Tour 2020 con Vinos de Francia; Etapa 10: Pommard 1er Cru, Domaine Pierre André, Clos de La Commaraine 2009

La etapa décima del Tour de France fue nerviosa por el regreso de los vientos de costado, los abanicos y los temores de cortes en el pelotón que podían afectara a los candidatos al título. Al final de varios kilómetros de histeria, para los principales favoritos la fracción no produjo cambios en la tabla aunque dos de ellos, Tadej Pogacar y Guillaume Martin, sufrieron caídas y debieron esforzarse para volver al lote.

La gran noticia del día fue que debido al coronavirus el Tour de Francia se queda temporalmente sin su director, Christian Prudhomme, tras dar positivo al control de Covid-19 que se practicó a los integrantes de la carrera (ciclistas, personal técnico y directivos) durante el día de descanso. Prudhomme dejó la prueba y regresará después de una semana, para la parte final en los Alpes. Además del director del Tour, miembros de los equipos Ineos, Cofidis,AG2R-La Mondiale y Mitchelton-Scott, también dio positivo. Si ocurre un segundo caso, las escuadras de los colombianos Egan Bernal (2°) y Esteban Chaves, y de los franceses Guillaume Martin (3°) y Romain Bardet (4°), tendrían que salir de la carrera. A pesar de cumplir los exigentes protocolos de bio-seguridad, el Tour sigue amenazado.

Esta semana es una combinación de etapas llanas y montaña, con cinco cimas difíciles que marcarán diferencias y dos finales en alto que seleccionarán aún más los pretendientes a llegar vestidos de amarillo a los Campos Elíseos. En el Tour 2020 con Vinos de Francia, la semana será una aproximación -mínima- a algunos de los vinos mas apreciados en el mundo elaborados en la famosa región de Borgoña, a la cual habíamos empezado a ingresar con los Beaujolais y Chablis.

Coincido con los especialistas en que los Borgoña son los vinos más elegantes, delicados y sutiles de Francia. Los tintos son la expresión máxima del Pinot Noir y los blancos del Chardonnay. Algunos los llaman vinos “más femeninos” para establecer la diferencia del Pinot Noir con la fuerza del Cabernet Sauvignon y el elevado uso de barrica nueva en Burdeos. Esta semana alternaremos entre ambas cepas borgoñonas con vinos Premier Cru -nivel medio- que ofrecen calidad ideal, precio equilibrado y placer infinito.

Advierto sin embargo que los vinos Grand Cru de Borgoña, y entre ellos los sublimes, son los más caros y exclusivos del mundo. Como referencia extrema, una botella Grand Cru de la cuvée La Tache del prestigioso Domaine de la Romanée-Conti (DRC), de la extraordinaria cosecha 2015 (valorado con 98 puntos) cuesta en el mercado US$5.600 y no es la más cara de la propiedad. Una botella de Petrus, el vino más exclusivo de los Burdeos, de la misma añada y con igual puntaje, se consigue en US$4.000; un 30% menos. Del primero se produjeron apenas 6.000 botellas, del segundo 24.000. Pero hay Grandes Crus a precios accesibles, todos ellos por encima de US$100.

Mi vino "abrigado" por las vides de mi vecino irlandés Eamon (en gaélico significa guardián).

No tengo aspiraciones tan altas. Los vinos de la semana son botellas de calidad superior (90 puntos en promedio), de añadas excelentes y con una evolución de 10 años que, como vimos el domingo con el Chablis, es una ventana ideal para la mejor expresión de los Premier Cru. Son botellas que valen entre US$60-80, dependiendo del lugar del mundo. Anoto aquí que la pandemia del Covid-19 me hizo reflexionar sobre lo efímero de nuestras vidas y la importancia de ser felices, con lo cual reafirmé mi convencimiento de que no se deben guardar placeres esperando ocasiones únicas. No he tenido contacto social externo y desde hace seis meses en Londres (capital internacional de los vinos del mundo) no hay presentaciones, ni catas, ni ferias vinícolas. Entonces que mejor período para compartir a diario una buena sazón en familia disfrutando vinos serios de la cava y recorrer con ellos las regiones de Francia para compartir la experiencia y las historias siguiendo el Tour.

De Burdeos a Borgona: de lo confuso a lo enigmático

Por muchos años se dijo que dentro de la prestigiosa región de los vinos de Borgoña había un centenar de denominaciones de origen!. Legalmente hay 84 que significa casi la cuarta parte de todas las Francia (el 23%) y las demás no son AOC sino Denominaciones Geográficas Complementarias (DGC) dentro de Borgoña. Pero igual, son muchas y un ejercicio de memoria único el poder identificarlas y conocer sus principales características.

Si Burdeos y sus clasificaciones son confusas, para un comprador Borgoña será un enigma mayor, una galaxia lejana. Entonces, para no perderme en explicaciones ininteligibles, los dirijo mejor al excelente sitio web de los vinos de Borgoña, donde encontrarán la más completa información histórica sobre ellos, las AOC, cada nombre y productor, e incluso las mejores opciones de maridaje y asesoría turística. Yo me concentro en el vino de la etapa, que tiene detalles particulares para contar.

Los vinos de Borgoña son más antiguos que los de Burdeos. Los viñedos los plantan las comunidades religiosas en la época de la aparición de los monasterios y abadías que se desarrollan desde el año 587 (San Benigno en Dijon) gracias a las donaciones. El poder de los monjes se incrementó con los años y cuando estalló la revolución en 1789, la abadía de los monjes cistercienses (Benedictinos) en Cîteaux, cerca de Nuits-Saint-Georges, era dueña de la mayoría de viñedos, incluyendo Meursault.

Las grandes abadías controlaban la tierra, el vino, su distribución y su imagen y los jefes de las bodegas monásticas vigilaban las viñas, las vendimias, la vinificación y la crianza. Es decir, las órdenes religiosas fueron las primeras multinacionales del vino. La primera bodega (en frances se las llama Maison, o casa), nació en 1720; Champy, que está celebrando 300 años. Esos vinos los llevamos a Colombia en 2013 con el importador “La Bonne Cave”, para el que hice la asesoría, la cata y la selección de las etiquetas.

El Château de Corton André -rebautizado Corton C- es más reciente, de finales de 1.800. Queda en la localidad de Aloxe-Corton (en la ruta de los grandes viñedos) y es el corazón del antiguo Dominio de Pierrre André, el viticultor que adquirió los viñedos en 1923. Se caracteriza por tener el tradicional techo de tejas tradicionales en Borgoña, de mosaico vidriado y la historia señala que en la finca, el emperador Carlomagno tenía cultivado un viñedo de 3,5 hectáreas -en la colina de Corton detrás del castillo- que luego donó en 775 a los canónigos. Esa vid es el origen de la prestigiosa denominación de los famosos vinos blancos Grand Cru de Corton-Charlemagne.

En 2002, los descendientes de Pierre André vendieron el castillo y el dominio al grupo bordelés Ballande de la familia belga Onclin. Fue durante este período que conocí los vinos (en Vinexpo 2007) y establecí la relación con su directora comercial para Europa, Florence Garnier, y con su dinámica enóloga, Ludivine Griveau, la creadora de los vinos que abriré esta semana siguiendo el Tour. De Ludivine y su trabajo hablaré mañana.

Desde 2014 el nuevo dueño es la familia Frey, de origen suizo-francés. La cabeza del poderoso grupo familiar, con viñedos en Burdeos, el Ródano y Borgoña, es mi amiga enóloga Caroline Frey, a quien conocí en 2004 en Londres cuando apenas estaba terminando sus estudios en la Universidad de Burdeos. De Carolina también escribiré en una de las próximas etapas.

Como pueden apreciar, hay una fuerte connotación femenina entre mi vida este siglo en Europa y la del Château de Corton André y los vinos. El Pommard 1er Cru del monopolio Clos de la Commaraine (nombre del “Climat” de la parcela) es uno de los vinos más frescos y vibrantes de la producción general. Los ingleses son fanáticos del Pommard, al que consideran como el típico borgoña, porque armoniza muy bien con avesz de caza, estofados, cordero, y quesos fuertes y maduros, aunque igualmente combina con un Comte joven.

Es un vino de color rojo intenso, con aromas a cereza madura, y cuando está evolucionado como este 2010, presenta notas de pimienta blanca y un toque mineral sutil que proviene de sus terrenos más bajos (250mts) sobre suelos de aluvión, arcilloso-calcáreos con sectores en que se encuentra mineral de hierro. Es un vino largo en boca, de taninos y con un carácter firme pero amable en la boca. Tal vez el descanso me dio fuerza pero de la botella quedó menos de un tercio en la cena con mi esposa.

Clos de la Commaraine es lo que se dice “un valor seguro”, un vino que no le defraudará nunca. Lo sigo desde la excelente añada 2005 y este del 2009 fue excelente con la cazuela de carne y verduras acompañada de un arroz blanco. Los de las grandes cosechas 2015, 2016 y 2018, serán muy interesantes y corresponden a la nueva etapa bajo la dirección de Caroline Frey y con nuevo nombre: Château Corton C. En una década podré darles mi concepto.

* Sitio web del Château Corton C: www.corton-andre.com

PROPIEDAD: El Dominio Pierre André se extiende sobre 150 hectáreas de viñas en las comunas de Aloxe-Corton, Ladoix-Serrigny y Pernand-Vergelesses, y produce una variedad de vinos de toda la región de Borgoña, incluyendo Chablis y Beaujolais, en diferentes calidades; Grand Cru, Premier Cru y denominaciones regionales (genéricas) y locales (las llamadas “Villages”). Elabora vinos en 90 de las denominaciones de origen en Borgoña, incluyendo vinos tintos en Vosne-Romanée, Corton y Aloxe-Corton, y monopolios (es decir único propietario del viñedo) como el Pommard 1er Cru Clos de la Commaraine, que fue la botella de la décima etapa. También es monopolio el Grand Cru Château Corton, alrededor del castillo.

2 comentarios en “Tour 2020 con Vinos de Francia; Etapa 10: Pommard 1er Cru, Domaine Pierre André, Clos de La Commaraine 2009”

  1. Antonio Giraldo dice:

    Apreciado Juan Carlos, qué apasionante poder leer entender lo difícil que es describir la denominación Borgoña. Excelente presentación!! Santé!!

    • Jukari dice:

      No es fácil memorizar tantos nombres y comprender el kaleidoscopio de denominaciones de origen (AOCs), de tipos de suelos, con detritos rocosos, margas jurásicas (oxfordianas) y terrenos cálcicos, las diferentes alturas y exposición solar. Borgoña es un verdadero rompecabezas y cuesta mucho estudio y tiempo completarlo. Pero hacemos el intento.

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