Rosas amarillas para decirle adios a “Gabo”

Gabriel García Márquez no murió de 100 años de soledad. Tenía apenas 87 cuando se durmió para no despertar, pero rodeado con el amor de su familia.

Tampoco murió de cólera, ni en ningún laberinto, sino en su casa, en Ciudad de México, donde desde hace apenas seis meses parece haber comenzado una danza mácabra para la literatura latinoamericana, en un ciclo que empezó con su gran amigo Alvaro Mutis el 22 de septiembre pasado, y continuó este año con los poetas Juan Gelman (enero 14) y José Emilio Pachecho (enero 26), y el filósofo y miembro de la Academia de la Lengua Luis Villoro.

Y ahora “Gabo”. La suya tampoco fue una muerte anunciada. Y menos una crónica. Al contrario, una historia y un legado de una magia increíble.

La última sonrisa del Premio Nóbel el 6 de marzo, día de su cumpleaños 87.

Agnóstico declarado, el Premio Nóbel de Literatura 1982, decidió morir el Jueves Santo, el mismo día que Úrsula Iguarán, la matriarca y compañera de José Arcadio Buendía, fundador de Macondo, el pueblo mágico en el universo del escritor colombiano.

Pero “Gabo” no murió ciegó a los 122 años, si no senil y olvidando gradualmente su memoria. Según relata el autor, Úrsula Iguarán (el personaje que le inspiró su abuela Tranquilina Iguarán Cotes, apasionada de  las  leyendas y de las  fábulas y que tanto influyeron en el infante), había perdido la cuenta de su edad ocupada en sostener a la familia insigne de Macondo.

Hace poco más de un mes, el pasado 9 de marzo (3 días después del cumpleaños de “Gabo”), había muerto en Bogotá su hermano menor, Gustavo García Márquez, de 78 años. Luego le sobrevino una infección pulmonar y de vías urinarias que obligó a su internación entre el 31 de marzo y el 8 de abril en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, de la capital mexicana.

El prolífico escritor de Aracataca, había sido dado de alta y desde el 8 de abril recibía cuidados médicos en su casa, pero según varios allegados sufría mucho y estaba muy débil. Sus hijos llegaron y toda la familia pudo estar reunida y acompañarlo en el desenlace.

Tal vez, igual que su personaje, el escritor alcanzó a dar las últimas e inapelables instrucciones a los miembros del clan García Márquez para sus exequias, que han comenzado con millones de mensajes de condolencias y miles de rosas amarillas que cubrirán su féretro y lo acompañarán a su morada final, que hasta ahora es una incógnita. El escritor colombiano residía permanentemente en México desde 1981 y su obra cumbre “Cien años de Soledad” fue escrita en ese país, al igual que buena parte de sus textos más importantes.

Igual que Aureliano, Gabriel García Márquez, antes de llegar al suspiro final, “ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o de los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”

Rosas amarillas para despedir a "Gabo", el genio literario del Realismo Mágico.

“Gabo” no ha muerto. Su genio es vital para la literatura universal y en su homenaje, invito a los amantes de su “realismo mágico” a que todos portemos en la solapa una rosa amarilla, aquella con la que el escritor se sentaba a diario frente a su máquina a crear sus textos universales.

James Hunt, pasaporte a una vida feliz

James Hunt llegó a la Fórmula Uno en 1973 y durante seis años -cual una ráfaga de viento exótico- la refrescó e iluminó con su decidido golpe de volante y su estilo de vida descomplicado y frenético, igual que lo fueron los años 70.

Se fue de las pistas tal vez antes de tiempo, con un título de campeón mundial (1976), dejando a los aficionados de la F1 huérfanos de su magnetismo contagioso, y miles de admiradoras por doquier.

En seis años en la Fórmula Uno, James Hunt ganó el título de 1976 y 10 Grandes Premios.

Aunque dejó el volante en la misma pista donde debutó, en Mónaco, Hunt siguió aferrado a la Fórmula Uno en calidad de comentarista de las carreras para el servicio de Televisión de la BBC de Inglaterra junto al famoso narrador Murray Walker. Y lo hizo hasta su prematura muerte -de un ataque cardíaco- el 15 de junio de 1993, dos días después del Gran Premio de Canadá. Tenía 45 años.

James Hunt iluminó con su magia a innumerables personas y para muchas de ellas fue un billete de felicidad. Yo fui uno de los afortunados.

Este fin de semana he vuelto a ver el filme de Ron Howard, RUSH (titulado en español Pasión y Gloria), centrado y  bastante ceñido a la realidad en el duelo intenso protagonizado en 1976 con el austríaco Niki Lauda, su gran rival de Ferrari, al que le ganó el título mundial por un punto.

Enemigos en pista, camaradas fuera de ella. James le "usurpa" el puesto al campeón Lauda.

Y lo hice porque hace 36 años, un domingo ( el 9 de abril), fue publicado mi primer artículo periodístico y James Hunt fue su protagonista.

Cuando nuestros caminos se cruzaron en la tarde del jueves 6 de abril de 1978 en el hoy desaparecido Autódromo Internacional Ricardo Mejía en Bogotá (Colombia), Hunt, sin saberlo, me marcó para siempre y  le dió el banderazo de partida a mi vida periodistica (hoy las carreras se largan con semáforo), me abrió las puertas del mundo y fue mi pasaporte a una vida feliz con cientos de caminos recorridos, aventuras cumplidas, sueños conseguidos y otros más aún por realizar.

James Hunt inspiró mi periodismo y creo que nuestra historia merece ser contada.

Yo sigo la Fórmula Uno desde 1971, cuando me encontré la revista francesa Sport Auto y me enamoré de las carreras. Un año antes se había realizado un Gran Premio de Fórmula 2 en Colombia , para inaugurar el circuito Ricardo Mejía, ahora demolido y sus terrenos urbanizados.

Empecé a seguir los Grandes Premios por televisión y me dediqué a comprar con mi mesada escolar cuanta revista encontraba: las francesas L’Automobile y Sport Auto, británicas como Autosport y Motoring News, la inolvidable revista argentina El Gráfico, y la italiana Autosprint, y a organizar los recortes de los periódicos, incluyendo O’Globo, que me obsequiaban al final de la semana en la Embajada de Brasil en Bogotá y que relataban todo el proceso de los pilotos brasileños y su estrella principal Emerson Fittipaldi.

Me aprendí de memoria los nombres, las historias , los números, los cascos, para ser un día comentarista de la F1 cuando llegara a Colombia, como era el proyecto del Autódromo. Por cierto, el casco de James Hunt tenía a los lados sobre el fondo negro los colores de la bandera colombiana , pero invertida : rojo, azul , amarillo.

La mirada penetrante y aguda de James era un arma de conquista.

Antes de terminar mi bachillerato yo era entonces un “tuerca” de alto nivel, que se amaneció el 24 de octubre de 1976 frente a la pantalla de TV (en Colombia la carrera se transmitió a la 1.00am) para seguir el GP de Japón en Fuji, que ganó Mario Andretti con Lotus y en el que se coronó James Hunt.

A pesar de mi fiebre automovilística, para darle gusto a mi padre comencé a estudiar química en 1977. Me fui a Cali, a 500 kms al oeste de Bogotá.

Pero en abril de 1978 , James Hunt, que estaba corriendo su tercera temporada para el equipo McLaren junto con el francés Patrick Tambay, visitó Colombia en una gira promocional del patrocinador, la tabacalera Philip Morris (Marlboro), aprovechando la pausa de un mes entre el GP de Long Beach en EE.UU-Costa Oeste (abril 2) y el GP de Mónaco el 7 de mayo.

La gira incluyó República Dominicana y Puerto Rico. En Colombia James y Patrick Tambay visitarían el Autódromo, recorrerían el circuito en un artesanal Fórmula 3-Colombia (basado en los chasises Van Diemen de Fórmula Ford inglesa), se reunirían con los pilotos colombianos y darían una charla técnica. Además de ello, estaba prevista una reunión oficial con el presidente Alfonso López Michelsen, quien había estudiado en Oxford.

En ese momento nuestro único prospecto profesional de llegar a la Fórmula Uno era Roberto Guerrero, quien competía en los campeonatos de Fórmula Ford en Gran Bretaña. Con Roberto nos conocimos y nos convertimos en amigos a final de ese 1978 y durante cuatro años, hasta su llegada a la F1 en 1982 con el modesto equipo Ensign, fui su jefe de prensa para Colombia.

El primer piloto colombiano en Fórmula Uno: Roberto José Guerrero, Ensign-Ford N180B-Cosworth.

Mi encuentro con James empezó a rodar en el periódico regional de Cali, El País. Fui a hablar con el Jefe de Deportes, Jorge García, a quien le expliqué el tema, mi pasión por la Fórmula Uno, le mostré mis albunes de recortes, y le dije que yo podría entrevistar a James Hunt. Entre sorprendido y tal vez abrumado por mi desparpajo, me dijo que SI y me explicó que en Bogotá había un centr0 de información del diario llamado CIEP, Centro Informativo El País, que atendía a cuatro periódicos; El Pais de Cali, La Patria de Manizales, El Heraldo de Barranquilla y El Colombiano de Medellín.

Entonces, en secreto y después de 12 horas en autobus (que yo tuve que pagar) llegué en la mañana del miércoles 5 de abril a Bogotá, directo a las oficinas del diario. Por supuesto que nadie me conocía pero el diario me acreditó para ir al circuito a mi “cita” con James Hunt el jueves, acompañado del fotógrafo Gustavo Sánchez.

Mi padre casi me expulsa de la casa esa tarde cuando le dije lo que estaba haciendo en Bogotá. Sólo cinco años después, frente a mis desarrollos periodísticos y mi transcurso, logró entender y aceptar el agresivo golpe de timón que le dí a mi vida ese mes de abril.

Logré la entrevista con James y además fui el único que hablé con Patrick Tambay, desconocido para la prensa local y quien cumplía su primera temporada con McLaren.  Yo estaba feliz.

Debut con primicia. Domingo, Abril 8, 1978, El País, Cali, Colombia, Sección Deportes, página 7C.

Mi vida cambió ese día. Decidí ser periodista y a los dos meses abandoné la Química. Para mi padre, químico, fue un golpe duro y se negó a pagarme mis estudios de periodismo. Lo hice al principio con el dinero que ganaba como colaborador de deportes para el CIEP y luego con mi salario cuando entré a trabajar en la internacionalmente conocida Radio Caracol, con la cual gané el premio de periodismo José Ortega y Gasset en 1989 en España y vine a Europa.

Hay más historias alrededor de ese momento, pero la principal es que James Hunt fue mi pasaporte a una vida feliz.

Trás dejar la química regresé a Bogotá y me entregué al periodismo deportivo escribiendo de Automovilismo, haciendo los camerinos de Fútbol y la Hípica. Luego, en 1979 me convertí en el narrador oficial del Autódromo, después llegué a la TV nacional y narré la Fórmula Uno de los años 80, fui Jefe de Prensa del piloto Roberto Guerrero, transmití las 500 Millas de Indianapolis y llegué a entrevistar a otros grandes campeones como Mario Andretti, Keke Rosberg, Nelson Piquet, Emerson Fittipaldi y Niki Lauda. Además cumplí en 1997 mi sueño de crear una revista de automóviles en Colombia (AUTOS, con el periódico El Espectador), y al final escribí la enciclopedia de la Fórmula Uno, cuando trabajé en Londres con la BBC, donde James Hunt cumplió la segunda parte de su vida como comentarista de Fórmula Uno.

James fue la chispa que encendió mi camino cuando tenía 19 años.

Lo recuerdo claramente: bastante alto, descomplicado, de un inglés clásico y educado, voz sonora, con su cigarrillo en la mano, ofreciéndome unos minutos de su vida , aquella tarde de abril en los pits del Autódromo de Bogotá. Yo no era aún periodista y nunca había escrito nada antes. Pero James fue muy sincero conmigo.

Estaba cansado de las preguntas sobre su estilo de vida, pero profundamente conmovido por la muerte de muchos de sus compañeros en la pista. Era una época muy trágica y entre 1973 y 1977, luego de su debut en F1, habían muerto Roger Williamson, Francois Cevert, Peter Revson, Helmut Koinnig, Mark Donohue y Tom Pryce. Me dio entonces la primicia y me dijo que estaba considerando retirarse pronto.

Hunt debutó en 1973 en Mónaco con Hesketh y se fue de la F1 con Wolf en 1979. El equipo canadiense abandonó al final de esa temporada.

Nadie pensó que hablaba en serio. Y un año después, tras el Gran Premio de Mónaco el 27 de mayo de 1979, abandonó las carreras. Más que la primicia, James Hunt me dió un gran regalo para mi vida: me abrió la mente para disfrutar el mundo.

Nunca nos volvimos a encontrar. Cuando llegué a Europa en 1989 tenía la intención de buscarlo. Después de vivir en España y Francia, me radiqué en Bélgica y pensé en escribirle a la BBC. Pero murió antes de que mi camino me trajera a Londres.

Este blog es mi homenaje, en recuerdo de cómo nuestro encuentro marcó mi vida.

EPÍLOGO: Mi pasión por la Fórmula Uno fue y ha sido tan intensa, que varios de mis grandes colegas colombianos que me conocen desde mis inicios, decidieron darme el fantástico y representativo sobrenombre de Fórmula. Debo agradecer y reconocerle ese genio providencial y sincero a los maestros Orlando Cadavid Correa, Oscar Domínguez Giraldo y a los grandes periodistas deportivos Alberto Piedrahita Pacheco (Alias “El Padrino”) y Jairo Anchique Bacca de Associated Press y por muchos años Editor de la Cabalgata Deportiva Gillette. Hola Fórmula?, Que hubo Fórmula?, era y sigue siendo hoy su saludo. FELIZ, es mi respuesta. Gracias por su bautizo.

BACCHUS llega en 2014 a su mayoría de edad

España es el tercer productor mundial de vinos y BACCHUS el concurso internacional más importante del país. Este año cumple en Madrid su duodécima edición pero el evento nació en 1996 y en su primera fase era bi-anual.

Se puede decir que después de 18 años Bacchus ha llegado a su mayoría de edad.

Organizado por la renombrada Unión Española de Catadores (U.E.C.), cada año evoluciona en la calidad de muestras presentadas, la diversidad de su origen y el primer nivel del centenar de catadores y degustadores internacionales que juzgan los vinos en competencia.

Para 2014, la organización, a cargo del Presidente de la UEC, Fernando Gurucharri y su gerente Miguel Berzosa, han logrado el respaldo del famoso Instituto de Masters of Wine en Londres y conseguido que en cada mesa de cata participe un Master of Wine (MW), para dar mayor lustre al concurso. En este sentido, Bacchus es la única competencia internacional reconocida y certificada por la Organización Internacional de la Viña y el Vino, OIV, que incluye tantos Master of Wine (una decena) en su selecto grupo de catadores.

La sonrisa del éxito

Bacchus es igualmente el único concurso internacional de vinos en España que pertenece a la Federación Internacional de Concursos de Vinos (VINOFED), en la que están representadas varias de las más reputadas competencias a nivel mundial.

Además del reconocimiento internacional de la OIV, también tiene el apoyo del gobierno español, específicamente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España (Magrama).

Cerca de 1.800 muestras provenientes de unos 25 países serán catadas en cuatro jornadas de degustación que se celebran en el hermosísimo y afamado Casino de Madrid, el escenario más imponente de todos los concursos de vinos en que he tenido ocasión de participar a lo largo de los últimos 15 años.

Un lugar mágico, imponente e histórico; un altar de cata.

El selecto grupo de catadores invitados cada año lo integran enólogos, Masters of Wine, Masters Sommelier, destacados periodistas especializados y prescriptores, incluyendo los más importantes periodistas españoles del vino, como Andres Proensa (Editor de la revista PlanetAVino y la Guía Proensa), Cristina Alcalá y Víctor de la Serna, redactor de la sección elmundovino.com. Se trata de un plantel de jueces profesionales de gran independencia y experticia, para formar un grupo de primer nivel que respalda las medallas otorgadas en el concurso Bacchus.

BACCHUS 2014: La edición número 12 del concurso se celebra este año del 14 al 18 de Marzo en Madrid, con la participación de un centenar de catadores españoles e internacionales, que tendrán la misiòn de degustar más de 1.600 vinos provenientes de una veintena de países. Las jornadas de cata a ciegas se realizarán durante las mañanas en el Casino de Madrid.

VINALIES Internationales: dos décadas de éxito

El más técnico y exigente de los concursos vinícolas mundiales celebra en 2014 en Paris su vigésimo aniversario y Rincón de cata es uno de sus invitados.

Vinalies Internationales llega a su mayoría de edad, consolidado como una de las degustaciones más serias y demandantes para los selectos catadores que tenemos cada año la fortuna de ser invitados al panel principal, orientado por varios de los más calificados y distinguidos enólogos de Francia y del mundo.

Sello de calidad, Garantía de imparcialidad

El principal sello de garantía es su dirección; la Unión de Enólogos de Francia y su directora Béatrice DA ROS -fundadora del concurso en 1993- cuya energía y disciplina han elevado a Vinalies al primer plano mundial. De sus inicios con menos de 500 muestras, hoy Vinalies recibe 3.500 provenientes de más de 40 países productores y convoca a catadores de 40 nacionalidades. La progresión ha sido constante, del 93% hasta 2003 (2268 vinos) y del 54% entre 2004 y 2014.

“Debemos ser exigentes porque valorar con objetividad un vino, exige mucha preparación, disciplina y experiencia. Pero no deseo que ese juicio sea únicamente de enólogos y por ello siempre hemos defendido la necesidad de balancear ese conocimiento con expertos internacionales, grandes periodistas del vino, productores y renombrados sommeliers”, señala con claridad Béatrice DA ROS. De latinoamérica participan Chile, Argentina, Brasil, México, Uruguay y Colombia.

En Vinalies, durante cinco días y en cata ciega, los degustadores analizan, discuten y valoran los vinos, para determinar si son merecedores a un reconocimiento internacional (medallas). La exigencia es mayúscula puesto que a los  catadores sólo se les informa la añada de los vinos.

Otro de los factores en favor de la respetabilidad de Vinalies Internacionales es que se rige por las normas de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) con su ficha de cata en la escala de 100 puntos y paneles de entre 5 y 7 degustadores por mesa, en los que todos los puntajes cuentan (en otros concursos se eliminan el mayor y el menor). Además, hecho fundamental, está autorizada la discusión de cada vino y el presidente del panel incentiva esta dialéctica en el análisis vinícola.

En todos los otros concursos regidos por la OIV, excepto en Vinalies, la discusión en el panel es mínima y sólo ocurre cuando el presidente de mesa lo convoca. Esta falta de deliberación es una de las principales críticas que le hacen al proceso de calificación los concursos anglosajones como el International Wine Challenge (IWC) o el Decanter World Wine Awards (DWWA), en los que si se discute cada vino.

Pero estas connotadas competencias, que reunen anualmente más de 10.000 muestras, no son estrictamente “catas a ciegas” y los degustadores recibimos previamente varios detalles de los vinos, que nos ayudan y facilitan nuestro juicio. En Vinalies, la única facilidad es que la ficha de cata está computarizada y ligada a la red informática del concurso, de manera que no hay forma posible de alterar un resultado después de que el catador ha marcado su puntaje.

No entro ahora en discusiones bizantinas sobre la validez de unos u otros, pero trás mi experiencia personal de más de una década catando en los 15 principales concursos internacionales de vinos, he llegado a la conclusión de que Vinalies es el más exigente y me lleva al máximo nivel de preparación, concentración y análisis. Es una prueba de fuego en mi calendario y el inicio de mi temporada anual de competencias vinícolas (no de las catas, que comienzan en enero y se prolongan hasta los primeros días de diciembre; prácticamente todo el año, con el descanso de Agosto).

“Es muy importante tener notas de cata de los vinos degustados y no sólo un puntaje. Así aprovechamos el saber de los catadores y valoramos aún más sus conceptos. No son máquinas de puntuación”, explica Béatrice DA ROS. En 2014 somos 146 catadores de 41 países, y del grupo son 77 franceses.

Un gran respaldo al concurso lo da la famosa editorial francesa  Hachette, que anualmente publica en su colección Hachette Pratique el libro “Mil Vinos del Mundo”, de más de 350 páginas, recogiendo los resultados de Vinalies Internationales, con comentarios de degustación, fotos y direcciones de los productores. Y el sello final de garantía es la norma ISO 9001 (versión 2008) otorgada a la competencia, que anualmente se revisa con inspectores que nos siguen durante una de las cinco sesiones de cata. Es el único concurso vinícola mundial que cuenta con este reconocimiento internacional de calidad.

Vinalies en crecimiento: La progresión del concurso de los enólogos de Francia es constante. Desde su primera edición en 1993 con 438 muestras, creció más de un 500% en los primeros 10 años (2268 vinos en 2003), y luego un 54% entre 2004 y 2014. En esta vigésima edición degustaremos 3.503 vinos, entre el 1 y el 5 de marzo.

Grandes Burdeos 2011: el año de la ribera derecha

La añada 2011 de los Grandes Crus de Burdeos no es extraordinaria como sus dos predecesoras pero si muy interesante y con expresiones frutales muy seductoras que  confirman la buena calidad de los Merlot y convierten a los vinos de la ribera derecha en los grandes ganadores.

En líneas generales, los vinos más sobresalientes del año son los de Saint Emilion -con algunos de nivel sensacional- y los Pomerol. También se destacan los blancos y tintos de Pessac-Léognan.

En la márgen izquierda del Gironda, los taninos elegantes de los Saint Julien y de buena parte de los Pauillac y Saint Estephe, dan la nota de un año que ofrece en botella mejores expresiones de lo que se especulaba tras la degustación “en primeur” (anticipada) hace año y medio.

Después de catar 95 vinos (17 de ellos blancos) de los 130 que fueron presentados en Londres, me queda la impresión de que 2011 es una añada sorpresa, mejor de lo inicialmente pensado, y que dentro de cinco años empezará a generar comentarios favorables en las mesas gourmet. Probablemente no será una añada de guarda larga pero si de expresión frutal y frescura, con vinos de menor grado alcohólico que sus antecesores y ciertamente no tan complejos.

Los vinos blancos son frescos, muy aromáticos y minerales; brillan por su homogeneidad con excelentes expresiones del Sauvignon Blanc en los Pessac-Léognan y Graves. Entre estos vinos blancos destaco por su frescura y expresividad los de los Châteaux de Fieuzal, Olivier, Pape Clement, Smith Haut Lafitte y Picque Caillou.

Aclaro que a pesar del ritmo constante a lo largo de la degustación anual de la Unión de Grandes Crus de Burdeos (UGCB), me quede sin catar los 15 vinos dulces de Sauternes y Barsac, que según la mayoría de mis colegas especializados, se destacan por su gran calidad y también salen triunfadores.

Y támpoco me alcanzó el tiempo para otra quincena de vinos tintos del interior de Médoc, los Listrac, Moulis y Haut-Médoc.

Un mes atrás, los “Crus Burgueses” 2011 habían dado la médida inicial de una añada que definitivamente fue más favorable a los Merlot, como lo confirmaron ahora los Grandes Crus de la ribera derecha.

En general, los productores se mostraron serenos pero optimistas en sus comentarios sobre los vinos.

“Es muy difícil calificar una añada luego de las históricas 2009 y 2010, que fueron excepcionales en Burdeos”, me dijo Vincent Priou, enólogo-director de Château Beauregard en Pomerol. Y me recordó que después del año 2000, la siguiente añada fue inicialmente menospreciada por la crítica. “Hoy, los vinos del 2001 se muestran elegantes, con mucho carácter y gran estructura”, me argumentó.

Yo estoy de acuerdo con Vincent, e incluso soy más optimista. En los últimos cinco años, a lo largo de múltiples degustaciones de los vinos 2001 de Pomerol y Saint Emilion, he encontrado que una buena parte de ellos son superiores a los 2000. Incluso muchos productores de la ribera derecha me han confesado que el factor “milenio” jugó en contra de la gran calidad que hoy exhibe esa añada semi-olvidada.

Con ello no estoy diciendo que 2011 vaya a tener igual desarrollo o que vaya a superar a las añada 2010 y 2009. Como a todo vino, hay que darle su tiempo debido y seguramente que superará las expectativas, para convertirse en lo que los bordeleses llaman un “millésime clasique”, es decir, una añada clásica.

Entre los 78 vinos tintos catados, hubo uno que me emocionó sobre manera y creo que está llamado a ser uno de los grandes de la añada 2011: Château Figeac, primer Gran Cru Classé “B” de Saint Emilion. Mi único punto de comparación es el sensacional Château Ausone, Primer Grand Cru Classé “A”,  que tuve oportunidad de catar en dos ocasiones en Saint Emilion -junio y julio- con su propietario Alain Vauthier, y que me había dado el aviso de lo que es un vino fuera de serie, por encima de 95 puntos.

Con sobrada razón mis colegas de la Revue du Vin de France los consideraron como los dos mejores vinos de la connotada Denominación de origen. Sin embargo, no tengo referencias directas de los Châteaux Cheval Blanc, Angelus y Pavie. Pero la verdad es que los otros siete primeros Grandes Crus de Saint Emilion presentados en Londres -sin incluir dos de la nueva clasificación 2012 que está en litigio legal-, al igual que la mayoría de sus hermanos menores (los Crus Classés), son vinos de alto nivel, muy equilibrados, con taninos sedosos, muy buena fruta, mineralidad, frescura y amables en el paladar; por encima de los 90 puntos.

Y en cuanto a los Pomerol, sin alcanzar la opulencia de sus vecinos, se muestran muy elegantes y suaves en boca, con mucha fruta roja y taninos amables. La mejor expresión la encontré en los Châteaux Clinet (seductor), Gazin (elegante), Beauregard (fresco) y La Pointe (afrutado). Se agotó el tánico y complejo Château La Conseillante y además me falta degustar íconos como Petrus, Le Pin y Lafleur, y los excelentes Vieux Château Certan, L’Eglise-Clinet, l’Evangile, Le Gay, Trotanoy y La Fleur Petrus, que no son miembros de la UGCB.

En cuanto a las otras Denominaciones de origen, las más homogéneas son Pessac-Léognan (en blancos y tintos) y Saint Julien, mientras que en Saint-Estèphe, Pauillac y Margaux, hay más asimetrías.

Pero como siempre, el tiempo y la guarda, nos darán la última palabra sobre el real potencial de la añada. Será interesante volver a degustar estos vinos 2011 dentro de tres años, para aproximarnos a la respuesta, y luego en 2021, diez años después de la cosecha, para encontrarla.

No olvidemos nunca que con los grandes vinos, al igual que con los bebés, siempre hay que tener paciencia. Estos Grandes Crus 2011 de Burdeos apenas tienen 4 meses en botella; están naciendo!.

Mi selección de los Grandes Burdeos 2011 por Denominación de origen y en órden alfabético:

- Graves y Pessac-Léognan (blancos): Chantegrive, Bouscaut, Carbonnieux, Chantegrive, Domaine de Chevalier, de Fieuzal, Olivier, Pape Clement,  Picque Caillou, Smith Haut Lafitte.

- Graves y Pessac-Léognan (tintos): Les Carmes Haut-Brion, Domaine de Chevalier, Haut-Bailly, Larrivet Haut-Brion, Malartic-Lagraviere, Olivier, Pape Clement, Picque Caillou, Smith Haut Lafitte.

- Saint Estèphe: Lafon-Rochet, Ormes de Pez, Phelan Segur.

- Pauillac: Batailley, Grand-Puy Ducasse, Grand-Puy-Lacoste, Lynch Bages, Pichon-Longueville, Pichon Longueville Comtesse de Lalande.

- Margaux: Brane Cantenac, Dauzac, Durfort-Vivens, Kirwan, Lascombes, Du Tertre.

- Saint Julien: Beychevelle, Branaire Ducru, Gloria, Langoa Barton, Saint Pierre, Talbot.

- Pomerol: Beauregard, Le Bon Pasteur, La Cabanne, Clinet, Gazin, La Pointe.

- Saint Emilion Grand Cru Classé: Balestard La Tonnelle, Canon La Gaffeliére, Cap de Mourlin, La Couspaude, Grand Mayne, Larcis Ducasse, La Tour Figeac, Villemaurine,

- Saint Emilion Premier Grand Cru Classé: Beau-Séjour Bécot, Canon, Figeac, Clos Fourtet, La Gaffeliere, Pavie Macquin, Troplong Mondot y Trottevieille.

* El vino en color corresponde a mi preferido en cada Denominación de origen.

Tradición y elegancia, la vigencia italiana

Italia es el primer productor mundial de vino y la fuerza de su viticultura radica en un amplio mosaico con decenas de cepas nativas, suelos de diversos origenes y un grupo de bodegas líderes de primer nivel mundial que son la punta de lanza de la calidad.

Son los miembros de un club muy exclusivo de 19 familias de consagrados viticultores, reunidos en el llamado Instituto del Vino Italiano de Calidad, con el credo de producir únicamente vinos de primer nivel y de promover esa imagen de grandes marcas.

Todos los productores son garantes de la tradición, de la innovación, y del estilo e identidad de cada región vinícola representada en el grupo.

Se presentaron por segundo año consecutivo en Londres y estuvieron algunos de los hombres más famosos de este universo de calidad. Con ellos tuve oportunidad de aprender de su sabiduría enológica, catando y discutiendo sus vinos.

La sonrisa y sabiduría de más de medio centenar de añadas

Michele Chiarlo es un hombre de una vitalidad extraordinaria, una de las leyendas de la zona del Piamonte, famoso por sus Barolos, Barbarescos y Barberas, y quien elaborará  este año su cosecha número 58!. Chiarlo fundó su bodega en 1956 en Monferrato (Barbera) en las 5 hectáreas de propiedad de su padre y dos años después elaboró su primer Barolo.

“En esa época el vino italiano no tenía presencia internacional porque los que se exportaban eran muy simples y nos tocó trabajar solos, como pioneros, junto a los enólogos Giacomo Tachis y Ezio Rivella (padres de la moderna viticultura italiana), para demostrar que se podía producir vinos de alta calidad”, me dijo Michele, recordando sus comienzos.

Sus vinos buscan la elegancia y armonía, al estilo de los grandes Borgoñas de los cuales es un fanático y en los cuales encontró su inspiración. Hoy sus hijos están completamente implicados totalmente en mantener ese estilo en todos los 23 vinos que produce la bodega en 110 hectáreas de viñas, 60 de ellas propias. El Barolo Cerequio 2004 es fantástico, fresco, especiado y profundo, a la imagen de su creador. Un vino de 94 puntos.

En Piamonte, Gaja es otro nombre emblemático, que en los últimos años ha extendido sus dominios hasta la Toscana y la distribución de vinos finos. Su dueño, Angelo Gaja es un embajador permanente, en el sentido literal, hasta el punto que nos hemos encontrado dos veces en un avión. Estaba de viaje y no vino a Londres y támpoco su hija Gaia, quien presentó el año anterior los vinos y está cada vez más implicada en la dirección.

Gaja es considerado uno de los grandes innovadores en Piamonte y quien introdujo hace 50 años la poda en verde para elevar la calidad. Situado en Langhe, sus Barolos y Barbarescos son vinos de lujo que compiten en precio con los Primeros Crus de Burdeos.

Entre la gama presentada, su vino Langhe (Barolo) Sperss 2008 es magnífico en una añada intermedia, con bello color rojo granate, notas suaves de tostados y café, frutos rojos y en boca elegante, especiado e intenso. Bien merecidos sus 94 puntos.

La toscana es una de las tres regiones más importantes en la producción de vino en Italia, y en el grupo de Grandes Marcas hay cuatro excelentes bodegas con nombres ilustres.

Como el año pasado, Priscilla Incisa della Rocchetta, la hija del marqués Nicolò Incisa (presidente de la Tenuta San Guido) que produce el famoso vino Sassicaia de la denominación de origen Bolgheri, presentó dos vinos; Guidalberto 2009 y un fantástico Sassicaia 2010, pleno de fruta, clase y modernidad, un bebé con muchos años por delante para evolucionar hacia una pieza maestra, que para mi gusto es el mejor que hasta ahora se ha producido y mereció 96+ puntos.

La verdad es que jamás había sentido taninos tan delicados y ningún vino de las añadas anteriores que había catado, me produjo tanto plácer inmediato.

Y es que el plácer y la calidad abundaron la jornada de los grandes vinos italianos, organizada con el apoyo de la revista Decanter en el histórico y céntrico Instituto de Directores en Pall Mall.  El día se inició con una presentación privada -un vino por bodega- ante los Master of Wine, que dirigió y lideró el Marqués Piero Antinori (presidente del Instituto del Vino Italiano de Calidad), continuó con la prensa especializada y los importadores y concluyó con una sesión abierta al público consumidor.

Antinori es uno de los íconos de la Italia vinícola y el creador de los famosos vinos IGT (Indicación Geográfica Típica) que permitieron modernizar la producción y elevar el nivel de los vinos de Toscana, muy encasillados en los Chianti.

Su famoso vino de mesa (Vino da Tavola) Tignanello también alcanzó en 2010 una de las notas más altas y es uno de los mejores elaborados hasta hoy. Basado en un 80% de Sangiovese, es una joya de vino, con tostados suaves, especiado, fruta densa sin ser opresiva y una persistencia y elegancia notables. Otro vino superior, en la escala de los 95 puntos.

Otro icono de Toscana, considerado uno de los personajes más relevantes en Brunello de Montalcino, fue el gran ausente del día. Aunque cada vez viajaba menos y su hijo Jacopo lo representaba, Franco Biondi Santi era una de las leyendas de Italia y sus vinos están considerados entre los más ilustres del mundo.

Franco Biondi Santi, uno de los revolucionarios del Brunello, murió el pasado 8 de abril en su casa campestre de Villa Greppo, la misma donde me recibió en marzo de 2009.

Una leyenda que perdura a través de sus vinos.

Esta foto se la tomé al frente del histórico portal de la bodega, luego de una visita y un almuerzo maravilloso en que nos ofreció un extraordinario Brunello de Montalcino Biondi Santi de 1983, vital y elegante. En Londres fue presentada la añada 2008 que perfectamente podrá recorrer otros 20 años como mínimo. Un vino de carácter, frutoso y especiado, con aromas florales y notas mentoladas, al que le dí 94 puntos.

De la Toscana me desvié entonces a su vecina Brescia, donde Chiara Lungarotti produce un sensacional Torgiano Reserva; el Rubesco Vigna Monticchio con base en las uvas Sangiovese y Canaiolo.

Chiara presentó la añada 2007 de este “single Estate” que deslumbra por sus aromas minerales que recuerdan su suelo arcilloso, notas especiadas de gran persistencia. 93 puntos bien ganados y aún mejor que el 2006 presentado el año anterior.

Y para cerrar la jornada me dirigí al Alto Adigio, donde la familia Lageder produce vinos desde 1823 y desde 2007 elabora según la biodinamia.

Alois Lageder es famoso por sus vinos blancos (Pinot Blanco, Pinot Gris y Chardonnay) que transmiten las notas calizas de las montañas Dolomitas, vinos frescos y vibrantes. Pero en esta ocasión quedé fascinado por su Lindenburg 2009, un tinto elegantísimo que produce a partir de la uva Lagrein , pariente lejano dedo de la Teroldego y que sobresale con  notas de ciruelas negras, especies, taninos sedosos, frescura y una muy notable persistencia en boca. Un descubrimiento muy interesante para cerrar con otros 94 puntos la jornada entre los grandes maestros del vino italiano.

Fue un día exigente pero la recompensa valió la pena, con personajes y vinos fantásticos, que muestran la fortaleza de una Italia vinícola que avanza gracias a la disciplina de estas familias entregadas a producir únicamente calidad, socias de un “club” de grandes vinos que decide por consenso y no por moda o imposición como cierto desacreditado político que en los últimos años manipuló el poder en Italia a su antojo para beneficio de sus veleidades y ambiciones personales.

La ambición del Instituto del Vino Italiano de Calidad es totalmente lo opuesto. Se tiene un objetivo y un horizonte común para beneficio no solo de sus bodegas sino del conjunto del vino del país. De cierta forma es una constante histórica que data del imperio romano; llevar la buena vid al mundo. Y los italianos han sido grandes pioneros y embajadores de las vides y por ende, de los vinos.

Instituto del Vino Italiano de Calidad: Es una asociación que reune a 19 de las más importantes bodegas familiares, todas ellas grandes marcas que tienen como credo la excelencia y calidad vinícola y el objetivo común de promover el vino italiano de primer nivel a través del mundo.

Su presidente actual, el Marqués Piero Antinori, es precisamente uno de los productores más conocidos en el mundo y asume su papel como conferencista, embajador y promotor, en las diferentes presentaciones anuales del Instituto a través del mundo; Australia (Sidney y Melborne), Corea del Sur, Singapur, Rusia (Sochi y Moscú), Canadá (Toronto y Montreal), Japón (Tokio), Brasil (Sao Paulo), Estados Unidos (New York y San Francisco) y Londres.

Las bodegas que lo integran son Alois Lageder, Ambrogio e Giovanni Folonari Tenute, Antinori, Argiolas, Biondi Santi Tenuta Greppo, Ca’ del Bosco, Carpenè Malvolti, Donnafugata, Gaja, Jermann, Lungarotti, Masi, Mastroberardino, Michele Chiarlo, Pio Cesare, Rivera, Tasca d’Almerita, Tenuta San Guido, y Umani Ronchi.

Crus Burgueses 2011: heterogéneos e inquietantes

La selección de los vinos “Cru Bourgeois” de la añada 2011 presentada en Londres, me dejó la sensación de que en el conjunto de la región de Médoc -la llamada margen izquierda de Burdeos- sobresalieron los vinos con mayoría de Merlot o con al menos una tercera parte de esta cepa en el ensamblaje.

Sin embargo, no hay punto de comparación con la gran calidad de las tres añadas anteriores, especialmente las extraordinarias 2009 y 2010. Los cabernets sauvignon -mayoritarios en Médoc (orilla izquierda)- no lograron su mejor punto en la difícil añada 2011, que tuvo una de las vendimias más precoces desde que se tienen registros en Burdeos.

Entonces, como por arte de magia, los Merlot (uva principal de la orilla del frente!) llegaron al rescate para salvar una añada que los bordeleses consideran “buena” y yo me arriesgo a calificar de correcta y realmente muy heterógenea en el nivel de sus vinos ya terminados.  Es mi segunda impresión, trás haber probado durante el último año una buena cantidad de ellos en su proceso de crianza, directamente de la barrica, y a la espera de su puesta en botella.

Para tratar de ser lo más equilibrado posible me atrevo a señalar que los vinos de Burdeos 2011 se beberán pronto, tendrán una guarda y una vida corta, y serán una opción muy interesante para restaurantes, compañías aéreas y la gran distribución. Es una añada para disfrute de los consumidores y cuyos vinos deberán tener precios mucho más abordables que los de sus antecesoras, en un momento de estancamiento del mercado.

La Selección Oficial 2011 se anunció el martes en Burdeos. En su cuarto año de aplicación, la rigurosa muestra de la Alianza de Crus Burgueses redujo de 260 a 256 los vinos escogidos para llevar el sello de distinción Cru Burgués, una referencia histórica de los vinos bordeleses que se remonta a la edad media y es anterior a la famosa de 1855 que estableció los Grandes Crus Classés como el máximo nivel de los vinos de Burdeos y referente mundial de calidad.

Los Crus Burgueses vinieron a Londres por segundo año consecutivo. De los 256 vinos seleccionados en la añada 2011 fueron presentados 183 que representan siete denominaciones de origen: Médoc, Haut-Médoc, Listrac, Moulis, Margaux, Pauillac y Saint-Estèphe. En conjunto estas etiquetas significan el 30% de la producción total de Burdeos y cerca de 30 millones de botellas anuales.

De cata, Jancis Robinson y Juan Carlos

La mayoría de estos vinos recibieron el tapón y la cápsula en junio y catarlos, apenas tres meses después, permite encontrar rasgos indicativos pero no necesariamente definitivos sobre su futuro y evolución. Pero diría que a partir de 2016, cinco años después de la vendimia, seguramente darán mayor plácer. Inclusive puede que antes, en un par de años y luego de una buena aireación.

No se debe perder de vista que la añada 2011 fue una de las más difíciles de los últimos 15 años en Burdeos y los Crus Burgueses -el segundo nivel de calidad de los famosos vinos franceses de Aquitania- muestran una calidad muy diversa. El clima atípico (invierno seco, primavera cálida y verano frío) obligó a los productores a trabajar constantemente en el viñedo y a vigilar mucho las plantas para conseguir vinos de calidad acorde con su estatus. Pero no todos tuvieron los recursos para sufragar los costos extras.

La cata fue larga y compleja, compartiendo con algunos de los más importantes colegas profesionales como la famosa crítica Jancis Robinson, Neal Martin -delegado de Robert Parker para Burdeos-, Chris Kissack -The Wine Doctor- y una decena de Masters of Wine.

Me concentré inicialmente toda la mañana en las cinco denominaciones regionales (Listrac-Médoc, Moulis, Margaux, Pauillac y Saint Estèphe) y caté los 44 vinos que constituían la totalidad de la muestra.

Un burgués de nivel "Cru Classé"

Quedé gratamente impresionado por el buen nivel de los Saint Estèphe, los vinos del norte, y me encantó el Château Beau-Site al que otorgué un puntaje 92+ y que en mi concepto fue el mejor de la presentación general; denso, afrutado, especiado, elegante y mentolado, con notas de cassis, cereza negra, moka y café suave con tostados ligeros gracias a un buen manejo de la barrica. Un vino excelente, al nivel de los Crus Classés.

En la tarde mi tarea fue más difícil porque nunca será fácil escoger de entre casi 140 vinos de las denominaciones Médoc y Haut-Médoc, e igualmente imposible catarlos todos. Enfoqué mis esfuerzos en 30 de las referencias del mercado internacional y al final encontré vinos correctos y modernos, sobre todo en Haut-Médoc, pero algunos demasiado marcados por la madera y algunos con taninos ásperos, lo que me confirmó los problemas del Cabernet en la añada.

Al final me quedé con los extremos: la elegancia y frescura de Château Paloumey y el moderno y tánico Château Belle-Vue, ambos vinos de 89-90 puntos. En conjunto, los Haut Médoc degustados son vinos que van de 86 a 89 puntos. En cambio entre los Médoc, el nivel es inferior y quedé preocupado porque una buena parte apenas alcanzaba los 85-86. Pero destaco dos vinos que acompaño desde hace más de 10 años y que siempre han mostrado regularidad y calidad en aumento: los châteaux Rollan de By y Preuillac (ausente en la foto).

De izquierda a derecha: Saransot-Dupré (Listrac), La Garricq (Moulis), Deyrem Valentin (Margaux), Beau-Site y Coutelin-Merville (Sain.Estèphe), Belle-Vue (Haut-Médoc), Fonbadet (Pauillac), Paloumey (Haut-Médoc) y Rolland de By (Médoc).

Ciertamente que mi selección personal es bastante restrictiva porque en  Burdeos se quedaron 73 etiquetas de las 256 y en Londres me faltaron por catar otras 106. Pero los 10 Crus Burgueses 2011 que escogí creo que son la mejor representación de la selección oficial de la Alianza y de las denominaciones de origen que hacen parte de ella.

Y aunque encontré pocos vinos de un nivel superior y excepcional, la cata fue un buen anticipo para esperar ahora el comportamiento de los Grandes Crus Classés -que se presentarán mundialmente en Octubre- para tratar de vislumbrar con más claridad el verdadero potencial de la añada.

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Niveles de Crus Burgueses: la referencia corresponde a una selección anual y una clasificación de vinos de Burdeos de calidad y de un nivel de precios que varía entre 5 y 15 euros, lo que los hace muy apreciados por el consumidor.

Sin embargo esa disparidad de precios está en relación con la calidad y por ello, hacia el futuro se estudia hacer aún más estricta la selección y restablecer los niveles utilizados anteriormente; Cru Burgués Excepcional y Cru Burgués Superior. Pero esa clasificación fue causa de problemas en el pasado y de su desaparición legal. El presente recomienda prudencia, consolidar el nuevo sistema para convertir en valores seguros los vinos con la referencia Cru Burgués, y luego si iniciar la discusión interna. Pero todos son conscientes de la necesidad de establecer una jerarquía más rigurosa.