El año que vivimos en peligro

Hoy termina mi año sabático!

Confieso que fue involuntario, forzado por circunstancias ajenas -incluyendo un delicado período clínico- que trastocaron abruptamente mi salud, mi tiempo y mi disciplina de trabajo desde mediados de junio.

Me he apropiado del título del galardonado filme de 1982 “El año que vivimos en peligro”  del director australiano Peter Weir – quien proyectó al mundo a Mel Gibson- para describir los últimos meses y este silencio forzoso de “Mi Rincón”.

Encrucijada de mi tiempo

Pero este año de intensos sobresaltos vivido “en peligro”, concluye voluntaria y simbólicamente en vísperas del sábado 9 de mayo, Día de Europa, el continente que me acogió y ofreció realizarme plenamente feliz.

He reaparecido completamente con mi crónica para el periódico colombiano El Espectador sobre las elecciones generales en Gran Bretaña y la disyuntiva para el Primer Ministro David Cameron. Junto a Radio Caracol,  El Espectador es una de mis dos primeras grandes  casas periodísticas (1979 y 1981, respectivamente), en las que se forjaron mis cimientos.

En este histórico diario, uno de los más antiguos del continente americano (1887) y considerado en 1994 como uno de los 8 mejores del mundo,  el genio del realismo mágico y fallecido Premio Nobel de literatura, Gabriel García Márquez se consagró como cronista a partir de 1954 cuando llegó de Barranquilla, y luego de corresponsal en Paris.

Mi contacto con “Gabo” fue mínimo (tres saludos fugaces) y jamás tuve clases de periodismo o de crónica con él, pero su técnica y su manía de jugar con las imágenes me encantaron. Siempre he dicho que mi maestro, mi “Gabo”, se llama Arturo Jaimes Triana, un excelente cronista y colega en mis inicios incipientes en Bogotá en el Centro Informativo del diario regional de Cali,  El País. Arturo era notable, con una sensibilidad única; igual le daba vida y sentido mágico a una transacción económica, que a la soporífera discusión de una ley en el congreso o a un simple gol en el estadio, pues igual que yo, empezó escribiendo de deportes. Y El Espectador fue el periódico que mejor proyectó nuestras plumas. Con el periódico  he sido corresponsal en Europa después de 1990, fundé en 1996 la revista Autos (otra de mis pasiones) y ahora en Londres, he vuelto a ser su corresponsal desde junio anterior.

La “béndita” llamada

La última entrada en mi Blog, celebrando mis Bodas de Plata en Europa está fechada el viernes 23 de Mayo de 2014.

La consagración del "Aguila de Cómbita"

El martes siguiente tomé un avión hacia la bellísima y fraternal Québec, la “capital” francófona de Canadá, invitado por tercer año como catador internacional al Concurso Vinícola “Seléctions Mondiales des Vins”, el más importante de norteamérica bajo las reglas de la Organización Internacional de la Viña y del Vino (OIV), entre el 27 y el 31 de Mayo.

Allí, entre colegas entrañables como el catador italiano de Florencia, Emanuele Pelucci (antiguo periodista deportivo) gozamos juntos la victoria histórica del “Aguila de Cómbita” Nairo Quintana en el Giro d’Italia. Para celebrarlo, el sábado 30 me vestí con la única camisa rosada que tenía, de manga corta que facilita el manejo de la cata.

Y con esa felicidad en el alma volví el martes 3 de junio a Londres, dispuesto a consagrarme a escribir y a disfrutar el Mundial de fútbol, que luego me daría las mayores emociones del verano europeo en medio de las angustias y el estrés inesperado que habría de golpearme.

Diez días después de mi vuelta, el viernes 13, la dueña del apartamento que rentamos desde septiembre de 2002 nos llamó desde España para decirnos que vendría el lunes para hablar con nosotros. Yo pensaba que era sobre los arreglos de pintura y renovación que habíamos acordado realizar en el luminoso baño que nos daba diariamente la emoción de recibir el sol del amanecer mientras nos duchabamos o de contemplar la luz de la luna en la bañera.

Esa tarde se fundieron dos bombillos en los espacios que más disfrutabamos (la sala y la cocina donde yo, el chef, libero mi creatividad) y mi esposa Sissy, la “chief”, predijo que algo no estaba bien. Tenía razón.

El lunes 17 de junio la dueña nos pidió el piso porque iba a vender. Debido a la crisis se regresaba de España. Sonia siempre fue gentil, hasta el final. Nos dió tres meses de preaviso cuando por ley son apenas dos, nos ayudó al trasteo con su esposo Jan (quien venía a hacer los “famosos” arreglos en el baño) y amigos, con camión incluído.

Trasteo con goles en medio

Hay amigos entrañables que siempre están presentes y son angeles guardianes. En todo este proceso abrupto, dos profundos colegas de la BBC, la uruguaya Alejandra Martins y el siempre amable connacional Juan Carlos Jaramillo fueron claves. Alejandra, una periodista completa, multilingue, generosa y con la voz radial más dulce, sonora y clara, que yo haya escuchado en 35 años de experiencia radial, fue el puente vital para conseguir el nuevo apartamento, gracias a sus amigas del servicio árabe de la BBC. Y el tocayo, abogado y musicólogo graduado en el King’s College de Londres, ex-director de la Radio Nacional de Colombia y periodista de planta y productor de la famosa temporada de conciertos del verano (los PROMS) de la emisora musical BBC3, nos ayudó con dos viajes de trasteo en su camioneta familiar.

El resto del menaje, incluyendo decenas de botellas de vino y mi colección de whiskies de Malta, fue llegando gradualmente en dos maletas y un troley que cargaba cada dos días en el bus 436 direccción al sureste de Londres. Uff!. Que odisea!. Debo decir que los dueños de nuestra nueva vivienda, ambos periodistas (Huda, iraquí y Paul, escocés) fueron igualmente generosos y nos entregaron las llaves a principios de julio para facilitar que empezaramos el transporte en un verano que tuvo un par de semanas de 27 grados bajo los cuales quedabamos exhaustos.

Goleador y revelación del Mundial 2014

Y todo esto en pleno Mundial de fútbol, con una selección Colombia que nos hizo vibrar y soñar, con un James Rodríguez convertido en el goleador y la revelación. Nos consagramos gracias a los futbolistas bajo la batuta sabia y serena de José Peckerman, y hoy nos miran distinto y nos respetan. Es la “Diplomacia deportiva” de los balones y las bielas, un tema que comparto con mi gran amigo Embajador de carrera, Ignacio Ruiz Perea. Los músculos de nuestros ciclistas, fútbolistas o atletas, hacen más por la buena imagen del país que muchos políticos y funcionarios. Ellos limpian con su esfuerzo y disciplina lo que unos pocos se han encargado de manchar por su ambición desmedida y la delincuencia.

Así que mientras trasteaba, nos emocionamos con la media volea de James a Uruguay -convertida en el mejor gol según la Fifa-, se nos empañaron los ojos cuando entró Farid Mondragón a cerrar el partido con Japón y escribir un record de longevidad, y lloramos viendo erguido al gran capitán Yepez junto al vacío doloroso de la promesa James, al final de la injusta derrota con Brasil, vapuleado días después por la aplanadora alemana ante el desconcierto de la “torcida” que nunca fue humilde para contemplar la lejana pero cierta posibilidad de un segundo Maracanazo!

Pasada la “redonda emoción del balón” aceleramos cual Fórmula Uno y a finales de agosto, antes de los tres meses de preaviso y trás 12 años de vida en el apacible barrio de Kennington, próximo al río Támesis y al centro de Londres,  estabamos estrenando espacio en Southwark, más al sureste, plenos de cajas para ordenar y en labor de reconocimiento del nuevo barrio, rutas de transporte y cálculo del tiempo. Apenas si alcanzamos a disfrutar la terraza interior llena de plantas que nuestra vecina Debbie mantiene con gran cariño y que es un remanso de paz dentro del ruido de la ciudad.

Encuentro con la “Trés Bon Millesime” 2014

A mediados de septiembre, apenas tres semanas después del cambio, partí rumbo a Burdeos para seguir durante dos semanas el desarrollo de la vendimia, en un ejercicio profesional que cumplo rigurosamente cada año desde 2009 cuando fui entronizado como Commandeur en la Cofradía de vinos de Burdeos, la más importante del mundo.

Alimento para el espiritu creativo

Es una forma única y seria de anticipar el potencial de la añada y vivir directamente la experiencia de la cosecha junto a los productores, saludar amigos viticultores, visitar bodegas y preparar nuevos reportajes que tenía previstos para mi Blog y la revista española PlanetAVino  del reconocido periodista Andrés Proensa, para la cual soy colaborador desde 2003 e hice la cata de los Grandes Crus de Burdeos 2003.

Fue un viaje fantástico por los viñedos en ambas orillas del río Gironda, con reuniones, entrevistas, almuerzos, comidas y catas en varios de los Chateaux más importantes y mundialmente renombrados: Haut Brion, Domaine de  Chevalier, Smith Haut Lafite, Haut Bailly y Fieuzal en Pessac Leognan; Chantegrive, Leognan y otras propiedades en Graves.

Luego rumbo a Pauillac para almorzar en Mouton Rothschild con su director Philippe Dhalluin y visitar  Pichon Longueville Comtesse, Pontet Canet (donde probé el espectacular 2010 que me acompañó hasta la cena) y Haut Bages Liberal de mi amiga Claire Vilars Lurton, gran conocedora de Colombia; otro almuerzo con mi amigo Jean Triaud en Chateau  Saint Pierre en Saint Julien, y luego la visita del fantástico Chateau Calon Segur en Saint Estephe, que abre sus puertas por primera vez luego del cambio de propietarios.

Y luego rumbo a la ribera derecha con más emociones y el máximo de mi tour profesional: PETRUS, en Pomerol, de la mano del gran enólogo Jean Claude Berrouet y su hijo Olivier (ex-Cheval Blanc) y responsable actual. Genial para entender la magia de este mito bordelés.

Luego, saludo y discusión temática sobre la añada en Vieux Chateau Certan con su genio y dueño Alexandre Thienpont y en Chateau Bourgneuf con mis adorables amigos de la familia Vayron que me entronizaron en 2013 en la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén y la Cruz de Malta.

Y para cerrar, el Tour de mi entrañable Saint Emilion con almuerzo, visita y cata del fantástico 2011 en Cheval Blanc con su enólogo Pierre Olivier Clouet, otro buen amigo; luego probando uva en el viñedo en mi reencuentro con Nicolás Audebert a quien conocí en Cheval des Andes en 2007 en Mendoza y acababa de regresar a Burdeos para hacerse cargo del Primer Gran Cru Classé de Saint Emilion, Chateau Canon y de Rauzan Segla, segundo Gran Cru Classé de Margaux. Nicolás cambió de escudería (del grupo LVMH a Chanel), dejando atrás el Polo y la precordillera andina para tener un pié en cada orilla de la Gironda (Rauzan Segla en la ribera izquierda, Canon, en la derecha).

De nuevo el saludo a mis amigos d e Chateau Angelus, la despedida con mi profunda amiga Nelly de Moulierac que venía de vender el maravilloso y confidencial Grand Cru Classé Chateau La Clotte (15.000 botellas al año) a Alain Vauthier de Chateau Ausone. Le adquirí de recuerdo una Magnum de su fabulosa añada 2010 para disfrutarla en 20 años, igual que el espectacular y cotizado Chateau Peby Faugeres de mi amigo de vieja data, Alain Dourthe, director técnico del viñedo más extenso de Saint Emilion y de todas las propiedades del magnate suizo Silvio Denz.

Y en el descanso, el encuentro con un promisorio y jóven enólogo español de 23 años con nombre ilustre: Alvaro Castillo, apadrinado por el Hombre del Año Decanter, Alvaro Palacios, cabeza visible de la revolución de los vinos del Priorato. Alvaro jóven con Castillo, Alvaro consagrado con Palacios.

Y aquí fue Troya…

Volví a Londres el 3 de octubre con un maravilloso bagaje de conocimiento e información, confiado y seguro de que la añada 2014 será un “trés grand millesime”, es decir “muy buena” y superior a muchas de la década anterior, con un largo potencial de guarda, tal como ahora lo han señalado los expertos luego de la campaña “primeur” de abril.

Pero diez días después empezó mi calvario de trastornos digestivos que me enseñarían nuevas formas de ver la vida y me dieron una lección sufrida e inolvidable.

Las molestias afectaron seriamente mi ritmo y mi participación en catas se redujo al mínimo cuando mi disciplina es de entre dos y tres semanales. Sólo estuve en la presentación el 13 de octubre por la Unión de Grandes Crus Classés de Burdeos de la dificil cosecha 2012,  que significó para mi una decena de añadas continuas – las inicié en 2002- desde la extraordinaria del 2000, y luego en la gran Cata anual de los vinos españoles de Ribera del Duero el 16 de octubre.

En noviembre se acrecentaron mis problemas y tuve que renunciar a mi participacion en la gran cata anual de la revista Decanter una cita que cumplo regularmente desde mi época en la BBC de Londres. Me ausenté casi completamente del vino ante mi manifiesta debilidad.

Sin embargo, en medio de ella tuve claridad mental y fortaleza física para escribir dos complejos artículos para El Espectador. El primero de ellos y de esta nueva etapa de colaboración fue para el especial dominical sobre los 25 años de la caída del muro de Berlín y mi visión de los cambios y el progreso de la ciudad a partir de mis distintas visitas a la capital alemana durante este último cuarto de siglo. El segundo era otro tema trascendental: la ordenación de mujeres obispo por la iglesia de Inglaterra de la comunión anglicana.

Con las últimas fuerzas participé el 3 de diciembre en la fiesta anual del Círculo de Escritores del Vino, del cual hago parte, en la que presentaron sus vinos 23 productores de Hungría. Esa noche recordé con mucho plácer y nostalgia a mi gran amiga Emoke Ijaz, la enóloga húngara que se enamoró de Colombia y se quedó para enseñarle de vinos a muchos colombianos, yo entre ellos.

Luego fue el apagón!. Es más comprehensible entender el proceso leyendo el Parte médico JCR-2015 que envié a un círculo estrecho de amigos el 3 de febrero, sobre mis dolencias y el fin de 3 meses de martirio.

Renacer de las cenizas 

El tiempo apremiaba y las papilas necesitaban trabajar.

Volví entonces a catar.

Y en mi primera salida, para la presentación de los Grandes Crus Classés de Saint Emilion 2011 y 2012, terminé agotado y eso que apenas eran 60 vinos para degustar. Pero como miembro de la Cofradía de Saint Emilion y ciudadano honorario del burgo, no podía fallar a mis amigos.

Y al día siguiente rumbo a Berlín, bajo la nieve maravillosa de febrero, para catar en el “Berliner Wein Trophy”, uno de los dos concursos de vinos más importantes de Alemania y que tiene extensiones en Corea del Sur y en Portugal. Mi debilidad era visible, se reflejaba en mi flacura, y cada sesión se me hizo eterna.

Venía de salir del trance clínico y me percepción organoléptica era distinta. Mi biblioteca de aromas y sabores se había alterado y tuve que “rebobinar” y hacer una nueva puesta a punto de mi sistema de cata mientras recobraba la normalidad. Fue una enseñanza muy interesante, comprendiendo los límites físico-mentales de la cata en condiciones no ideales, y me sirvió -como a un deportista de alto nivel- para concentrar mi preparación con miras a Vinalies Internacionales, el concurso de los enólogos de Francia a finales de febrero en Paris, y el cual considero técnicamente el más completo y serio del mundo.

Terminados los cinco días de cata, la energía de “la ciudad luz” y la visita de dos días a los viñedos de Borgoña (incluyendo el maravilloso Gran Cru Clos de Tart con su sabio enólogo Sylvain Pitiot), tuvieron efecto balsámico.

A partir de marzo,  mi Renacer era manifiesto, como le relaté a algunos de mis amigos. Después de Vinalies escribí un nuevo artículo “Real” para El Espectador, y completé mi recuperación y equilibrio total en los Premios Bacchus en Madrid, organizados por la prestigiosa y seria Unión Española de Catadores.

Y luego más catas (Champañas de Vignerons, Pinot Noir de Australia; Vinos de California, Oregon y Washington States; y el nuevo Douro portugués) para recuperar mi “forma y fondo” y estar en mi tope máximo en las dos semanas del International Wine Challenge en Londres, donde soy Jurado Senior desde hace 10 años.

Entre tanto, antes de lanzarme nuevamente a escribir, mi twitter @Rincondecata ha sido mi acompañante fiel para sostener mi presencia activa.

La sonrisa del deber cumplido con @Rincondecata al centro

Además de los concursos en que participo regularmente como catador profesional, este año tuve la fortuna de también ser invitado a los Premios Zarcillo que celebraron en Valladolidad su edición 16 y que junto a los Bacchus en Madrid, amalgaman la muestra y panorama de los mejores vinos de España.

Fue allí, en la paz de los viñedos, el encuentro con amigos y la visita a la emblemática y famosa bodega de Ribera del Duero Vega Sicilia, que concebí mi reaparición definitiva.

Hace más de 20 años en Bruselas el Premio Nobel de Literatura de 1990, el poeta mexicano, Octavio Paz, me dijo que no me preocupara si dejaba de escribir por largo tiempo. “Pero nunca dejes de escribir porque te mueres. Eso es lo importante”, me dijo con manifiesto cal0r humano en una fría noche de febrero de 1994 reunidos en la antigua Casa de América Latina en una tertulia con jóvenes periodistas del taller literario que teníamos con mi hermano Manuel José y mi “brother” Gerardo Cárdenas, hoy ambos escritores dedicados y publicados.

El poeta respondía así a mi angustia cuando la vena poética se esfumaba y me reconoció que él también había tenido momentos de sequía literaria. Su sabio consejo me acompañó en este año vivido en peligro, que he querido compartir con todos ustedes para explicar mi ausencia desde mi propio laberinto de la soledad.

Todo en la vida tiene un tiempo justo. Y este es el mío para regresar. Gracias por recibirme, por “resistir” esta crónica totalmente personal  y si no los aburrí demasiado, estoy seguro de que seguirán leyéndome.

Salud!

Bodas de plata en Europa

El tiempo transcurre inadvertidamente y hoy, al dar la vuelta a la esquina, ha pasado otro cuarto de siglo.

Llegué a Europa, a Madrid, el viernes 19 de Mayo de 1989, al momento de las protestas estudiantiles pro-Democracia en la Plaza de Tian’anmen en Pekín, que llevaban un mes (desde el 15 de abril) y copaban la atención del mundo. Al día siguiente, el 20 de mayo, el gobierno chino declaró la ley marcial y dos semanas después, el 3 de junio, envió tanques y el ejército que disolvieron brutalmente la protesta.

En China el tema es tabú y el mundo capitalista, hoy volcado y dependiente de la economía de la República Popular, olvidó el significado de ese levantamiento, el medio millar de muertos y más de 5 mil heridos. Afortunadamente quedan como testigo las imágenes de El Hombre del Tanque, un ícono de la fuerza por la libertad.

Políticamente, 1989 es uno de los años más emblemáticos de nuestra historia, un año que cambió el mundo debido a las revoluciones; la frustrada en Tian’anmen y las triunfantes en los países del Este de Europa, que derrocaron a los regímenes comunistas. Fue el año del bicentenario de la Revolución Francesa (14 de julio) y meses después el de la disolución de la llamada Cortina del Este (Telón de Acero) y de la caída del Muro de Berlín en la noche del jueves 9 al viernes 10 de Noviembre: el principio del fin de la Guerra Fría y el preámbulo de la muerte de la Unión Soviética, dos años después.

Además, en latinoamérica, Brasil realizó sus primeras elecciones libres trás el fin de la dictadura militar, pero Estados Unidos invadió Panamá para derrocar al general Manuel Antonio Noriega. Y en Suráfrica asumió Frederik De Klerk, cuyo gobierno, forzado por el aislamiento y las protestas interminables, inició el proceso de desmonte del “Apartheid” que lo llevaría al año siguiente a liberar a Nelson Mandela.

Si algún día me decido a hacer mi Doctorado en Ciencias Políticas, 1989 sería indudablemente mi tema de tesis; el año de todos los peligros y cambios acelerados del mundo bipolar, el año más trascendente del final del siglo XX.

Una noche de Mayo de 1989...

Vine a recibir el Premio Internacional de periodismo José Ortega y Gasset, en la modalidad de Radio, ganado por el Programa Radionoticias de Caracol Radio por la transmisión sobre la avalancha que destrozó la localidad de Útica en Colombia. Radionoticias era un informativo nocturno de 7 horas en vivo que empezaba a las 9 de la noche y terminaba a las 4 de la madrugada. Yo había sido su director y coordinado un excelente equipo de periodistas, integrado por José Domingo Bernal, Germán Diaz, William Calderón y Ricardo Esteban (q.e.p.d).

Por primera vez un equipo latinoamericano ganaba en Radio. Un año antes, en 1988, el galardón lo habían recibido en la modalidad de prensa escrita, mis colegas y amigos Fernando y Juan Guillermo Cano Busquets, directores del periódico nacional El Espectador, del cual he sido corresponsal en Europa. Es el diario de mis afectos, en los años 90 considerado entre los diez más importantes del mundo, y en el que empezó a escribir el fallecido Premio Nóbel de literatura Gabriel García Márquez.

Recuerdo que la ceremonia de entrega de los Premios fue en el lujoso Hotel Palace, en la Gran Vía, la noche del lunes 22 de Mayo, hoy hace 25 años. Yo lucía una barba negra espesa, aún tenía suficiente cabello y era lo que en el boxeo llamarían un peso mediano junior o superwélter, con apenas 68 kilos, producto de un ritmo demencial de trabajo -radio, tv y profesor universitario- que apenas me permitía 5 horas de sueño al día. Como hecho simbólico, mi hermano Manuel José, también periodista y escritor, me esperaba en Madrid y por primera vez lo veía con barba. Dos Rincones, dos barbudos.

Tiempos lejanos

Venía con la idea de un año sabático y han pasado más de 20 calendarios entre España, Francia, Bélgica, Holanda y Gran Bretaña. Hoy mi barba es corta y gris, el cabello sobrevive con grandes entradas, y la lucha con la báscula me tiene ahora en los semipesados, entre los 79 y los 81 kilos y una pelea dietética constante. Posiblemente mi pasión culinaria desde la juventud, ha sido la clave para mantenerme “en forma”.

Resumir 25 años no es fácil y no pretendo hacerlo aquí. Quería simplemente recordar y valorar que llegué de Colombia con muchas ilusiones y algunas decepciones y tristezas, a las que Europa respondió con un viaje vital extraordinario y por el cual le estoy eternamente agradecido a este continente que me recibió, me acogió, me educó y me orientó en el camino.

Como Ítaca, el poema del gran poeta griego y periodista Constantino Cavafis, ha sido “largo el camino, lleno de aventuras, lleno de conocimientos” y he hecho el trayecto con velocidad moderada, fiel a la filosofía del gran escritor Hermann Hesse, de “Vivir cada día el máximo posible de pequeñas alegrías y reservar los goces mayores y más fatigosos para los días solemnes y los buenos momentos”.

Tengo siempre en mi mente a Ítaca, pero no apresuro mi viaje en absoluto. Es mejor que dure muchos años. Como han durado estos maravillosos, a través de calles, montañas, desiertos, viñedos, ciudades y países descubiertos, amistades entrañables construídas en el transcurrir de los estudios, los trabajos, los disfrutes y la evolución constante del continente. Europa terminó de formarme como persona en sus valores de respeto, libertad, fraternidad, amistad, igualdad y solidaridad, y me conquistó con su devenir diario y su historia pasada, aquella que leía en los libros del colegio y que desde hace un cuarto de siglo camino y disfruto en sus calles y laberintos, como periodista, observador inquieto y relator de vivencias.

Suelo decir que soy un afortunado porque he vivido, conocido y aprendido más de lo que jamás soñé, y me siento realizado y feliz después de mirar atrás los caminos andados. Pero aún más feliz por los nuevos y misteriosos que empiezo a recorrer desde ahora, al entrar en mis próximos 25 años.

Tributo y Brindis por Fernando España

Estoy de luto vinícola.

Fernando España Abadías, un amigo entrañable, un caballero a carta cabal, un gran enófilo colombiano, amante del vino y excelente catador, cumplió su ciclo vital y se ha ido dejándonos cientos de enseñanzas y anécdotas.

Hombre inquieto, avezado lector, educador del vino, gastrónomo y “bon vivant”, Fernando decidió abandonarnos este lunes, luego de haber compartido generosamente cientos de inolvidables tertulias vinícolas y excelentes botellas.

Desde muy niño, en su hogar de origen español, Fernando aprendió que el placer del vino es compartirlo, y siempre fue fiel a ese postulado. Por ello siempre hubo una gran química entre nosotros y cada encuentro era una ocasión para viajar por el mundo del vino, compartir, aprender, recordar y quedar siempre a la espera de nuestra próxima copa.

Nació en Huesca (Aragón), también cuna del gran director de cine español Carlos Saura, y llegó a Colombia a los diez años. Debido a la Guerra Civil española y la confiscación de sus bienes, su padre Josep María, ex-consejero de la Generalitat de Catalunya, llegó exiliado en julio de 1939, primero a Barranquilla y luego a Bogotá. En la capital del país existía una buena colonia de peninsulares y fue la tierra de promisión para los España.

Como parte de la cultura familiar, siempre hubo vino en la casa de Fernando, y sus papilas estuvieron expuestas desde pequeño, pero como el mismo lo confesó, fue en 1961, en  Nueva York, cuando se enamoró del vino definitivamente trás probar una botella de Château Mouton Rothschild 1953, el año del centenario de la adquisición del Château Brane-Mouton por el Barón Nathaniel de Rothschild. Y puedo certificar que Mouton Rothschild fue uno de sus vinos predilectos y las botellas más consentidas de su excelente cava personal.

Con Fernando compartimos el amor común por el vino desde nuestro encuentro en 1998 gracias al diario El Espectador, en el que el escribió durante varios años la columna Vitrina Vinícola. En 1996 yo había fundado y dirigía en el periódico la revista Autos, dedicada a la industria automotriz y el automovilismo, otra de mis pasiones. Además, Fernando era también un gran amante del Malt Whisky, y compartíamos el gusto por el Lagavulin, aunque era un fan del Macallan, mientras que yo lo invitaba a descubrir otros excelentes turbados como Ardbeg, Bruichladdich y Bowmore.

Fueron 16 años de una amistad muy profunda en la que compartimos y descubrimos juntos Grandes Reservas de Rioja, el extraordinario Weinert Malbec Estrella 1977, los vinos bolivianos de altura de la bodega Campos de Solana (en compañía del Embajador de Bolivia), el rarísimo y hoy descontinuado Whisky negro Loch Dhu, el Bruichladdich 16 years añejado en barril de 1er Cru de Sauternes, Château d’Yquem. La lista de botellas es extensa, como la generosidad que irradiaba Fernando.

Siempre era un gusto compartir con él y con su familia; su dinámica esposa María Teresa, su hija Juanita quien es sommelier profesional y fue nominada este año a la mejor de Colombia, y con su hijo Fernando José, próximo presidente para Colombia de la Chaîne des Rôtisseurs. Además, alrededor de Fernando siempre se podía contar con los mejores importadores y amantes del vino en Colombia.

Decía que para él era un placer compartir su amor por el vino. Y que mejor que compartir pasiones. Fernando estudió Administración de Empresas y desarrolló un gran conocimiento del vino gracias a su interés permanente, sus viajes y sus visitas a varias de las regiones vinícolas más famosas del mundo y su participación en distintas asociaciones gastronómicas como la Chaîne des Rôtisseurs, los Caballeros de la Buena Mesa y el Seven Friends’ Club. Precisamente en 1999 -el año de mi matrimonio- fue nombrado Grand Echanson honorario para Colombia de la L’Ordre Mundial des Gourmets Dégustateurs.

En ese contexto gastronómico, Fernando formó en Bogotá una cava de primer nivel con cientos de los mejores vinos del mundo, que era la envidia de la mía, más modesta y cotidiana. Nuestro contacto perduró hasta su muerte y cuando en  2001 me radiqué en Londres y me vinculé de lleno al mundo del vino en relación constante con los grandes Châteaux, productores, escritores y catadores, Fernando acostumbraba decir que yo “estaba en las Grandes Ligas” y siempre apoyó y respaldó mi proceso vinícola como catador internacional y periodista especializado.

Luego de concluída su experiencia de columnista en El Espectador, continuó su misión pedagógica y de educador y gracias al respaldo del Grupo Editorial Norma, en 2004 publicó su libro “El Vino, Conózcalo y disfrútelo”, que recopila buena parte de sus escritos y dedica varias páginas a la apreciación del vino, la cata y la armonía con los alimentos. Vale decir que es una de las obras que más aprecio de mi biblioteca.

A propósito de uno de mis viajes a Burdeos, le pregunté una vez cual era el vino bordelés que más recordaba de su paso por la capital mundial del vino, y su respuesta me sorprendió y me alegró al mismo tiempo: me contestó Clos de la Maréchale!. Sorpresa mayúscula porque es un vino clásico de Borgoña, de Pinot Noir; un Nuits-Saint-Georges 1er cru, y alegría porque es uno de mis preferidos y me queda un par de botellas en mi cava en Londres (1999 y 2000) de la época en que aún lo producía Domaine Faiveley. Me explicó que lo recordaba mucho porque era el vino que les ofreció como novedad el Sommelier de uno de los restaurantes más renombrados de Burdeos.

Fernando era sorprendente e inmensamente generoso. En 2005 le agradecí el obsequio que me hizo de su libro, precisamente con una botella de Clos de La Maréchale 1999, el año de su nombramiento como Grand Echanson. Tres años después, en Noviembre de 2008 cuando hice un viaje de consultoría y prospección del mercado colombiano para la bodega libanesa Château Kefraya, Fernando aprovechó la ocasión y me ofreció en Bogotá un almuerzo con una cata extraordinaria, de aquellas que sólo disfrutan los reyes, con los mejores vinos de su cava: el mítico Mouton Rothschild 1982, Cheval Blanc 1982, Château Lafite 1996 y Petrus 1991. Inolvidable ocasión, y una de las experiencias más bellas de mi vida vinícola.

Fernando España (derecha), Juanita España al frente, Hugo Sabogal (izq.)

En junio de 2012, aprovechando mi viaje a Colombia para celebrar los 90 años de mi padre, fui yo quien le rendí un homenaje a Fernando con un almuerzo en que degustamos 16 vinos, la mayoría del año 1998. Una cata sorpresa con botellas de mi cava que esperaban la ocasión.

Y nuestro ciclo se cerró en febrero de este año, cuando compartimos por última vez en familia. Fernando, a pesar de recuperarse de quebrantos de salud, me recibió en su casa y compartimos nuestro último vino y nuestro último whisky, no sin antes hacer una visita obligada a su cava, en la que por su invitación, yo debía escoger el vino para los comensales.

Gentilmente me ofreció un Vega Sicilia, pero pensé que era demasiado y que merecía una ocasión en que su salud estuviera más sólida para que lo disfrutara totalmente. Tenía claro que el vino debía ser español y recuerdo que pensé en un Somontano (muy cercano a sus origenes), pero al final me decidí por un Gran Vino de Rioja, Barón de Chirel 1998, el Reserva especial de la bodega de los Herederos de Marqués de Riscal. El vino estaba en un momento perfecto de evolución y elegancia y Fernando y todos lo disfrutamos con gran placer. La velada la cerramos con un fantástico Oban, uno de los rarísimos Malt Whisky de 14 años y miembro del Club de los Classic Malts.

Quisiera escribir más pero prefiero dejar mi memoria en ese último momento compartido, en familia, con María Teresa, Juanita y Fernando José, a quienes acompaño de corazón con la alegría de haber podido conocer y disfrutar momentos maravillosos con un enófilo consumado, un ser humano inmenso, un amigo completo, un maestro generoso y un inolvidable hombre del vino.

Descansa en paz amigo Fernando. Salud! Sláinte!

Rosas amarillas para decirle adios a “Gabo”

Gabriel García Márquez no murió de 100 años de soledad. Tenía apenas 87 cuando se durmió para no despertar, pero rodeado con el amor de su familia.

Tampoco murió de cólera, ni en ningún laberinto, sino en su casa, en Ciudad de México, donde desde hace apenas seis meses parece haber comenzado una danza mácabra para la literatura latinoamericana, en un ciclo que empezó con su gran amigo Alvaro Mutis el 22 de septiembre pasado, y continuó este año con los poetas Juan Gelman (enero 14) y José Emilio Pachecho (enero 26), y el filósofo y miembro de la Academia de la Lengua Luis Villoro.

Y ahora “Gabo”. La suya tampoco fue una muerte anunciada. Y menos una crónica. Al contrario, una historia y un legado de una magia increíble.

La última sonrisa del Premio Nóbel el 6 de marzo, día de su cumpleaños 87.

Agnóstico declarado, el Premio Nóbel de Literatura 1982, decidió morir el Jueves Santo, el mismo día que Úrsula Iguarán, la matriarca y compañera de José Arcadio Buendía, fundador de Macondo, el pueblo mágico en el universo del escritor colombiano.

Pero “Gabo” no murió ciegó a los 122 años, si no senil y olvidando gradualmente su memoria. Según relata el autor, Úrsula Iguarán (el personaje que le inspiró su abuela Tranquilina Iguarán Cotes, apasionada de  las  leyendas y de las  fábulas y que tanto influyeron en el infante), había perdido la cuenta de su edad ocupada en sostener a la familia insigne de Macondo.

Hace poco más de un mes, el pasado 9 de marzo (3 días después del cumpleaños de “Gabo”), había muerto en Bogotá su hermano menor, Gustavo García Márquez, de 78 años. Luego le sobrevino una infección pulmonar y de vías urinarias que obligó a su internación entre el 31 de marzo y el 8 de abril en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, de la capital mexicana.

El prolífico escritor de Aracataca, había sido dado de alta y desde el 8 de abril recibía cuidados médicos en su casa, pero según varios allegados sufría mucho y estaba muy débil. Sus hijos llegaron y toda la familia pudo estar reunida y acompañarlo en el desenlace.

Tal vez, igual que su personaje, el escritor alcanzó a dar las últimas e inapelables instrucciones a los miembros del clan García Márquez para sus exequias, que han comenzado con millones de mensajes de condolencias y miles de rosas amarillas que cubrirán su féretro y lo acompañarán a su morada final, que hasta ahora es una incógnita. El escritor colombiano residía permanentemente en México desde 1981 y su obra cumbre “Cien años de Soledad” fue escrita en ese país, al igual que buena parte de sus textos más importantes.

Igual que Aureliano, Gabriel García Márquez, antes de llegar al suspiro final, “ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o de los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”

Rosas amarillas para despedir a "Gabo", el genio literario del Realismo Mágico.

“Gabo” no ha muerto. Su genio es vital para la literatura universal y en su homenaje, invito a los amantes de su “realismo mágico” a que todos portemos en la solapa una rosa amarilla, aquella con la que el escritor se sentaba a diario frente a su máquina a crear sus textos universales.

James Hunt, pasaporte a una vida feliz

James Hunt llegó a la Fórmula Uno en 1973 y durante seis años -cual una ráfaga de viento exótico- la refrescó e iluminó con su decidido golpe de volante y su estilo de vida descomplicado y frenético, igual que lo fueron los años 70.

Se fue de las pistas tal vez antes de tiempo, con un título de campeón mundial (1976), dejando a los aficionados de la F1 huérfanos de su magnetismo contagioso, y miles de admiradoras por doquier.

En seis años en la Fórmula Uno, James Hunt ganó el título de 1976 y 10 Grandes Premios.

Aunque dejó el volante en la misma pista donde debutó, en Mónaco, Hunt siguió aferrado a la Fórmula Uno en calidad de comentarista de las carreras para el servicio de Televisión de la BBC de Inglaterra junto al famoso narrador Murray Walker. Y lo hizo hasta su prematura muerte -de un ataque cardíaco- el 15 de junio de 1993, dos días después del Gran Premio de Canadá. Tenía 45 años.

James Hunt iluminó con su magia a innumerables personas y para muchas de ellas fue un billete de felicidad. Yo fui uno de los afortunados.

Este fin de semana he vuelto a ver el filme de Ron Howard, RUSH (titulado en español Pasión y Gloria), centrado y  bastante ceñido a la realidad en el duelo intenso protagonizado en 1976 con el austríaco Niki Lauda, su gran rival de Ferrari, al que le ganó el título mundial por un punto.

Enemigos en pista, camaradas fuera de ella. James le "usurpa" el puesto al campeón Lauda.

Y lo hice porque hace 36 años, un domingo ( el 9 de abril), fue publicado mi primer artículo periodístico y James Hunt fue su protagonista.

Cuando nuestros caminos se cruzaron en la tarde del jueves 6 de abril de 1978 en el hoy desaparecido Autódromo Internacional Ricardo Mejía en Bogotá (Colombia), Hunt, sin saberlo, me marcó para siempre y  le dió el banderazo de partida a mi vida periodistica (hoy las carreras se largan con semáforo), me abrió las puertas del mundo y fue mi pasaporte a una vida feliz con cientos de caminos recorridos, aventuras cumplidas, sueños conseguidos y otros más aún por realizar.

James Hunt inspiró mi periodismo y creo que nuestra historia merece ser contada.

Yo sigo la Fórmula Uno desde 1971, cuando me encontré la revista francesa Sport Auto y me enamoré de las carreras. Un año antes se había realizado un Gran Premio de Fórmula 2 en Colombia , para inaugurar el circuito Ricardo Mejía, ahora demolido y sus terrenos urbanizados.

Empecé a seguir los Grandes Premios por televisión y me dediqué a comprar con mi mesada escolar cuanta revista encontraba: las francesas L’Automobile y Sport Auto, británicas como Autosport y Motoring News, la inolvidable revista argentina El Gráfico, y la italiana Autosprint, y a organizar los recortes de los periódicos, incluyendo O’Globo, que me obsequiaban al final de la semana en la Embajada de Brasil en Bogotá y que relataban todo el proceso de los pilotos brasileños y su estrella principal Emerson Fittipaldi.

Me aprendí de memoria los nombres, las historias , los números, los cascos, para ser un día comentarista de la F1 cuando llegara a Colombia, como era el proyecto del Autódromo. Por cierto, el casco de James Hunt tenía a los lados sobre el fondo negro los colores de la bandera colombiana , pero invertida : rojo, azul , amarillo.

La mirada penetrante y aguda de James era un arma de conquista.

Antes de terminar mi bachillerato yo era entonces un “tuerca” de alto nivel, que se amaneció el 24 de octubre de 1976 frente a la pantalla de TV (en Colombia la carrera se transmitió a la 1.00am) para seguir el GP de Japón en Fuji, que ganó Mario Andretti con Lotus y en el que se coronó James Hunt.

A pesar de mi fiebre automovilística, para darle gusto a mi padre comencé a estudiar química en 1977. Me fui a Cali, a 500 kms al oeste de Bogotá.

Pero en abril de 1978 , James Hunt, que estaba corriendo su tercera temporada para el equipo McLaren junto con el francés Patrick Tambay, visitó Colombia en una gira promocional del patrocinador, la tabacalera Philip Morris (Marlboro), aprovechando la pausa de un mes entre el GP de Long Beach en EE.UU-Costa Oeste (abril 2) y el GP de Mónaco el 7 de mayo.

La gira incluyó República Dominicana y Puerto Rico. En Colombia James y Patrick Tambay visitarían el Autódromo, recorrerían el circuito en un artesanal Fórmula 3-Colombia (basado en los chasises Van Diemen de Fórmula Ford inglesa), se reunirían con los pilotos colombianos y darían una charla técnica. Además de ello, estaba prevista una reunión oficial con el presidente Alfonso López Michelsen, quien había estudiado en Oxford.

En ese momento nuestro único prospecto profesional de llegar a la Fórmula Uno era Roberto Guerrero, quien competía en los campeonatos de Fórmula Ford en Gran Bretaña. Con Roberto nos conocimos y nos convertimos en amigos a final de ese 1978 y durante cuatro años, hasta su llegada a la F1 en 1982 con el modesto equipo Ensign, fui su jefe de prensa para Colombia.

El primer piloto colombiano en Fórmula Uno: Roberto José Guerrero, Ensign-Ford N180B-Cosworth.

Mi encuentro con James empezó a rodar en el periódico regional de Cali, El País. Fui a hablar con el Jefe de Deportes, Jorge García, a quien le expliqué el tema, mi pasión por la Fórmula Uno, le mostré mis albunes de recortes, y le dije que yo podría entrevistar a James Hunt. Entre sorprendido y tal vez abrumado por mi desparpajo, me dijo que SI y me explicó que en Bogotá había un centr0 de información del diario llamado CIEP, Centro Informativo El País, que atendía a cuatro periódicos; El Pais de Cali, La Patria de Manizales, El Heraldo de Barranquilla y El Colombiano de Medellín.

Entonces, en secreto y después de 12 horas en autobus (que yo tuve que pagar) llegué en la mañana del miércoles 5 de abril a Bogotá, directo a las oficinas del diario. Por supuesto que nadie me conocía pero el diario me acreditó para ir al circuito a mi “cita” con James Hunt el jueves, acompañado del fotógrafo Gustavo Sánchez.

Mi padre casi me expulsa de la casa esa tarde cuando le dije lo que estaba haciendo en Bogotá. Sólo cinco años después, frente a mis desarrollos periodísticos y mi transcurso, logró entender y aceptar el agresivo golpe de timón que le dí a mi vida ese mes de abril.

Logré la entrevista con James y además fui el único que hablé con Patrick Tambay, desconocido para la prensa local y quien cumplía su primera temporada con McLaren.  Yo estaba feliz.

Debut con primicia. Domingo, Abril 8, 1978, El País, Cali, Colombia, Sección Deportes, página 7C.

Mi vida cambió ese día. Decidí ser periodista y a los dos meses abandoné la Química. Para mi padre, químico, fue un golpe duro y se negó a pagarme mis estudios de periodismo. Lo hice al principio con el dinero que ganaba como colaborador de deportes para el CIEP y luego con mi salario cuando entré a trabajar en la internacionalmente conocida Radio Caracol, con la cual gané el premio de periodismo José Ortega y Gasset en 1989 en España y vine a Europa.

Hay más historias alrededor de ese momento, pero la principal es que James Hunt fue mi pasaporte a una vida feliz.

Trás dejar la química regresé a Bogotá y me entregué al periodismo deportivo escribiendo de Automovilismo, haciendo los camerinos de Fútbol y la Hípica. Luego, en 1979 me convertí en el narrador oficial del Autódromo, después llegué a la TV nacional y narré la Fórmula Uno de los años 80, fui Jefe de Prensa del piloto Roberto Guerrero, transmití las 500 Millas de Indianapolis y llegué a entrevistar a otros grandes campeones como Mario Andretti, Keke Rosberg, Nelson Piquet, Emerson Fittipaldi y Niki Lauda. Además cumplí en 1997 mi sueño de crear una revista de automóviles en Colombia (AUTOS, con el periódico El Espectador), y al final escribí la enciclopedia de la Fórmula Uno, cuando trabajé en Londres con la BBC, donde James Hunt cumplió la segunda parte de su vida como comentarista de Fórmula Uno.

James fue la chispa que encendió mi camino cuando tenía 19 años.

Lo recuerdo claramente: bastante alto, descomplicado, de un inglés clásico y educado, voz sonora, con su cigarrillo en la mano, ofreciéndome unos minutos de su vida , aquella tarde de abril en los pits del Autódromo de Bogotá. Yo no era aún periodista y nunca había escrito nada antes. Pero James fue muy sincero conmigo.

Estaba cansado de las preguntas sobre su estilo de vida, pero profundamente conmovido por la muerte de muchos de sus compañeros en la pista. Era una época muy trágica y entre 1973 y 1977, luego de su debut en F1, habían muerto Roger Williamson, Francois Cevert, Peter Revson, Helmut Koinnig, Mark Donohue y Tom Pryce. Me dio entonces la primicia y me dijo que estaba considerando retirarse pronto.

Hunt debutó en 1973 en Mónaco con Hesketh y se fue de la F1 con Wolf en 1979. El equipo canadiense abandonó al final de esa temporada.

Nadie pensó que hablaba en serio. Y un año después, tras el Gran Premio de Mónaco el 27 de mayo de 1979, abandonó las carreras. Más que la primicia, James Hunt me dió un gran regalo para mi vida: me abrió la mente para disfrutar el mundo.

Nunca nos volvimos a encontrar. Cuando llegué a Europa en 1989 tenía la intención de buscarlo. Después de vivir en España y Francia, me radiqué en Bélgica y pensé en escribirle a la BBC. Pero murió antes de que mi camino me trajera a Londres.

Este blog es mi homenaje, en recuerdo de cómo nuestro encuentro marcó mi vida.

EPÍLOGO: Mi pasión por la Fórmula Uno fue y ha sido tan intensa, que varios de mis grandes colegas colombianos que me conocen desde mis inicios, decidieron darme el fantástico y representativo sobrenombre de Fórmula. Debo agradecer y reconocerle ese genio providencial y sincero a los maestros Orlando Cadavid Correa, Oscar Domínguez Giraldo y a los grandes periodistas deportivos Alberto Piedrahita Pacheco (Alias “El Padrino”) y Jairo Anchique Bacca de Associated Press y por muchos años Editor de la Cabalgata Deportiva Gillette. Hola Fórmula?, Que hubo Fórmula?, era y sigue siendo hoy su saludo. FELIZ, es mi respuesta. Gracias por su bautizo.

BACCHUS llega en 2014 a su mayoría de edad

España es el tercer productor mundial de vinos y BACCHUS el concurso internacional más importante del país. Este año cumple en Madrid su duodécima edición pero el evento nació en 1996 y en su primera fase era bi-anual.

Se puede decir que después de 18 años Bacchus ha llegado a su mayoría de edad.

Organizado por la renombrada Unión Española de Catadores (U.E.C.), cada año evoluciona en la calidad de muestras presentadas, la diversidad de su origen y el primer nivel del centenar de catadores y degustadores internacionales que juzgan los vinos en competencia.

Para 2014, la organización, a cargo del Presidente de la UEC, Fernando Gurucharri y su gerente Miguel Berzosa, han logrado el respaldo del famoso Instituto de Masters of Wine en Londres y conseguido que en cada mesa de cata participe un Master of Wine (MW), para dar mayor lustre al concurso. En este sentido, Bacchus es la única competencia internacional reconocida y certificada por la Organización Internacional de la Viña y el Vino, OIV, que incluye tantos Master of Wine (una decena) en su selecto grupo de catadores.

La sonrisa del éxito

Bacchus es igualmente el único concurso internacional de vinos en España que pertenece a la Federación Internacional de Concursos de Vinos (VINOFED), en la que están representadas varias de las más reputadas competencias a nivel mundial.

Además del reconocimiento internacional de la OIV, también tiene el apoyo del gobierno español, específicamente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España (Magrama).

Cerca de 1.800 muestras provenientes de unos 25 países serán catadas en cuatro jornadas de degustación que se celebran en el hermosísimo y afamado Casino de Madrid, el escenario más imponente de todos los concursos de vinos en que he tenido ocasión de participar a lo largo de los últimos 15 años.

Un lugar mágico, imponente e histórico; un altar de cata.

El selecto grupo de catadores invitados cada año lo integran enólogos, Masters of Wine, Masters Sommelier, destacados periodistas especializados y prescriptores, incluyendo los más importantes periodistas españoles del vino, como Andres Proensa (Editor de la revista PlanetAVino y la Guía Proensa), Cristina Alcalá y Víctor de la Serna, redactor de la sección elmundovino.com. Se trata de un plantel de jueces profesionales de gran independencia y experticia, para formar un grupo de primer nivel que respalda las medallas otorgadas en el concurso Bacchus.

BACCHUS 2014: La edición número 12 del concurso se celebra este año del 14 al 18 de Marzo en Madrid, con la participación de un centenar de catadores españoles e internacionales, que tendrán la misiòn de degustar más de 1.600 vinos provenientes de una veintena de países. Las jornadas de cata a ciegas se realizarán durante las mañanas en el Casino de Madrid.

VINALIES Internationales: dos décadas de éxito

El más técnico y exigente de los concursos vinícolas mundiales celebra en 2014 en Paris su vigésimo aniversario y Rincón de cata es uno de sus invitados.

Vinalies Internationales llega a su mayoría de edad, consolidado como una de las degustaciones más serias y demandantes para los selectos catadores que tenemos cada año la fortuna de ser invitados al panel principal, orientado por varios de los más calificados y distinguidos enólogos de Francia y del mundo.

Sello de calidad, Garantía de imparcialidad

El principal sello de garantía es su dirección; la Unión de Enólogos de Francia y su directora Béatrice DA ROS -fundadora del concurso en 1993- cuya energía y disciplina han elevado a Vinalies al primer plano mundial. De sus inicios con menos de 500 muestras, hoy Vinalies recibe 3.500 provenientes de más de 40 países productores y convoca a catadores de 40 nacionalidades. La progresión ha sido constante, del 93% hasta 2003 (2268 vinos) y del 54% entre 2004 y 2014.

“Debemos ser exigentes porque valorar con objetividad un vino, exige mucha preparación, disciplina y experiencia. Pero no deseo que ese juicio sea únicamente de enólogos y por ello siempre hemos defendido la necesidad de balancear ese conocimiento con expertos internacionales, grandes periodistas del vino, productores y renombrados sommeliers”, señala con claridad Béatrice DA ROS. De latinoamérica participan Chile, Argentina, Brasil, México, Uruguay y Colombia.

En Vinalies, durante cinco días y en cata ciega, los degustadores analizan, discuten y valoran los vinos, para determinar si son merecedores a un reconocimiento internacional (medallas). La exigencia es mayúscula puesto que a los  catadores sólo se les informa la añada de los vinos.

Otro de los factores en favor de la respetabilidad de Vinalies Internacionales es que se rige por las normas de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) con su ficha de cata en la escala de 100 puntos y paneles de entre 5 y 7 degustadores por mesa, en los que todos los puntajes cuentan (en otros concursos se eliminan el mayor y el menor). Además, hecho fundamental, está autorizada la discusión de cada vino y el presidente del panel incentiva esta dialéctica en el análisis vinícola.

En todos los otros concursos regidos por la OIV, excepto en Vinalies, la discusión en el panel es mínima y sólo ocurre cuando el presidente de mesa lo convoca. Esta falta de deliberación es una de las principales críticas que le hacen al proceso de calificación los concursos anglosajones como el International Wine Challenge (IWC) o el Decanter World Wine Awards (DWWA), en los que si se discute cada vino.

Pero estas connotadas competencias, que reunen anualmente más de 10.000 muestras, no son estrictamente “catas a ciegas” y los degustadores recibimos previamente varios detalles de los vinos, que nos ayudan y facilitan nuestro juicio. En Vinalies, la única facilidad es que la ficha de cata está computarizada y ligada a la red informática del concurso, de manera que no hay forma posible de alterar un resultado después de que el catador ha marcado su puntaje.

No entro ahora en discusiones bizantinas sobre la validez de unos u otros, pero trás mi experiencia personal de más de una década catando en los 15 principales concursos internacionales de vinos, he llegado a la conclusión de que Vinalies es el más exigente y me lleva al máximo nivel de preparación, concentración y análisis. Es una prueba de fuego en mi calendario y el inicio de mi temporada anual de competencias vinícolas (no de las catas, que comienzan en enero y se prolongan hasta los primeros días de diciembre; prácticamente todo el año, con el descanso de Agosto).

“Es muy importante tener notas de cata de los vinos degustados y no sólo un puntaje. Así aprovechamos el saber de los catadores y valoramos aún más sus conceptos. No son máquinas de puntuación”, explica Béatrice DA ROS. En 2014 somos 146 catadores de 41 países, y del grupo son 77 franceses.

Un gran respaldo al concurso lo da la famosa editorial francesa  Hachette, que anualmente publica en su colección Hachette Pratique el libro “Mil Vinos del Mundo”, de más de 350 páginas, recogiendo los resultados de Vinalies Internationales, con comentarios de degustación, fotos y direcciones de los productores. Y el sello final de garantía es la norma ISO 9001 (versión 2008) otorgada a la competencia, que anualmente se revisa con inspectores que nos siguen durante una de las cinco sesiones de cata. Es el único concurso vinícola mundial que cuenta con este reconocimiento internacional de calidad.

Vinalies en crecimiento: La progresión del concurso de los enólogos de Francia es constante. Desde su primera edición en 1993 con 438 muestras, creció más de un 500% en los primeros 10 años (2268 vinos en 2003), y luego un 54% entre 2004 y 2014. En esta vigésima edición degustaremos 3.503 vinos, entre el 1 y el 5 de marzo.