El horror de ser inglés y tener que definir por penaltis

La frase popular grabada desde el 4 de julio de 1990 en el inconsciente colectivo de los ingleses, explica el profundo significado de la victoria de su selección en la Copa Mundo de fútbol, el martes en Moscú contra Colombia.

Inglaterra y en particular Londres, celebraron como nunca porque era mucho tiempo de espera para llegar a cuartos de final, desde el mundial 2006. Tanto para los ingleses como para los colombianos el partido y la definición por penaltis fue una verdadera montaña rusa de emociones y sufrimiento, un encuentro transcurrido entre la alegría y la pesadilla.

Lo más revelador es que hoy miércoles Inglaterra, despertó aliviada y optimista, después de haber exorcisado su mayor demonio, la tanda de penaltis; la maldición que cargaba y no había podido superar en el Mundial. Uno aprecia ese desahogo en la sonrisa de la gente común en la calle, en los avisos de “Thanks” (Gracias) a la selección en las ventanas y tiendas, en los titulares de todos los diarios y en la conversación del día.

Y los ingleses deben estar agradecidos de que les rompimos la maldición!

Es que en los últimos 28 años habían caído eliminados por penaltis seis veces, y tres de ellas en los mundiales; por Alemania en las semifinales en Italia-90, por Argentina en cuartos de final en Francia-98 (donde le ganaron 2-0 a Colombia en fase de grupos), y de nuevo en cuartos de final con Portugal en Alemania-2006. Además habían perdido en tres Copas de Europa y sólo en una habían triunfado por penalties, en la de 1996 contra España. Pero cuatro días después en la semifinal contra Alemania en el histórico estadio de Wembley, Gareth Southgate, hoy técnico del seleccionado, falló su disparo.

La larga y ruidosa celebración de los ingleses es comparable con aquella que se vivió en Colombia cuando la victoria increíble 5-0 contra Argentina en Buenos Aires en las eliminatorias para el Mundial USA-1994. Ese 5 de Septiembre de 1993 se desbordó la alegría al vencer por fin a la selección que había sido nuestro fantasma permanente y que en julio le había ganado en Quito la Copa América por definición de tiros penaltis. Una generación completa de colombianos tiene grabado el recuerdo de ese maravilloso triunfo futbolístico contra Argentina. Y hasta la gran actuación del seleccionado en el Mundial Brasil-2014 cuando alcanzó los cuartos de final, era nuestro logro histórico.

Paralelamente, una generación completa de ingleses vivía con el recuerdo trágico de la eliminación por penaltis. Solo dos de los jugadores de esta joven selección habían nacido y visto en televisión la eliminación en Italia-90 cuando empezó la maldición: el delantero James Vardy, que tiene 31 años y entró en el segundo tiempo contra Colombia, y el defensor Gary Cahill, de 32, quien estuvo en la banca. Para un equipo con el menor promedio de edad del mundial (26 años), la presión psicológica era inmensa.

Nadie en esta nación que inventó el fútbol -pero no inventó los penaltis- quería esa lotería. El penalti lo inventó en 1890 el irlandés William McCrum, miembro de la Federación de su país, se aprobó en 1891 y sólo fue incorporado a los mundiales en la Copa de 1930 en Uruguay. Históricamente los ingleses no la van con los irlandeses.

A su turno, la definicion de partidos por tanda de penaltis la inventó el árbitro alemán Karl Wald (* los ingleses menos la van con los alemanes) y la introdujo la FIFA en torneos internacionales desde 1970. En los mundiales se necesitó por primera vez para desempatar un encuentro en la semifinal en España-1982, entre Alemania Federal y Francia. Alemania pasó a la final que luego perdería con Italia.

Adios al maleficio

Por ello hoy en Inglaterra todos hablan del “Milagro de Moscú”, de la victoria histórica, del fin de la maldición y de la “Mano de Jord”, con referencia a la mano izquierda del joven portero Jordan Pickford (24 años) deteniéndole a Carlos Bacca el quinto disparo de Colombia.

El nuevo héroe de Inglaterra es titular en el modesto equipo Everton en Liverpool, apenas debutó con la selección en noviembre pasado y cumplió contra Colombia su séptimo partido. Pero entrena en promedio 600 atajadas por semana, fue la revelación en la temporada de la Liga Premier y el técnico Southgate lo escogió y defendió contra las críticas por encima del histórico Joe Hart, a quien dejó fuera. La historia le dió la razón.

Inglaterra se había preparado desde marzo y estudiado y trabajado los disparos desde el punto penal, con manejo psicológico y científico, y también había analizado a los posibles pateadores de sus rivales. Habían estudiado a Falcao, a James, a Cuadrado y…a Bacca.

Cuando Eric Dier convirtió el quinto penal con el que Inglaterra venció a Colombia, los ingleses se enloquecieron y la celebración se prolongó hasta bien entrada la madrugada. Más que vencer a Colombia, se había derrotado la maldición y todos los diarios así lo consignan.

Debo advertir que está lectura sociológica y muy personal sobre el eco de la victoria inglesa, nace de mi doble nacionalidad colombo-británica y de vivir hace 18 años en este país europeo que me ha acogido.

Como colombiano e hincha vencido y con la ilusión destrozada, reconozco que Inglaterra fue superior en fútbol pero gracias al milagroso gol de Yerry Mina en el tiempo de descuento (nuestro héroe y gran goleador en el mundial) y a los siguientes minutos de inspiración en la prórroga, estuvimos muy cerca del sueño y nuestros jugadores lucharon hasta el final. Perdimos en la lotería de los penales en la que como hecho curioso David Ospina acertó el costado de todos los que le patearon los ingleses, detuvo uno que nos puso a soñar y arañó otros tres. Fallaron los pateadores y en un mundial es imperdonable.

Como escocés de corazón (otra nación británica), puedo entender y respetar que centenares de ingleses (*que tampoco la van con los escoceses) hayan amanecido durmiendo en el asfalto y algunos también en los hospitales por exceso de licor. Pero me tranquiliza comprobar que a pesar de la confluencia de alegría y alcohol, los inventores del fútbol y del fenómeno del “hooliganismo” y las barras bravas en los años 70, los festejos no causaron el número inverosímil de muertes inexplicables en aquella noche victoriosa en Colombia después del 5-0 contra Argentina. Además de patear bien los penaltis, esta es otra lección para aprender.

El fútbol es vida y la vida es alegría y sueños y también algunas veces pesadilla. Pero por encima de todo el fútbol es un deporte y una fiesta y nunca debe ser muerte. Los invito a que, terminada la pesadilla y superada la resaca, sigamos disfrutando la fiesta del mundial.

* Sabían ustedes que la primera tanda de penales en una Copa América fue en 1993, y Colombia venció 5 a 3 a Uruguay?

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