El último verano de David Cameron

Sin tener un As bajo la manga, un jugador experto no hace una apuesta tan riesgosa y definitiva.

Si el primer ministro británico David Cameron hubiera aprendido el arte de jugar Blackjack, jamás hubiera convocado en un momento de debilidad política dentro de su partido el referendo en el que sus conciudadanos decidieron este jueves 23 de junio, retirarse de la Unión Europea y le dieron la espalda a su gobierno después de seis años.

Cameron equivocó la mano y víctima de su error anunció su inevitable dimisión temprano en la mañana del viernes, menos de tres horas después de confirmarse la victoria del Brexit.

A las 4.40 de la madrugada las proyecciones daban una ventaja decisiva que llevaron a la BBC a anunciar la victoria del Brexit, la cual se confirmaría matemáticamente a las 6.00, cuando aún faltaban resultados de 8 de los 382 consejos electorales.

By by británico a la Unión Europea

Premonitoriamente, la violenta tormenta de lluvia y ráfagas de viento que azotó Gran Bretaña desde la madrugada del jueves -causando inundaciones en varias partes del país- se convirtió en el presagio del terremoto político que significa para su país y la UE la victoria del Brexit con un 51,9% conseguido en la consulta democrática.

Es casi incomprensible que sólo un año después de haber logrado una arrasadora victoria en las elecciones generales y conseguido por primera vez en 27 años la mayoría conservadora en el Parlamento, David Cameron, salga noqueado de su campaña por mantener a Gran Bretaña en la UE.

La baraja de su póker tenía cartas medianas y difusas recibidas en febrero en Bruselas de sus colegas líderes de los otros 27 países de la UE, cuando negoció las condiciones que presentó a los británicos para convencerlos de lo esencial y positivo de votar en favor de seguir en el proceso de integración. Pero no supo jugarlas bien ni explicarlas a sus compatriotas.

La democracia es la voz del pueblo

Al declarar su renuncia, lógica y honorable, Cameron dejó en claro que el proceso de retiro de su país de la UE debe ser encabezado por un nuevo Premier defensor del Brexit, quien deberá ser escogido en la conferencia del partido conservador en octubre. No convocó a elecciones porque no se trata de una derrota estrictamente electoral sino en un referendo, y dio el banderazo a la carrera por el nuevo liderazgo.

Cameron adelantará la primera parte del retiro, informando oficialmente la decisión de los británicos a los países de la UE la semana próxima en un Consejo Europeo extraordinario. Además empezará las conversaciones informales mientras se define el nuevo gobierno que debería invocar el Artículo 50 del Tratado para iniciar el proceso.

Hace 41 años, dos tercios de los británicos habían ratificado en otro referendo la adhesión de su país a la Comunidad Económica Europea, fundamento de la UE de hoy. El jueves 17’410.742 ciudadanos dijeron no a seguir en el proceso integracionista; una mayoría superior en 1.2 millones a los defensores de continuar en el grupo económico-político, encabezados por el Primer Ministro y apoyado por el Jefe de la oposición laborista Jeremy Corbyn, que hoy enfrenta una moción de confianza del partido.

Las consecuencias próximas y futuras de la victoria del Brexit son incalculables para Gran Bretaña, su sociedad y su economía, y para la propia Unión Europea en la que varios países con gobiernos de derecha hay descontento con el proceso y se habla de convocar referendos (Hungría, Holanda y Dinamarca). El efecto contagio que puede generar el retiro de Gran Bretaña, la quinta economía mundial y uno de los tres motores de la UE, es insospechado.

El primer impacto ha sido la caída de la poderosa libra esterlina, que ha perdido más del 9% en la apertura de las bolsas asiáticas y se cambia a 1,34 dólares; niveles que no se veían desde septiembre de 1985. Ayer se cotizaba a 1,50.  Igualmente han bajado las principales bolsas europeas, pero este período de volatilidad de los mercados era un efecto previsible por el Banco de Inglaterra, que anunció que está siguiendo los desarrollos para intervenir si no se consigue una pronta estabilidad.

Mis temores sobre el nuevo “Día D” británico tristemente se confirmaron y el presagio que me asustaba desde hacía varias semanas luego de decenas de conversaciones con británicos de todos los niveles y sectores, se cumplió. Hoy recuerdo claramente las palabras de mi amigo Neil, un joven de 34 años que quiere a Europa, cuando me dijo “nosotros somos una isla que nos gusta mantener nuestra individualidad e identidad, y no que nos dicten nuestro destino desde afuera”.

División y fractura

La lectura de los resultados muestra claramente una desconexión del gobierno central con el sentimiento del país, que se refleja en los niveles de respaldo al Brexit y muestra la fractura interna de la sociedad británica.

El Brexit ganó Inglaterra con un 53% gracias a la fuerza en el norte y el centro del país, y sorpresivamente consiguió la victoria en Gales, con igual porcentaje. Allí radicó su ventaja.

Escocia quiere otro referendo de independencia. Hay que esperar al menos hasta 2020.

Escocia, como se esperaba, votó por seguir con una mayoría de casi 2/3 (62%) y ha llevado a la líder del Partido Nacionalista (SNP) Nicola Sturgeon a reclamar que “Escocia ve su futuro como parte de la Unión Europea” y oportunísticamente a hablar de la necesidad de un nuevo referendo independentista “porque hay un cambio significativo en las condiciones de 2014 que afectan a nuestro que votó por seguir en la Unión Europea”.  Sin embargo, la participación fue del 57%, inferior al promedio del país.

En Irlanda del Norte un 56% votó por quedarse y el Sinn Fein, que ganó la mitad de los consejos electorales, dijo que hay que pensar en la independencia. Lo cierto es que esta nación británica tendrá en el futuro próximo que restablecer sus fronteras con Irlanda, su vecino de la Unión, con el que comparte la isla.

Y Londres, la capita multicultural y reflejo de la integración de Gran Bretaña con el mundo, fue la única región donde ganó sólidamente el consenso por seguir en la Unión. Un 60% votó en favor, pero esa fuerza no alcanzó a remolcar la victoria del “Remain”.

Algunos analistas consideran que los británicos votaron “emocionalmente” instigados por los discursos de la migración incontrolada y el recuperar la soberanía del país. De visita en Escocia, Donald Trump, el controvertido candidato presidencial republicano en Estados Unidos, dijo que la victoria del Brexit era una buena cosa, “histórico. Básicamente reconquistaron el país”, dijo.

Boris en Pole position

El líder visible del Brexit, conservador y amigo personal de David Cameron, surge ahora como el principal candidato al liderazgo del partido. Es el más mediático de todos, probablemente el más “euroescéptico” y además está muy bien relacionado dentro de los círculos políticos desde su época de estudiante en Oxford, al igual que con la clase empresarial y el sector judicial. Como hecho inusual, de ser escogido por su partido, será el primer Primer Ministro de Gran Bretaña nacido en Estados Unidos (Nueva York).

Como buen animal político, Boris guardó prudencia durante todas las angustiosas horas del conteo y después del anuncio de dimisión de Cameron. Habló más de tres horas después del Premier y sus primeras palabras fueron para agradecerle su contribución al país, a la economía y a los británicos. Junto al otro líder del Brexit, el Ministro de Justicia Michael Gove, afirmó que “no le estamos dando la espalda a Europa. Somos parte de ella, de una civilización común y seguiremos interactuando y siendo una potencia europea”.

Boris siempre defendió la fuerza de Gran Bretaña para seguir adelante sin la UE

El tono de Boris reflejó la gravedad del momento histórico y del desafío futuro, pero al mismo tiempo destacó que en el referendo que “ganó el principio democrático; el derecho de todos de elegir y retirar a quienes toman las decisiones que afectan nuestras vidas. La Unión Europea es remota y no responde a la gente a la que sirve”, afirmó.

“No es necesario hacer parte de de sistema federal de gobierno con sede en Bruselas. Fue una idea noble pero no es viable hoy. Hay que tomar el control democrático de nuestro país y de nuestras leyes. Podremos controlar nuestras fronteras sin ser discriminatorios, y por encima de todo podremos conseguir nuestra voz de nuevo en el mundo. Somos la quinta economía del mundo y la cuna de la democracia parlamentaria. Creo que los británicos hablaron por la democracia en Gran Bretaña y en Europa”, puntualizó.

Muy al contrario, el fogoso líder del Partido Nacionalista Británico, Nigel Farage, cual “paracaidista político” salió a capitalizar la victoria del Brexit, del cual no era líder. Boris ha guardado distancia de Farage, pero este asumió como propia la convocatoria del exalcalde de Londres a que el 23 de junio fuera el “día de independencia” británico. Habló tres veces y afirmó que se trata de una victoria contra las amenazas y el miedo creado por el gobierno, del fracaso de la Unión Europea y de un nuevo día soleado.

Y contrario al tormentoso jueves, este viernes es soleado en Londres. La tempestad es de otro tipo. Es el efecto de la histórica decisión de los británicos y sus consecuencias, en un proceso que empezará a negociarse en unos meses, puede tardar mucho más de los dos años considerados en el Artículo 50 del tratado de Lisboa, y será una “pesadilla legal” desmontando más del 60% de la legislación común y negociando nuevos términos comerciales fuera del mercado único.

Pero después de la tempestad viene la calma y ese es el consenso y llamado de los principales líderes, incluso del Brexit, para mantener la estabilidad y superar el shock.

Por ahora todo sigue igual a nivel de derechos ciudadanos, libre circulación, migración, reglas tarifarias y comercio, legislación laboral y los principales aspectos de la vida normal.

Lo que es claro es que una mayoría de los británicos han elegido dejar de ser ciudadanos de la Unión Europea en una consulta absolutamente democrática (un ciudadano un voto), con una participación record del 72%: más de 33.5 millones de personas.

Yo, que recibí el beneficio de adquirir la ciudadanía británica y de la UE, creo en la integración y voté por seguir. En 2018, cuando tengo que cambiar mi pasaporte comunitario, veré el primer efecto del referendo en una primera página diferente. Pero siempre seguiré siendo y sintiéndome europeo.

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IMPACTO: Vivo en Europa desde hace 27 años y después de la caída del Muro de Berlín el 9 de Noviembre de 1989, creo sin lugar a dudas que este es el momento histórico más crucial y significativo de este continente milenario que me acogió, me terminó de formar intelectual y espiritualmente y me dió su ciudadanía, gracias precisamente a Gran Bretaña. De Berlín a hoy, nos separan años de construcción, de temores, divisiones y altibajos, en una relación ambivalente entre Gran Bretaña y la Unión Europea, un proyecto integracionista en el que siempre he creido y del que he recibido sus beneficios. Pero la Unión Europea a la que llegué tenía 12 países y hoy son 28 (pronto 27 cuando se complete la salida británica en unos años), sus cambios han sido acelerados y ha alcanzado la dimensión que mi profesor en la maestría de estudios europeos, Claude Roosens, empleaba para definirla: OPNI (Objeto Político No Identificado). Y el retiro británico tendrá un impacto en su fuselaje que nadie puede todavía valorar e imaginar.

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