleada que favoreció la perfecta madurez y acidez de las bayas.

La cosecha de uva blanca, que se vislumbra muy promisoria y fina gracias a la buena concentración de fruta, es sin embargo un 20% inferior, debido a las condiciones climáticas tan variables y adversas del ano.

En 2012 el impredecicle clima causa mas estrés entre los productores bordeleses. Para la cosecha de uva tinta, que representa dos tercios de la producción total promedio de Burdeos (6 millones de hectolitros), es un serio factor de incertidumbre porque  también se espera una baja de entre el 10 y el 20%, en especial en las propiedades con plantas jóvenes que soportan con dificultad los caprichos de la madre naturaleza y sufren para conseguir la madurez.

El temor surge de las inusuales lluvias de abril cuando las precipitaciones fueron de 200mm, casi cinco veces el promedio normal de los primeros meses. Pero luego el verano fue muy caliente y en agosto y principios de septiembre llegó una ola de canícula de tres semanas que puso a temblar a los productores y a rezar por lluvias. *1 mm de precipitaciones equivale a un litro de agua lluvia caído en una superficie de 1 m². 

La lluvia apareció el lunes en la tarde pero mas intensa de lo necesario y no se ha detenido desde entonces -excepto la mañana del miércoles- por lo cual algunos dominios en el sur de Médoc que habían “atacado” (cortado) las grapas maduras de Merlot, tuvieron que interrumpir el proceso.

Las consultas son permanentes, la información climática es el pan cotidiano en las conversaciones y a la tradicional decisión de iniciar vendimia se une ahora la angustia, luego de una cosecha 2011 que no fue bien calificada en los tintos pero que ofrece excelentes blancos, tal como tuvimos oportunidad de comprobarlo durante estos tres días degustando los vinos de las denominaciones de origen al sur de Burdeos, Graves y Pessac Leognan.

Una decena de Châteaux visitados y dos centenares de vinos catados, me permiten asegurar que las cosechas 2009 y 2010 en tintos y 2010 y 2011 en blancos, son de primer nivel; vinos complejos, con gran carácter y excelente fruta, de guarda y de placer.

Los blancos darán el total de su expresión en un par de años pero desde ahora son frescura y ofrecen mucha satisfacción, mientras que los tintos son la declaración de calidad de dos añadas excepcionales.

En 2012 muchos productores esperaban lanzar la vendimia de Merlot esta semana pero ahora buscan la respuesta en la bola de cristal, al menos en la región de Médoc. Los Cabernets -Sauvignon y Franc-, al igual que el Petir Verdot, son mas tardíos y se recolectan durante octubre.

En la ribera derecha (Libourne y Saint Emilion), la proyección es diferente y desde este jueves la estaremos reconociendo en el terreno.

* VINOS EXCEPCIONALES: Las reuniones con los productores me permitieron probar algunas botellas fuera de serie; encuentros sorprendentes y de profunda emoción que debo agradecer a Florence y Daniel Cathiard, dueños de Château Smith Haut Lafitte, a Paulin Calvet, propietario de Château Picque Caillou y a Vincent Cruège, Director de producción de Château La Louviere.

En busca de una botella muy significativa, Daniel Cathiard me ofreció para el almuerzo en su residencia privada, un asombroso vino de 1959! cuyo color ladrillo, aromas animales, pimienta blanca, frutos pasos rancios, menta, tabaco y notas de aceitunas negras y sales minerales, aun me acompaña. Un vino excepcional y una gentileza impagable de los Cathiard.

Además, me emocionaron mucho un Picque Caillou 1978 en formato Magnum, con una nariz intensa y rica en notas de pimienta, cueros y tostados, con gran persistencia y notas minerales y de tierra mojada, y un increíble vino blanco 1986 de Château La Louviere, de propiedad del gran André Lurton, de color ámbar claro .

Con mas de un cuarto de siglo en la botella,  fue un vino exótico, que desplegaba una nariz similar a un Sauternes, con notas de frutos amarillos, piña y mineral, y que en boca se comportaba como un vino seco, fresco y cítrico, con tonos oxidativos similares a ciertos jerez, y un final mineral suave. Un vino blanco de Burdeos, en gran condición después de un cuarto de siglo, merece hacerle le venia. Salud!

Primer aniversario!

El tiempo es un parpadeo.

Sin darme cuenta he celebrado el primer aniversario de Mi Rincón, escribiendo, literalmente en un rincón de la sala de nuestro apartamento londinense, sobre mis vinos preferidos; los Burdeos.

El 23 de septiembre de 2011 nació esta tribuna de mis pasiones, con el Sueño de una noche de verano. Y coincidencialmente el aniversario se cumple entre mis vinos y la Fórmula Uno, con la victoria de Sebastian Vettel en el Gran Premio de Fórmula Uno de Singapur, la única prueba nocturna del calendario mundial.

Son las vueltas extrañas de la blogosfera en la que ya he sembrado 50 escritos -casi mi edad- en el primer año y sin patrocinio. Uno por semana no es un mal promedio.

Nuestro logotipo

Les he dicho que Mi Rincón es la antesala y compañero inseparable de otro espacio que espero compartirles pronto: Rincón de cata, dedicado enteramente a mi pasión y amor por el vino. Ambos son ambientes con un destino común.

Mi Rincón, el blog, es la primera parte de mi proyecto personal en los vinos, que traerá otras sorpresas. Es un camino largo y hay mucho por seguir y construir para llevar el vino más cerca del hombre común y que se enamore de él como me ocurrió hace 40 años.

Mi pasión me sigue acompañando, pero no es única. Es el vino, el whisky de malta, los buenos rones, cocinar, viajar, las montañas, la Fórmula Uno, el deporte, la fotografía, las bellas artes, los buenos amigos y colegas, dialogar para crecer, las chimeneas, y otras experiencias intelectuales y riquezas inmateriales de este mundo.

Mi mente es inquieta y tal vez por ello trata de absorver tanto, a veces más de la cuenta. Entonces me falta el tiempo pues cada nota, cada vino, cada experiencia, es única y vasta y demanda contarla con amenidad. Pero igual que el vino, entre más complejo y más largo sea, mejor.

Lo importante es que usted, mi lector ,sea cómplice de mis pasiones y se siga interesando por los descubrimientros, que a través de mis relatos aprenda algo más de la vida y de historias mundanas y que cuando yo de a luz Rincón de cata, lo respalde como ha hecho hasta hoy con este esfuerzo.

Gracias a usted sigo adelante, consciente de este gran desafío. Y en este largo y enriquecedor camino espero siempre con mente abierta sus observaciones y comentarios, que me ayudarán a continuar la ruta cierta y serán un gran apoyo para el siguiente paso.

Cumplimos nuestro primer año juntos!

 

Grandes burgueses 2010 de Médoc

En la añada 2010 en Burdeos los grandes triunfadores son los Crus Bourgeois de Médoc, el segundo nivel en los vinos de alta calidad de la orilla izquierda del estuario del río Gironda -al norte de la famosa capital vinícola mundial- que representan una producción de 32 millones de botellas, el 30% del total de la región.

Considerada por los expertos como una de las cinco mejores “millésime” (añada) de los últimos cien años, las condiciones climáticas excepcionales permitieron en 2010 una exitosa cosecha general, de la que los productores de vinos clasificados sacaron la mejor ventaja aumentando significativamente sus precios como reflejo de la alta demanda internacional.

Y en ese juego de calidades en Médoc, los 60 Grandes Crus Classés en 1855, se distanciaron en relevancia y precio. Por su parte, los Crus Burgueses potenciaron su calidad y gracias a la excelente relación de precio (un rango de 10 a 20€/botella, venta al público), han conseguido una envidiable posición para expandirse en los mercados internacionales.

“Hoy son los vinos que el consumidor promedio puede comprar regularmente porque estamos en un momento de contracción económica y se necesita una garantía en la decisión de compra. El comprador sueña con los Grandes Crus Classés pero los precios son muy altos; entonces los Crus burgueses son una muy buena alternativa”, nos explicó el Barón Frédéric de Luze, presidente de la Alianza (l’Alliance) de Crus Burgueses, que reune a 310 châteaux, de los cuales 260 integran esta otra lista selecta.

Con sus palabras confirma mi apreciación inicial. Los Crus Burgueses de Médoc son vinos relativamente homogéneos, de un nivel superior pero más asequibles que los Grandes Crus, y con suficiente volumen de producción para atender una demanda asiática creciente. Por eso digo que son los grandes triunfadores del 2010.

En realidad son una gran familia de vinos y una de las más importantes de Burdeos. En Médoc hay más de 1500 propiedades vinícolas que cubren más de 15.000 hectáreas de viñedos y los Crus Burgueses son más de 300, representando a 7 Denominaciones de origen: Médoc y Haut-Médoc (las más extensas), las pequeñas Listrac y Moulis, y las prestigiosas Margaux, Pauillac y Saint Estèphe, en las que los ensamblajes son dominados por el Cabernet Sauvignon.

En la cata en Londres realizada durante todo el viernes en los espaciosos salones de la British Academy, hubo muestras de 190 de los 260 châteaux clasificados y tuve el ritmo suficiente para catar un centenar de ellos. La verdad es que no hay nada más placentero y enriquecedor que una cata tranquila y sosegada, sin presiones ni multitudes apretadas!.

Además fue una ocasión única, por el nivel de los vinos 2010 y por una larga e ilustrativa jornada degustando junto a colegas famosos especializados en los vinos de Burdeos, como Jancis Robinson, Oz Clarke, Neal Martin (representante de Robert Parker para Burdeos, España y Latinoamérica), Chris Kissac (The Wine Doctor), Stephen Brook (Editor y colaborador de Decanter) y Julia Harding (Master of Wine y asistente de Jancis).

“Nuestra mención Cru Bourgeois es una marca de calidad, es anual, e implica que cada viticultor debe esforzarse todos los años para hacer el mejor vino posible porque está obligado a pasar un éxamen. El productor puede decidir no presentarse un año y volver al siguiente. El resultado de todo el proceso es una garantía para el consumidor, que beberá vinos de calidad, surgidos de una selección severa”, me explicó Frédéric de Luze, presidente de la Alianza.

La cata de la añada 2010 presentada en Londres, me dejó la impresión clara de que los objetivos se están cumpliendo, aunque algunos châteaux deben hacer mayores esfuerzos para ajustarse a parámetros más modernos de vinificación y a un gusto internacional nuevo.

Es necesario aclarar que no toda la producción del viticultor es calificada, sino que éste debe hacer una selección voluntaria y postula al exámen anual su mejor ensamblaje, su mejor vino, para conseguir la mención Cru Bourgeois. Ello le obliga a buscar siempre calidad.

La mayoría de los vinos fueron embotellados entre abril y junio, hace apenas tres meses, con lo cual están en una fase ambigua; algunos ricos y expresivos, otros cerrándose. De hecho, son vinos que apenas saldrán a la venta a fines de año y en el primer semestre de 2013.

Sin embargo la calidad es notable, homogénea y los ensamblajes tradicionales de Cabernet Sauvignon y Merlot, complejos, tánicos y con buena acidez que les augura longevidad. Pero como ninguna muestra es perfecta, encontré también que algunos productores dejaron pasar de lado una añada magnífica y sus vinos carecen de la elegancia y potencial que se esperaría de la cosecha 2010. Mientras los buenos Crus Burgueses soportan perfectamente 10 años de guarda -incluso más- y estarán en apogeo a partir de 2020, a un pequeño porcentaje de los clasificados no le doy ese augurio.

Para entender en conjunto la muestra, les cuento gráfica, textualmente y por Denominación de origen, mis impresiones finales de mi encuentro con los Crus Burgueses de Médoc:

Pimientas y carácter

PAUILLAC, una de las tres Denominaciones reinantes en Médoc, solo tiene 5 châteaux Crus Burgueses. Son vinos con gran carácter marcados por el Cabernet Sauvignon (70% en promedio). Mis preferencias son:

Haut Bages Montpelou: frutos rojos, moras, cremoso, pimientas y torrefactos, mineral con profundo sentido de terroir y gran elegancia. Clásico, gran potencial.

Fonbadet: Ciruelas y pimieta, algo cerrado, gran carácter, notas minerales y gran persistencia. Perfecto en 5 años.

La Fleur Peyrabon: el más afrutado, compota de cassis, ciruelas, intenso, notas finales tostadas, moka y café. Vibrante, con madera bien integrada, moderno.

Frescura y elegancia

Los burgueses de la denominación MARGAUX suman 11 y en general son vinos más florales, frutales y elegantes.  Un par de ellos los encontré algo rústicos y con taninos ásperos, por lo que deberán esperar varios años para suavizar la experiencia en el paladar. Me quedo con:

Mongravey: Floral (violetas), denso, ciruelas, moras, tostados suaves. Vino fresco, moderno, elegante y muy armónico.

Deyrem Valentin: Frutos negros, especiado, notas de tábaco y mineral. Vino complejo y tánico con gran potencial.

Paveil de Luze: Floral, fruta roja, ciruelas, mora y notas de moka. Vino especiado y persistente.

Potencia y mineralidad

Los vinos del norte en la denominación SAINT ESTEPHE, son usualmente poderosos, más tánicos y requieren de mayor guarda para redondear.  La experiencia con los 21 Crus Burgueses, muestra en general más elegancia y armonía:

Laffitte-Carcasset: un agradable descubrimiento por sus notas afrutas, frescura y elegancia. Un Saint Estèphe atípico, cremoso, salino, fresco, terroso y de estilo burgiñon (tipo Borgoña).

Beau-Site: Denso, con imponente mineralidad y notas de café y moka. Intenso, tánico y de gran carácter. Un clásico que regresa al primer nivel.

Coutelin-Merville: Color rojo granate oscuro, con fruta negra en boca, mineral y elegante. Vino cremoso. bien construído y de gran potencial.

Modernos y afrutados

En las denominaciones interiores MOULIS siempre es consistente, gracias a excelentes viñas de Merlot. Ofrece vinos amables, complejos, de guarda media y nivel superior. En sus 17 burgueses hay un viraje hacia vinos modernos y afrutados sin perder complejidad:

Pomeys: Ciruelas, mineral y pimienta, con notas de cuero, tábaco y moka. Final fresco, suave, elegante y de gran persistencia.

La Garricq: Vino afrutado y moderno, ciruelas, moras y cassis, con notas de café. Un clásico, elegante y largo en boca.

Branas Grand Poujeaux: uno de los vinos que más ha progresado. Color púrpura, perfume de violetas, boca plena de ciruelas, moras y regaliz, con final de café. Complejo, moderno y largo.

Los vinos de LISTRAC, la denominación más interior y en la que predomina el Merlot, son los que necesitan mejorar. Además, los complejos y apreciados châteaux de la zona cálcarea de Fourcas (Dupré, Hosten, Borie, Dumont y Loubaney), no se presentaron al examen. Entre los 13 Crus Burgueses sólo escogí dos porque en general encontré vinos tánicos y ásperos que responden a un estilo tradicional pero falto de elegancia y modernidad:

Correctos y tradicionales

Saransot-Dupré: Color púrpura, intenso, aromas florales de violetas y ciruelas negras. Complejo en boca, con notas de fruta pasa, minereal y torrefactos. Táninos poderosos que requieren guarda.

Cap Léon Veyrin: Color grante medio, intenso en nariz con dominio de frutos negros. En boca dominan los aromas afrutados au que sus táninos aún marcan mucho y le quitan elegancia.

Las anteriores cinco AOC (denominaciones o Apellations d’origine contrôlée), representan apenas una cuarta parte (el 25%) de los Crus Burgueses de Médoc  y una producción cercana a los 6 millones de botellas. El núcleo -más 200 productores- lo constituyen los vinos de la denominación Médoc (40%) y los de la más prestigiosa zona de Haut-Médoc que representa en promedio 12 millones de botellas anuales, el 35% del total.

La cata de estas dos DOC fue la más intensa de la jornada, por la diversidad y el número de muestras (130 entre ambas zonas).

Opulencia y complejidad

En el caso de los HAUT-MEDOC, predominan los vinos complejos, afrutados, modernos y elegantes, como los de mi selección:

Bernadotte: Uno de los más constantes en calidad, vinificado con los mismos cuidados que su hermano mayor, el Pauillac 2º Grand Cru Classé Pichon Longueville-Comtesse. Fruta roja, frambuesas, especies exóticas, intenso en boca. Termina en notas de cerezas, moka y mineral, largo y elegante.

Château de Braude: Vino moderno muy apreciado en China, pleno de fruta cocida, ciruelas y cerezas, con toques perfumados y florales de violeta. Boca fresca, opulenta y mentolada con notas suaves de cueros y futos negros. Gran armonía y elegancia. Profundo, delicioso.

Beaumont: Miembro de la Unión de vinos Grandes Crus de Burdeos, es un château que perteneció en el siglo pasado a un ministro hondureño y a un senador venezolano. Color granate oscuro, frutos negros, cerezas y cassis que despliega en boca notas frutales frescas de mora y ciruelas, café y moka. Termina en pimientas suaves con gran profundidad.

Larose Perganson: El gran vino del productor Château Larose Trintaudon (también Cru Bourgeois y muy comercializado en los supermercados franceses), conseguido a partir de las mejores viñas. De color rojo granate oscuro, es intenso en nariz, con notas florales de vileta y frutos rojos, moras y ciruelas. Elegante en boca, largo y especiado, con un final amable y mentolado.

Confieso que encontré armonía general entre los Haut-Médoc. Sin embargo, algunos productores abusan de la sobre-extracción y del uso de roble nuevo, consiguiendo vinos densos, tánicos y difíciles de apreciar antes de cinco años. Aunque los Haut-Médoc son vinos que soportan esos trazos, no es lo ideal para disfrutarlos jovenes y elegantes.

Oz Clarke siguiendo mi selección de Crus Bourgeois de Médoc 2010.

Entre los Crus Burgueses los MEDOC son mayoría y catarlos al final de la jornada me permitió coincidir en ellos con el siempre jovial Oz Clarke, uno de los más notables expertos en vinos de Burdeos y excelente colega.

Fue la degustación más variada y difícil debido a los distintos estilos y ensamblajes, en los que se utilizan las uvas Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc y Petit Verdot, en diferentes proporciones. Al final de la cata me decidí por 7 vinos -número de la suerte- que representan criterios de elegancia, calidad, individualidad, modernidad, tradición y placer al gusto:

Blaignan: Me gustó por su frescura y sencillez amable. Vino floral y afrutado, con tostados suaves. Interesante. Medalla de oro en 2012 en el Concurso General del Ministerio de Agricultura de Francia; otro sello de calidad.

Rolland de By: Un valor seguro de Médoc. Es 70% Merlot con 10% de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Petit Verdot. Vino moderno, con muchas notas torrefactas y roblado, pero armónico y elegante. Lo sigo desde 1998 y cada añada es más perfecta. Ciruela negra, cassis, moras y café. Redondo, amable, largo y especiado.

Tour Haut-Caussan: Un productor tradicional que es garantía de calidad. El mejor Médoc de 1996 -cuando lo descubrí- sigue fiel a su corte Cabernet Sauvignon-Merlot por partes iguales. Vino denso y perfumado, con aromas de violeta, pleno de fruta negra (ciruelas y cassis), que en boca despliega elegancia y termina en notas de café. Vino profundo.

Escot: Me sorprendió por cremoso y complejo, con aromas florales de violetas y fruta compotada fresca. En boca es elegante y mentolado, con notas torrefactas de café arábiga, pimienta y un largo final. Se diferencia de la norma general con un 70% de Cabernet Sauvignon en el ensamblaje y un 30% de Merlot.

Preuillac: Uno de los vinos que más ha progresado, de la mano de su dinámico propietario Jean-Christophe Mau y el consejo del activo enólogo Stéphane Derenoncourt. Color granate oscuro, fruta roja (moras y frambuesas), cremoso y mentolado, con un final largo y elegante, roble bien integrado y aromas de café. 

Labadie: No confundir con un châteaux homónimo en Cotes de Bourg (ribera derecha), de propiedad de Joel Dupuy. Este es un Médoc -del otro lado del río- perteneciente a Jèrome Bibey. Compota de ciruela negra, tostados de café y moka. Vino muy elegante, afrutado que termina con notas de pimienta y especies.

Lousteauneuf: Color púrpura, con notas de violetas y cerezas negras en nariz. Ensamblaje muy logrado de 55% Cabernet Sauvignon, 29% Merlot, 10% Cabernet Franc y 6% Petit Verdot. En boca se despliega amable y elegante, con taninos suaves y termina en aromas de ciruelas. Vino muy armónico.

DESCUBRA UN “CRU BOURGEOIS”: Los vinos Cru Bourgeois tienen desde la añada 2010, un sello universal de garantía. Para autenticar los escogidos se ha creado un sello adhesivo holográfico y obligatorio, que ha sido adoptado por todos los miembros de la Alianza y es una iniciativa única en terminos de garantía y lucha contra las falsificaciones. 

Cada botella está certificada y el comprador puede a través de una aplicación en su teléfono portable, leer el sello y el código. Será conectado directamente al sitio de la Alianza, donde se puede identificar la botella gracias a su número, y además encontrar la información de cada château con la ficha técnica, el tipo de ensamblaje y la historia del vino. Para el consumidor es un acercamiento casi completo al vino y una ayuda excepcional para su decisión, con referentes claros para convencerlo de comprar esa botella y disfrutarla.

Le invito a que lo compruebe con la botella de la foto, utilizando el lector de su teléfono portable!

Es tan innovador este enfoque que la Alianza de Crus Bourgeois ha comenzado a promocionar su sello de garantía en China, donde los dispositivos mobiles son omnipresentes en la vida cotidiana. Que mejor plataforma que el primer mercado actual de vinos de Burdeos para llevar una oferta fácil de identificar, con botellas autenticadas y certificadas.

Nadie había dado este paso en el mundo. Existen otros casos inviduales en Burdeos como los Château Margaux (Primer Grand Cru Classé en 1855) y Canon La Gaffeliere (Primer Grand Cru Classé de Saint Emilion), pero nunca a nivel de asociación de productores de vino. La familia de los Crus Bourgeois es pionera.

Grandes de Italia, entre “terroir” y modernidad

Son vinos de primer nivel de calidad, dignos representantes de la mejor producción de diferentes “terroirs” y una de las muestras más completas de un espectro vinícola que va del clasicismo a la modernidad y que cubre 12 provincias italianas y una veintena de denominaciones de origen.

Siempre es una cata fantástica y degustarlos juntos, una oportunidad exclusiva y afortunada, gracias al dinamismo del Instituto de marcas de vinos italianos de calidad que promueve la cultura y comercialización mundial de vinos con los más altos estándares de producción.

Se trata de una asociación de 19 bodegas de primer nivel; un club de grandes, que nos abrió sus puertas en el Instituto de Directores en Londres y organizó con el respaldo de la prestigiosa revista Decanter una cata de 76 vinos representativos, cuatro por productor.

Nombres insignes del vino italiano como Sassicaia, Antinori, Angelo Gaja, Michele Chiarlo, Mastroberardino, Alois Lageder, Biondi Santi, Pio Cesare, Masi, Tasca d’Almerita, entre otros, presentaron distintas añadas de algunas de sus mejores etiquetas, incluyendo vinos del siglo pasado, con más de una década de evolución en cava.

Además de la oportunidad magnífica, me quedó claro el dinamismo de la viticultura italiana de alta calidad, a pesar de la baja sustancial del consumo interno; una situación similar a la que ocurre en los otros dos grandes productores mundiales, Francia y España.

Independientemente de ese fenómeno, el futuro es positivo, a juicio del Marqués Piero Antinori, presidente del Instituto.

Dos emblemas italianos, Antinori y Tignanello.

“Hay diferencias en los mercados y podemos ser optimistas porque globalmente el consumo de vino está creciendo; lentamente, pero está aumentando año trás año”, me dijo.

Antinori, fue pionero en los años 70 con su vino ícono Tignanello, del gran movimiento de los vinos Super-toscanos (IGT, Denominación geográfica típica), junto a su tío, el Marqués Mario Incisa della Rocchetta, creador de Sassicaia y de la denominación de origen Bolgheri. Entre ambos crearon una verdadera revolución de calidad en los vinos italianos con la visión técnica del gran enólogo Giacomo Tachis, quien se retiró de las viñas y de la consultoría a fines del año anterior.

“Mientras en los mercados como Italia y Francia, los consumos internos están cayendo, porque eran muy altos y obviamente ahora están bajando, esa baja es compensada por el crecimiento del consumo en otros mercados del mundo. No es sólo en Asia, sino incluso Sur América y Estados Unidos, un mercado típico, que hace 15 años era pequeño y ahora, por primera vez, se ha convertido en el primer país consumidor de vino en el mundo, más que Francia e Italia. Obviamente que no es un aumento per capita, pero si en total”, enfatiza.

Piero Antinori considera positivos estos cambios y piensa que mientras el consumo siga creciendo en Estados Unidos, Hong Kong, China y Corea, ”los vinos top de Italia tienen un potencial de crecimiento porque su producción es limitada y en muchos casos no es grande”, dice.

Además, es importante considerar que la demanda de vinos finos es cada vez mayor, especialmente en los mercados asiáticos. “Hasta ahora, señala Piero Antinori, cuando se hablaba de vinos finos se pensaba únicamente en vinos de Francia, pero están comenzando a ser curiosos y también los de Italia, de España y de otros países entran en ese grupo”.

En cierta forma se puede decir que los vinos de Italia atraviezan un proceso de “rinascimento” porque la mayoría de productores buscan hoy ofrecer calidad.

Los cambios se aprecian más claramente en unos productores que en otros y en ciertas regiones son significativos. Hay vinos de corte clásico y de corte moderno, vinos de “terroir” y vinos constantes, denominaciones tradicionales y otras innovadoras.

Y los cambios incluyen además un relevo generacional que se aprecia en dominios renombrados en los que las mujeres herederas han llegado a los puestos directivos como Gaia Gaja, Laura Antinori y Priscilla Incisa de la Rocchetta.

Mientras tanto, cada vez más en las bodegas las enólogas son protagonistas, como Laura Orsi al frente de Tasca d’Almerita en Sicilia y Graziana Grassini, alumna adelantada de Giacomo Tachis y ahora vinificando Sassicaia en Bolgheri.

Y en los viñedos, las líneas de trabajo son diversas: Alois Lageder apunta a la biodinamia en el Trentino-Alto Adigio, Argiolas al rescate de uvas nativas en Cerdeña, en Toscana Biondi Santi desarrolla los clones históricos de Sangiovese y en Aglianico Mastroberardino rescata los clones prefiloxéricos.

Italia es históricamente dinámica. No debemos olvidar que fueron los romanos quienes extendieron los cultivos de la vid a lo largo de su vasto imperio y crearon hace 2.000 años la primera globalización del vino.

Veinte siglos después, la famosa bota italiana es un mosaico de diversidad vinícola. Pero mas allá de esa variedad y de los cambios frecuentes, los productores miembros del Instituto siguen un principio inmutable: convertir sus vinos en un sello de calidad.

SELECCION PERSONAL: La mayoría de los productores del Instituto de marcas de vinos italianos de calidad mostró cuatro vinos diferentes. Unicamente cinco bodegas presentaron dos añadas de una misma etiqueta para hacer una cata comparativa y apreciar su evolución: Biondi Santi presentó los Brunello de Montalcino de la Tennuta Greppo 2005 y 2007, Pio Cesare su Barolo 2000 y 2008, Rivera su Castel del Monte Il Falcone Riserva 2003 y 2006, Tasca d’Almerita el Rosso del Conte 2007 y 2008, y la Tenuta San Guido el Sassicaia 2004 y 2009.

Por ello mi TOP TEN de la cata se refiere a los vinos presentados y no a la producción total, que incluye innumerables marcas en el portafolio de cada bodega.

Ordenados de izquierda a derecha, los vinos y notas de mi selección.

Ordenados de izquierda a derecha, los vinos de mi selección con sus notas de cata:

- Prosecco Superiore NV, Cuvée Extra Dry, Conegliano Valdobbiadene, Carpenè Malvolti: delicioso y fresco espumante con una mezcla de notas cítricas, albaricoque y suaves notas de miel, que sin embargo no dejan traslucir los 15 gms/litro de azúcar residual. Perfecto aperitivo con gran persistencia.

- Torcicoda 2010, Primitivo, Salento IGT, Formaresca (Antinori): Uno de los proyectos más queridos de Antinori. Vino regional pero moderno, pleno de fruta roja, ciruelas y frambuesas, intenso y redondo. Un primitivo (Zinfandel) excepcionalmente elegante, con un largo final en boca.

- ANNATA, Morellino di Scansano 2009, Maremma, Castello di Montepò (Biondi Santi): Vino de color granate intenso, pleno de fruta negra que termina con suaves notas minerales. Elaborado a partir de clones del Sangiovese Grosso de Biondi Santi en Toscana, con un toque de 5% de Cabernet Sauvignon.

- Sassicaia 2004, Bolgheri, Tenuta San Guido: Vino delicioso, con taninos sedosos y en un punto perfecto de consumo. Conserva la fruta negra y las notas especiadas, dentro de un conjunto armónico de aromas torrefactos, cuero y nueces de expresión bordelesa gracias a su corte 85% Cabernet Sauvignon y 15% de Cabernet Franc.

- Rosso del Conte 2008 (Etiqueta provisional), Nero d’Avola, Tasca d’Almerita: Vino vibrante de Sicilia, compota de ciruelas negras y moras. Fresco e intenso en boca con las notas de fruta, gran persistencia y final con un toque de moka y grafito. Añada excelente que saldrá a la venta después de otros seis meses de añejamiento en botella. De allí la etiqueta provisional blanca.

- Torgiano Rosso Riserva Rubesco 2006, Vigna Monticchio, Lungarotti: Sensacional y complejo vino de Umbria. Corte de Sangiovese y Canaiolo, muy complejo en boca, largo y elegante, que termina en notas minerales y ligeramente salinas que expresan la fuerza del terreno arcilloso-calcáreo.

-Vogelmaier Moscato Giallo 2011, Alois Lageder: Sorprendente y delicioso vino blanco y vibrante. Despliega en nariz notas de fruta tropical y de miel, y tiene gran complejidad en boca. Expresa mineralidad, notas marinas y cítricas, con un largo y persistente final.

- La Forra, Chianti Classico Riserva 2004, Tenute Folonari: Perfecta evolución. Vino amable y complejo, especiado, con notas de frutos secos, pimienta blanca, cueros y fruta roja. Es un ejemplo perfecto de un Chianti tradicional en plena fase de expansión aromática y con un toque de 10% de Cabernet Sauvignon para potenciar el Sangiovese.

- Tunina, Vintage 1997 (en doble Magnum), Jermann: Sorprendente evolución hacia las notas de frutos exóticos y tropicales, piña y nueces. Perfecto ensamblaje de Chardonnay, Sauvignon Blanc, Malvasía, Ribolla Gialla y Picolit. Fue elaborado en formato doble Magnum para celebrar el cambio de milenio y gracias a la excelente añada y al gran formato, se ha conservado perfectamente y extendido su evolución a 15 años, cuando el máximo es normalmente de diez.

- Redimore, Irpinia, Aglianico 2010 (Mastroberardino): Producido a partir de clones de plantas prefiloxéricas de Aglianico, es un vino pleno de frutos rojos, ciruelas y frambuesas, que despliega en boca notas especiadas y termina en minerales, como corresponde a su origen volcánico. Largo, persistente y elegante, es complejo, expresivo y perfecto para los amantes de los vinos de “terroir”.

Malbec, Argentina y nuevos horizontes

Argentina es Malbec y lo seguirá siendo por largo tiempo.

Esta cepa de origen francés, adoptada como propia en el sur del continente americano, es la punta de lanza del vino argentino en el mundo y base de su estrategia de comunicación, de producto y de país.

Lo cierto es que aunque se cultiven con éxito más de una veintena de variedades internacionales y se haya iniciado un proceso dinámico de diversificación y búsqueda, el Malbec es omnipresente en el país y en las exportaciones argentinas, sujetas hoy al vaivén de una errática política cambiaria del gobierno, que desafortunadamente ha llevado a algunos analistas a considerar que el país no es un proveedor confiable debido a su inestabilidad macroeconómica.

Pero la realidad vitivinícola es otra y contra vientos y marea -a lo cual Argentina está acostumbrada desde hace más de medio siglo de alternancia de regímenes militares y gobiernos democráticos- la industria avanza gradualmente en los mercados internacionales, desarrollando oportunidades en Asia, Estados Unidos, latinoamérica y Europa, donde Gran Bretaña es un mercado fundamental.

“El Malbec no es una moda, es un producto y una caracterización del vino argentino, es su identidad”, me aseguró el director ejecutivo de Vinos de Argentina, Mario Giordano, durante la cata anual en Londres en la que 81 bodegas presentaron sus últimos productos y ofertas.

La muestra de Londres demostró esa vitalidad y me permitió comprobar que el proceso de crecimiento no se detiene, impulsado por dinámicos empresarios argentinos y ciertamente por una alta inversión extranjera en las bodegas, sobre todo de capitales franceses, chilenos, españoles, estadounidenses, portugueses, holandeses e incluso brasileños. El mercado mundial y los inversionistas han creído en Argentina y siguen haciéndolo.

Desde el grupo líder mundial de la industria de lujo LVMH (Moët Hennessy-Louis Vuitton), el famoso enólogo francés Michel Rolland (productor y consultor para varias bodegas), el grupo vinícola chileno Concha y Toro (líder en latinoamérica), el multimillonario estadounidense Donald Hess (propietario de Hacienda Colomé), el grupo financiero del Barón Edmond de Rothschild, hasta el conglomerado aeronáutico francés Dassault, la familia Bonnie, la compañía vinícola portuguesa Sogrape, el grupo bodeguero español O.Fournier, y el austríaco de la cristalería fina Swarovsky, son algunos de los grandes inversionistas que respaldan el potencial del vino argentino.

Los single vineyard de Trapiche son probablemente el mejor Malbec argentino

Y sin lugar a dudas, el Malbec es dominante y el estandarte internacional de Argentina, gracias a su riqueza aromática, su vigor, sus notas especiadas, taninos amables y sus diferentes expresiones, dependiendo del terreno, la altura y de la región en que esté plantado.

Hay que aclarar que Argentina no es sólo Malbec y tampoco es únicamente Mendoza. Oficialmente hay identificadas tres grandes regiones vinícolas: Salta (Cafayate y Catamarca) al norte, Cuyo (que incluye Mendoza, San Juan y La Rioja) en el centro, y la Patagonia al sur. Pero mientras los viñedos en Cafayate están a 2.00o metros sobre el nivel del mar, en Rio Negro están a 220. Entonces, hay Malbec para cada gusto y ello es una gran riqueza.

En ese sentido las bodegas históricas y prestigiosas del Malbec, como Trapiche, Catena Zapata, Achaval Ferrer, Mendel, Pulenta, Luigi Bosca, Finca Sophenia, Lagarde, Nieto Senetiner, Michel Torino y Graffigna, forman un núcleo argentino de reconocida calidad.

Emma Zuccardi, el mejor Bonarda del mundo, entre los blends Z y Magna

Pero además, en Argentina hay otras variedades tintas potencialmente muy interesantes como la Bonarda, que de sus humildes origenes en el Piamonte italiano es hoy la segunda más plantada y ofrece vinos florales, con mucha fruta y carácter, vibrantes y acordes para un paladar general y sin complicaciones. Las bodegas Zuccardi y Nieto Senetiner en Mendoza, son claros exponentes de la nobleza de esta cepa.

El Pinot Noir de la Patagonia argentina es otro ejemplo clásico de la diversidad, tanto de “terroir” como de bodegas, distribuídas desde San Patricio del Chañar (Neuquén) hasta Rionegro y más al sur. Vinos  minerales y exóticos al norte y densos, complejos y de carácter (a partir de cepas antiguas) en el sur. Entre las más representativas, encontramos de norte a sur la Bodega del Fin del Mundo, NQN, Familia Schroeder, Valle Pérdido, Del Río Elorza, Fabre Montmayou, Humberto Canale, Chacra y Noemía.

Corte argentino con toque belga

Y los Cabernet Sauvignon de cepas viejas en Cafayate, junto a los de Mendoza en La Consulta, Agrelo y Tupungato, son de una calidad única y están al nivel de los mejores del mundo. También hay buenas extensiones de Syrah, Merlot y Tannat.

Los blancos no se quedan atrás, gracias a la cada vez mejor explotada cepa Torrontés (de lejano origen español y ampliamente extendida), que permite vinos muy aromáticos, expresivos, de muy buena acidez, gran frescura, con notas cítricas y minerales. Se dice que en Argentina hay 3 Torrontés; el salteño (profundamente mineral), el sanjuanino-mendocino (floral y aromático) y el riojano (noble y frutal). Y como no solo de Torrontés vive el hombre, igualmente hay plantado Chardonnay (en Mendoza principalmente), y en menor médida Sauvignon Blanc y Chenin.

La gran tarea de Argentina está hoy en diversificar su oferta exportadora, en la cual los vinos de ensamblaje -blends- son cada vez más importantes y tienen bases diferentes, Malbec la mayoría, pero igualmente de Syrah, Cabernet Sauvignon y Tannat.

El camino y el enfoque están definidos, y gracias a ello el mercado mundial aprecia cada vez más los vinos de Argentina y comprende su riqueza, expresada en caractéres distintos que emanan de una franja de 1.500 kilómetros de zona vinícola, desde áreas de pre-cordillera, hasta el sur patagónico o el mar atlántico en cercanías de Viedma.

Selección personal: Nunca es fácil reducir una cata anual y seleccionar una muestra representativa. Debo aclarar que concentré mi trabajo de degustación en los vinos de Patagonia, Salta y Mendoza -en ese órden- y buscando expresiones distintas, innovación, riqueza aromática, elegancia y precisión. Mi idea de un vino es que invite a seguir consumiéndolo hasta el final de la botella, en una buena cena o con entremeses. La fruta, el dulzor y la concentración, no son los únicos parámetros. 

Además de los vinos reseñados en las fotos y el blog, he aqui mi caja de preferencias en la cata anual de vinos de Argentina:

- Tilimuqui Single Vineyard Organic Torrontés 2012, Cooperativa La Riojana (La Rioja, Chilecito): soprendente complejidad, notas cítricas y fruta blanca, perfecta acidez y gran persistencia. Gran vino para el comercio justo (Fairtrade).

- Domingo Molina Torrontés 2010, Bodega Domingo Hermanos (Salta, Cafayate): bella expresión mineral del torrontés, complejo, refrescante, notas cítricas muy elegantes y largo final en boca.

- San Pedro de Yacochuya 2008 (Salta, Cafayate, Valles Calchaquíes): Expresivo y complejo vino de Michel Rolland (85% Malbec y 15% Cabernet Sauvignon). Perfecto equilibrio para 15.4º de alcohol que no se ienten. Fruta fresca, complejo, con taninos sedosos y notas torrefactas y de chocolates. Una hora de decantación revelarán su magnificencia.

- AMAUTA II, 2011, Bodega El porvenir de Cafayate (Salta, Cafayate): delicioso y expresivo corte bordelés de Cabernet Sauvignon (60%) y Merlot (40%). Vino elegante y amable con taninos suaves, fruta y mineral, creado por el enólogo estadounidense Paul Hobbs, consultor de la bodega.

- Don David Finca La Urquiza No.8, Cabernet Sauvignon reserva 2010, Bodega Michel Torino (Salta, Cafayate): inmensa expresión de Cabernet Sauvignon plantado en 1960, gran perfume de violetas, fruta negra, mineral, pimientas y tostados.

- ALTIMUS 2009, bodega Michel Torino (Salta): delicioso corte de Malbec (68%), Cabrenet Sauvignon (25%) y Tannat (7%), a partir de viñas de más de 50 años de parcelas selectas. Fruta negra, ciruelas y notas de café con un final muy largo y fresco.

- Familia Schroeder 2005 (Patagonia, Neuquén): exótico y expresivo corte de Pinot Noir (54%) y Malbec (46%), con 18 meses en roble francés. Excelente armonía y persistencia de este vino ícono de la bodega.

- VERUM Cabernet Franc Reserva 2010, Bodega Del Río Elorza (Patagonia, Río Negro): primera añada con un resultado expresivo y complejo, gran concentración de fruta negra y especies, largo y equilibrado.

- Flechas de Los Andes Gran Corte, 2009 (Mendoza, Valle de Uco): ensamblaje de Malbec (60%), Syrah (20%) y Cabernet Franc (20%), complejo y gran equilibrio de fruta y roble, con notas de cassis, moka y torrefactos.

- ZUCCCARDI Z , 2009 (Mendoza): excelente corte de Malbec (66%), Cabernet Sauvignon (20%) y Tempranillo (14%), un fuera de serie en elegancia, complejidad y persistencia de fruta cocida, especies y taninos sedosos.

- Catena Alta Cabernet Sauvignon 2009 (Mendoza): floral, intenso, elegante, fruta y equilibrio. Alta expresión del cabernet mendocino.

- Achaval Ferrer Finca Bellavista 2008 (Mendoza, Perdriel): extraordinaria expresión de viñas centenarias (104 años) de Malbec a pie franco, en terreno calizo y con rendimientos mínimos de 12 hectolitros/hectárea. Vino complejo, elegante y exhuberante de fruta negra.

- Mendel LUNTA 2010 (Mendoza, Luján de Cuyo): un Malbec fresco y vibrante de la mano del gran enólogo Roberto De La Motta. Fruta y complejo, largo y equilibrado. Vino elegante para toda ocasión.

- AFINCADO, Single Vineyard Malbec 2007, bodega Terrazas de Los Andes (Mendoza, Vistalba, Las Compuertas): complejo y equilibrado, cremoso y compotado, frutos negros, notas minerales, gran expresión y complejidad de un Malbec con toque francés.

- Cheval des Andes 2007 (Mendoza, Vistalba): corte de 60% Malbec, 35% Cabernet Sauvignon, 4% Merlot y 1% Petit Verdot. Gran expresión de la vinificación de alto nivel de su hermano francés Cheval Blanc. Inmenso, complejo, pleno de fruta negra y cassis, cremoso y elegante, que necesita tiempo para redondear y suavizar sus taninos. Vino de guarda para una ocasión especial.

Chile viejo, Chile nuevo, Chile dorado

Los vinos de Chile están de moda y conquistando mercados con calidad y diversidad.

El año 2012 es probablemente el de mayor éxito para la industria vinícola chilena y sus marcas, lanzadas a la conquista del paladar mundial con una oferta sólida y variada que la ha consolidado comercialmente y le asegura el octavo lugar en la producción mundial.

Más importante aún, los vinos chilenos se han establecido prioritariamente en el gusto internacional como sello de garantía. Y todo ello es producto de una estrategia y de una decisión empresarial que en la última década sembró la imagen de calidad y que tiene como objetivo doblar las ventas mundiales en el año 2020.

Claudio Cilveti, director ejecutivo de Vinos de Chile explica que para el decenio en curso (2010-2020), se ha estimado un crecimiento del 9% en vólumen. “El objetivo es posicionar a Chile en todas las gamas del mercado, con vinos de una calidad superior a la que ya tienen y los esfuerzos están puestos en vinos que no representan grandes producciones pero demuestran la diversidad, carácter y capacidad de innovación”, nos explica Cilveti.

Y esa diversidad e innovación quedó demostrada durante el “tasting” anual (la cata anual) de vinos de Chile en Londres, en la que 80 bodegas presentaron una muestra cercana al millar de etiquetas de las últimas añadas.

En 2012 los vinos chilenos se consagraron en Gran Bretaña en los dos más grandes concursos mundiales de vino, Decanter (DWWA) y el International Wine Challenge (IWC), y en los cuales Rincón de cata participa como degustador. En el primero ganaron cinco de los 28 trofeos internacionales y dos de ellos en la gama de vinos finos, la categoría por encima de US$15: el sauvignon blanc 1865 de Viña San Pedro y el Pinot Noir T.H. de Undurraga .

En el IWC tres vinos fueron premiados; la edición limitada de Sauvignon blanc de la bodega Volcanes de Chile, el Pinot Noir Single Vineyard de Valdivieso, y el Syrah Eq de Matetic. En la cata anual pudimos degustar además otros 8 vinos triunfadores; en los concursos Sommelier Wine Awards y en los premios anuales de Vinos de Chile.

En una muy ilustrativa conferencia sobre el fúturo de la industria, el Master of Wine y experto británico en vinos de Chile, Peter Richards, destacó su calidad gracias a la riqueza geológica, la diversidad de “terroirs” y la variedad y antiguedad de plantaciones y cepas.

Según Richards, la mitad de las viñas chilenas tienen más de 15 años, en pleno proceso de madurez y vitalidad, lo cual garantiza un inmenso potencial. A través de una cata de seis vinos representativos, Peter destacó otro hecho clave; que los productores chilenos han dejado de ser conservadores y están asumiendo riesgos, innovando, extendiendo las áreas y valles de cultivo.

Me sorprendieron gratamente el carácter único -explosión volcánica, mineral y cítrica- del Sauvignon Blanc Laberinto 2011 (Viña Ribera del Lago, Cenizas de Barlovento) elaborado por Rafael Tirado y la complejidad del Pinot Noir Sol de Sol 2010, el nuevo proyecto del reconocido enólogo Felipe de Solminihac en Traiguen, en el Valle de Malleco (la plantación más al sur en Chile), que revela unos aromas de frambuesa fresca mezclados con intensas notas minerales de zinc y de óxido de hierro como se encuentra en los vinos de Pomerol.

Además, tuvimos la ocasión única y surrealista de probar un vino absolutamente confidencial: Ayllu 2011, producido a 2. 400 metros sobre el nivel del mar, en el desierto-salar de Atacama.

Mezcla de distintas cepas, se producen apenas 160 botellas anuales que salen de 400 parras y que entregan unos aromas fuertemente minerales, terrosos, fruta negra, tánico y extrañamente largo y secante en su final. Aunque no tiene la calidad de icono, demuestra la magia que encierra un terroir.

Las fronteras vinícolas chilenas se acercan hoy a la cordillera andina (en altura) y el sur y el norte. Y la producción está catalogada oficialmente en 14 valles principales que equivalen a Denominaciones de Origen (D.O.) y están distribuídos en 8º de latitud, desde Elqui en el norte (paralelo 30º) y cerca de La Serena, hasta Malleco, 38º al sur.

En 20 años Chile ha cambiado sustancialmente y de las producciones históricas en Maipo y el llamado valle central, se creció en diversidad, calidad y precio. Hoy día, un tercio de las exportaciones de vinos chilenos corresponde a botellas con valor superior a los U$10 y en ese segmento el crecimiento ha sido del 82% en los últimos cinco años; es decir en la gama de reservas y vinos finos. De hecho, en 2008 el icónico Clos Apalta de viñedos Lapostolle, fue elegido el vino del año por la reconocida revista estadounidense Wine Spectator.

"El desafío es duplicar las ventas en 2020"

Chile ya no es solo Merlot y Cabernet Sauvignon, aunque esta cepa sigue siendo básica en los principales ensamblajes y en los grandes vinos, dada su riqueza genética y la cantidad de viñedos antiguos. En los vinos tintos, hoy la producción está volcada igualmente a Carmenere, Pinot Noir, Carignan (Cariñena), Malbec (Cot), Syrah, Cabernet Franc, Petit Verdot y se experimenta con Cinsault, Sangiovese, Zinfandel y otras cepas, para producir varietales y ensamblajes. En los vinos blancos, Sauvignon blanc y Chardonnay son mayoritarios, pero Viogner, Riesling, Pinot Grigio, Roussanne, Marsanne y Gewurztraminer, son cada vez más representativos.

Para Michael Cox, director en Europa de Vinos de Chile, el buen momento actual es la culminación de un esfuerzo de dos décadas y en especial de los últimos cinco años, gracias al trabajo en los viñedos, a la inversión, la estrategia exportadora y el cambio de mentalidad.

“El futuro se augura muy positivo. La exploración de nuevas regiones vinícolas, especialmente en los extremos, el entendimiento del “terroir” y la confianza para tomar riesgos, son clave para continuar en esa senda. Chile era un jóven y ahora está maduro, tiene identidad, personalidad, carácter, individualidad y confianza en sus habilidades”, señala Cox.

El camino parece dinámico y claro. Los indicadores señalan que los mercados claves como Estados Unidos, Gran Bretaña, Europa y Asia, han entendido los nuevos vinos de Chile, los están aceptando lentamente (en el vino siempre se avanza lento) y respaldan el proceso con grandes oportunidades.

Es difícil escoger entre casi un centenar de vinos degustados y los encuentros positivos en la cata anual, pero hay bodegas que mantienen su línea de calidad, otras dan pasos adelante y otras me sorprendieron.

Entre las primeras, me gustó la nueva línea Terrunyo de Concha y Toro, los blancos de Errázuriz en Aconcagua (Chardonnay y un sensacional The Blend con cepas del Ródano), la selecta línea T.H. (Terroir Hunter) de Undurraga y los dinámicos vinos orgánicos de Emiliana con su línea Signos de Origen y las creaciones consagradas de Alvaro Espinoza, Coyam y Gè.

Dentro de las bodegas que siguen en ascenso, confirman su camino Valdivieso con un excelente Sauvignon Blanc, Maycas del Limarí con su Syrah Reserva especial 2009, Viu Manent con un sensacional Malbec Gran Reserva 2010 (superior al que ganó en 2009 en Francia el Malbec International Competition), Morandé con su edición limitada y un toque italiano del enólogo Ricardo Baettig, junto al fantástico Vigno 2009 de cepas antiguas de Carignan, y para cerrar, los complejos Centauri y Alfa Centauri de O.Fournier. También me gustaron mucho los Carmeneres de viejas viñas producidos por la jóven bodega TerraNoble.

Las novedades y sorpresas para mi fueron provienen de bodegas jóvenes. La primera es Vistamar, con sus excelentes ensamblajes Enki 2009 (60% Carmenere y 40% Carignan) y Gran Reserva 2009 (70% de Cabernet Sauvignon). Enki es el primer vino Ultra Premiun de la bodega, es complejo y mineral, con aromas de lecho de río, una boca opulenta con fruta negra y regaliz, especiado y elegante con un largo y suave final. El Gran Reserva -escogido mejor vino de Chile en 2011 en el concurso Citadelles du Vin en Francia- es cremoso, equilibrado, complejo y pleno de frutas negras, con notas tostadas de moka y café, caramelo y un vibrante final mineral.

La otra fueron los vinos de Viña Maquis a partir de viñas antiguas en Colchagua (un excelente Cabernet Franc y Malbec), elaborados por el discreto y magistral enólogo Jacques Boissenot, que ha sido el consultor de los primeros Grandes Crus de Burdeos (los châteaux Lafite Rothschild, Mouton Rothschild y Latour) y de los mejores vinos de Médoc, y quien aceptó el desafío en Chile.

Maquis, con una etiqueta innovadora (una colección de piezas orfebres Mapuches) y unos vinos varietales vibrantes, es una novedad interesante que tiene su mayor expresión en el ensamblaje de cinco cepas, Lien 2008, con notas de fruta negra, mineral de grafito y pimientas suaves que invitan a compartir una buena cena de carnes, previa una hora de decantación como mínimo.

Conclusión: El esfuerzo de los productores chilenos está claramente enfocado hacia la diversidad y la busqueda de nuevas expresiones y facetas del vino austral, y los pasos en ese camino son firmes. Diría sin temor que atrás quedó la época de los vinos chilenos de calidad pero de similar estructura. El fúturo muestra, como ocurre en los países que históricamente han marcado la viticultura mundial (Francia, Italia, España), un caleidoscopio de etiquetas que responden hoy a valles, regiones, sub-regiones, pagos, “terroirs”, cepas, ensamblajes y conceptos diversos, que enriquecen la oferta mundial. Es un momento ideal para la industria vinícola chilena