Bodas de plata en Europa

El tiempo transcurre inadvertidamente y hoy, al dar la vuelta a la esquina, ha pasado otro cuarto de siglo.

Llegué a Europa, a Madrid, el viernes 19 de Mayo de 1989, al momento de las protestas estudiantiles pro-Democracia en la Plaza de Tian’anmen en Pekín, que llevaban un mes (desde el 15 de abril) y copaban la atención del mundo. Al día siguiente, el 20 de mayo, el gobierno chino declaró la ley marcial y dos semanas después, el 3 de junio, envió tanques y el ejército que disolvieron brutalmente la protesta.

En China el tema es tabú y el mundo capitalista, hoy volcado y dependiente de la economía de la República Popular, olvidó el significado de ese levantamiento, el medio millar de muertos y más de 5 mil heridos. Afortunadamente quedan como testigo las imágenes de El Hombre del Tanque, un ícono de la fuerza por la libertad.

Políticamente, 1989 es uno de los años más emblemáticos de nuestra historia, un año que cambió el mundo debido a las revoluciones; la frustrada en Tian’anmen y las triunfantes en los países del Este de Europa, que derrocaron a los regímenes comunistas. Fue el año del bicentenario de la Revolución Francesa (14 de julio) y meses después el de la disolución de la llamada Cortina del Este (Telón de Acero) y de la caída del Muro de Berlín en la noche del jueves 9 al viernes 10 de Noviembre: el principio del fin de la Guerra Fría y el preámbulo de la muerte de la Unión Soviética, dos años después.

Además, en latinoamérica, Brasil realizó sus primeras elecciones libres trás el fin de la dictadura militar, pero Estados Unidos invadió Panamá para derrocar al general Manuel Antonio Noriega. Y en Suráfrica asumió Frederik De Klerk, cuyo gobierno, forzado por el aislamiento y las protestas interminables, inició el proceso de desmonte del “Apartheid” que lo llevaría al año siguiente a liberar a Nelson Mandela.

Si algún día me decido a hacer mi Doctorado en Ciencias Políticas, 1989 sería indudablemente mi tema de tesis; el año de todos los peligros y cambios acelerados del mundo bipolar, el año más trascendente del final del siglo XX.

Una noche de Mayo de 1989...

Vine a recibir el Premio Internacional de periodismo José Ortega y Gasset, en la modalidad de Radio, ganado por el Programa Radionoticias de Caracol Radio por la transmisión sobre la avalancha que destrozó la localidad de Útica en Colombia. Radionoticias era un informativo nocturno de 7 horas en vivo que empezaba a las 9 de la noche y terminaba a las 4 de la madrugada. Yo había sido su director y coordinado un excelente equipo de periodistas, integrado por José Domingo Bernal, Germán Diaz, William Calderón y Ricardo Esteban (q.e.p.d).

Por primera vez un equipo latinoamericano ganaba en Radio. Un año antes, en 1988, el galardón lo habían recibido en la modalidad de prensa escrita, mis colegas y amigos Fernando y Juan Guillermo Cano Busquets, directores del periódico nacional El Espectador, del cual he sido corresponsal en Europa. Es el diario de mis afectos, en los años 90 considerado entre los diez más importantes del mundo, y en el que empezó a escribir el fallecido Premio Nóbel de literatura Gabriel García Márquez.

Recuerdo que la ceremonia de entrega de los Premios fue en el lujoso Hotel Palace, en la Gran Vía, la noche del lunes 22 de Mayo, hoy hace 25 años. Yo lucía una barba negra espesa, aún tenía suficiente cabello y era lo que en el boxeo llamarían un peso mediano junior o superwélter, con apenas 68 kilos, producto de un ritmo demencial de trabajo -radio, tv y profesor universitario- que apenas me permitía 5 horas de sueño al día. Como hecho simbólico, mi hermano Manuel José, también periodista y escritor, me esperaba en Madrid y por primera vez lo veía con barba. Dos Rincones, dos barbudos.

Tiempos lejanos

Venía con la idea de un año sabático y han pasado más de 20 calendarios entre España, Francia, Bélgica, Holanda y Gran Bretaña. Hoy mi barba es corta y gris, el cabello sobrevive con grandes entradas, y la lucha con la báscula me tiene ahora en los semipesados, entre los 79 y los 81 kilos y una pelea dietética constante. Posiblemente mi pasión culinaria desde la juventud, ha sido la clave para mantenerme “en forma”.

Resumir 25 años no es fácil y no pretendo hacerlo aquí. Quería simplemente recordar y valorar que llegué de Colombia con muchas ilusiones y algunas decepciones y tristezas, a las que Europa respondió con un viaje vital extraordinario y por el cual le estoy eternamente agradecido a este continente que me recibió, me acogió, me educó y me orientó en el camino.

Como Ítaca, el poema del gran poeta griego y periodista Constantino Cavafis, ha sido “largo el camino, lleno de aventuras, lleno de conocimientos” y he hecho el trayecto con velocidad moderada, fiel a la filosofía del gran escritor Hermann Hesse, de “Vivir cada día el máximo posible de pequeñas alegrías y reservar los goces mayores y más fatigosos para los días solemnes y los buenos momentos”.

Tengo siempre en mi mente a Ítaca, pero no apresuro mi viaje en absoluto. Es mejor que dure muchos años. Como han durado estos maravillosos, a través de calles, montañas, desiertos, viñedos, ciudades y países descubiertos, amistades entrañables construídas en el transcurrir de los estudios, los trabajos, los disfrutes y la evolución constante del continente. Europa terminó de formarme como persona en sus valores de respeto, libertad, fraternidad, amistad, igualdad y solidaridad, y me conquistó con su devenir diario y su historia pasada, aquella que leía en los libros del colegio y que desde hace un cuarto de siglo camino y disfruto en sus calles y laberintos, como periodista, observador inquieto y relator de vivencias.

Suelo decir que soy un afortunado porque he vivido, conocido y aprendido más de lo que jamás soñé, y me siento realizado y feliz después de mirar atrás los caminos andados. Pero aún más feliz por los nuevos y misteriosos que empiezo a recorrer desde ahora, al entrar en mis próximos 25 años.

Un comentario en “Bodas de plata en Europa”

  1. Anne-Marie dice:

    En primer lugar, gracias por compartir y recordar… Si por un lado, esta es la oportunidad de decirte “felicitaciones”, por otro, es también la oportunidad de hacer un ejercicio de memoria personal. ¡Doble gracias, entonces!
    Sí, 1989 fue un año tan diferente de los otros: por mi parte, estaba pasando mis exámenes finales universitarios, una de mis especialidades siendo Historia y Política de China — Imagínate como pasé semanas literalmente apegada a la tele mirando lo de Tienanmen… y claro sus acontecimientos figuraron en términos comparativos en mis exámenes, pues la historia suele ser repetitiva, en algunas partes de mundo más que en otras. Al cambio, la noche del 9 de noviembre la pasé en un avión a camino de San Francisco, donde días antes habían tenido el gran terremoto que destrozó el Oakland Bridge… No me enteré de la caída del muro de Berlín por varios días… Un gran hueco personal que viví como una pérdida… (Llenado, es cierto, por otros acontecimientos mucho más banales y locales, pero también interesantes en su momento, aunque no se inscribirían en las páginas de un libro de igual forma. En aquellos días viví mi primer terremoto en los “shock waves” del primero…)
    Así que, como tú, pero por otras razones(además de las ya mencionadas), digo que este año merece que lo recordemos. Levanto mi copa, de Sancerre (claro), a 1989! Un gran abrazo. AM