Somos Chapecoenses

El fútbol mundial está de luto y el sueño triunfal del ACF Chapecoense interrumpido.

El equipo brasileño quería ganar la Copa Suramericana y con su tragedia terminó conquistando el mundo y un lugar permanente y profundo en la historia del fútbol y en los corazones del planeta.

El accidente aéreo en la noche del lunes 28 de noviembre en que perdieron la vida la mayoría de sus jugadores, directivos, auxiliares, y periodistas que viajaban siguiendo al equipo para el primer encuentro final del torneo contra el Atlético Nacional de Colombia, despertó una oleada solidaria que traspasa las fronteras de lo imaginable y enaltece el espiritu humano.

Iban trás un sueño y se volvieron leyendas.

El vuelo se aproximaba a Medellín para el primer partido final del torneo y terminó a cuatro minutos del destino, accidentado en el cerro El Gordo, en el municipio de La Unión.

Conocido como el “Huracán del Oeste”, el modesto equipo del sur del Brasil cuyas mayores virtudes eran el coraje, la humildad y la entrega, generó un movimiento universal de comunión con sus jugadores, familiares, directivos y seguidores, jamás antes visto.

El fútbol había padecido antes otras tragedias como la del Torino italiano en 1949, el Manchester United inglés en 1958, el hoy desaparecido Green Cross de Santiago de Chile en 1961, el Strongest de Bolivia en 1969, el Pakhatakor de Uzbekistán en 1979, el Alianza Lima del Perú en 1987, el Colorful 11 (integrado por jugadores surinameses en la liga holandesa) en 1989 y la Selección Nacional de Zambia en 1993.

Solidaridad mundial

Pero esos siniestros ocurrieron en otra época, en la que no existía la internet, las redes sociales y la información inmediata, y el mundo estaba menos interconectado que hoy.

La dimensión de la tragedia se puede medir en la reacción inmediata y solidaria en el mundo, expresada de múltiples formas, y en que el accidente y la historia mágica del ACF Chapecoense se convirtió en la primera noticia.

En un gesto de gallardía, Atlético Nacional, el rival de Chapecoense en la final, pidió oficialmente que la escuadra brasileña sea declarada Campeón del torneo de forma honorífica y como homenaje póstumo a las víctimas.

La presidencia de Brasil decretó tres días de duelo nacional, la Confederación Brasileña de Fúbol aplazó una semana (hasta el 11 de diciembre) la última fecha del torneo nacional y Atlético Mineiro, pidió no jugar su encuentro final contra el Chapecoense.

La Federación Internacional de Fútbol (FIFA), la Casa Blanca y el Papa Francisco lamentaron la tragedia y ofrecieron sus condolencias, mientras en que los campos de fútbol, desde las canchas de entrenamiento hasta los estadios con encuentros de liga, se cumplieron minutos de silencio y actos de recuerdo en memoria de las víctimas.

El camerino convertido en altar por las víctimas

El AFC Chapecoense quedo desmantelado trás la muerte de 19 de sus jugadores, el entrenador, 16 miembros del equipo técnico y siete directivos, incluído su presidente, el empresario Sandro Pallaoro quién lideró el renacimiento del club. Reconstruir un equipo en esas circunstancias es una tárea titánica en un tiempo mínimo.

La cantera del equipo tiene 140 jóvenes y el plan era seguir creciendo en la formación de jugadores para tener en cinco años una base firme. Pero el club dependía del balance entre jóvenes y veteranos experimentados como los porteros Danilo Padilha (fallecido) y Marcelo Boeck, los defensores Neto (superviviente) y Filipe Machado, también fallecido, junto al cerebral mediocampista Cléber Santana y los delanteros Bruno Rangel -que jugó en el Al-Arabi de Catar- y Kempes, todos ellos desaparecidos y mayores de 30 años.

Renacer de las cenizas

Los equipos brasileños de la primera división ofrecieron prestar gratuitamente jugadores para organizar una nueva escuadra y propusieron que se garantice la permanencia en primera división durante los próximos tres años. Los clubes argentinos River Plate, Rosario Central y Racing de Avellaneda respaldaron la idea y también ofrecieron jugadores, al igual que el histórico Bénfica de Portugal.

También en Europa varios equipos ofrecieron donaciones económicas y ayuda logística y se dice que Cristiano Ronaldo donaría 3 millones de euros.

Fundado hace 43 años en la comunidad agrícola de Chapecó, en el estado de Santa Catarina, el equipo cumplió un ascenso meteórico en los últimos diez años pasando de la cuarta división en 2006 a la máxima categoría del exquisito fútbol brasileño en 2013, cuando celebró su cuarta década de existencia.

Emblema de una pequeña ciudad de 200 mil habitantes en el sur de Brasil, Chapecoense estuvo al borde de la quiebra y es la historia de un pequeño que se volvió grande hasta disputar el fanatismo en el sur de Brasil a equipos renombrados como el Gremio y el Internacional de Porto Alegre.

Su gesta de ascenso guarda similitud con el Leicester (campeón de la Liga Premier inglesa) o el Leipzig, actual líder de la Bundesliga alemana, pero no tiene ni el historial centenario del primero, ni los recursos del segundo.

Dos años atrás el equipo no tenía un moderno bus propio y su estadio Arena Condá, en homenaje al líder indígena del pueblo Kaingang, Vitorino Condá, apenas tiene capacidad para 21.500 espectadores. Por la reglamentación del torneo suramericano (aforo mínimo de 40 mil espectadores) el equipo debería jugar el partido de vuelta en el Couto Pereira, sede del Coritiba FC, en el vecino estado de Paraná.

El “cuento de hadas” del Chapecoense se convirtió en la noche del lunes en una tragedia griega. Pero su historia iluminó de verde el cielo mundial en las principales ciudades y sus emblemas como la Torre Eiffel de Paris, el Cristo Redentor en el Cerro Corcovado que domina Río de Janeiro, el Obelisco en Buenos Aires, la Torre Colpatria de Bogotá y los estadios de Wembley en Londres y el Allianz Arena de Múnich.

Hasta el lunes, “el maracanazo” de 1950 en que Brasil perdió la Copa Mundo con Uruguay y la humillante derrota 7-1 frente a Alemania en la Copa Mundo 2014, eran los más grandes desastres del fútbol brasileño.

La tragedia del ACF Chapecoense es hoy su historia más dolorosa.

Comments are closed.