Mi cata sorpresa y los vinos del 2012

Los grandes vinos -por alcurnia, misterio y emociones- acompañan perfectamente las ocasiones especiales y nos ofrecen maravillosas sorpresas, nos producen admiración y nos confirman que cada botella es un ser viviente y su ciclo no es estricto ni matemático.

Durante las últimas semanas de vacaciones que pasé en Colombia en junio anterior, me di el placer de “esculcar” nuevamente mi cava de Bogotá (operación que trato de repetir anualmente), comprobar su perfecto estado y condiciones (se mantiene a 13º y 72% de humedad) y seleccionar para consumir varias decenas de botellas “maduras” que han estado durmiendo pacíficamente mientras yo trabajo catando vinos continuamente en Londres, Europa y alrededor del mundo.

Dos añadas de leyenda.

Mi meta era destaparlas y compartirlas con alegría y emoción con personas especiales, maduras y aún vigorosas, empezando por mi padre, quien me despertó el virus del vino y a sus 90 años sigue gozando de una salud y de una memoria admirables, probablemente gracias al buen vino.

Con él disfrutamos en familia un excelente Pomerol Clos René 1982; un vino de una añada excepcional, elegante, equilibrado y complejo, que se expresó perfectamente en un momento ideal de madurez, con notas de trufa, pimienta, frutos secos, y con una profundidad y persistencia increíbles. Por su regularidad y estructura atípica de 60% Merlot, 30% Cabernet Franc y 10% Malbec, es uno de los Pomerol de nivel medio más interesantes en calidad/precio. Decantado una hora antes, este vino de 30 años nos dió emoción plena y alegría total.

Mis jornadas en Colombia me permitieron terminar de comprobar que ciertamente una buena guarda beneficia al vino, pero que una aireación previa lo mejora sustancialmente y le ofrece la posibilidad de expresar todo su potencial. De hecho, muchos de los vinos que disfrutamos sorprendieron por su positiva evolución gracias al decantador y luego de otros 10 minutos en la copa eran la sumatoria de la complejidad y elegancia.

Eso nos ocurrió con prácticamente todos los 16 vinos (10 de ellos fueron decantados previamente) que constituyeron un largo y bien planificado almuerzo en el exclusivo Gun Club, con el que celebramos la amistad con Fernando España, uno de los grandes enófilos colombianos, quien a sus 83 años sigue vigente y maravillándose a diario con el vino.

La cita la concebimos con su hija Juanita, excelente sommelier y quien organizó el maridaje para los vinos, que fueron servidos por parejas. El grupo lo completaron la gran enóloga húngara residenciada en Colombia, Emoke Ijjasz, a quien leía desde joven sus escritos sobre vinos y licores, los reconocidos importadores Pedro López (vinos de Borgoña y Chile) y Leonardo Henao (Crus de Burdeos), y los periodistas Hugo Sabogal -columnista de vinos del diario El Espectador- y Víctor Manuel Vargas, de origen chileno y editor de la edicion dominical del periódico nacional El Tiempo.

Sentados, de izquierda a derecha: Hugo Sabogal, Leonardo Henao, Emoke Ijasz, Juan Carlos Rincón, Juanita España, Pedro López, Víctor Manuel Vargas y el homenajeado, Fernando España.

Los vinos que ofrecí eran en su mayoría franceses del año en que nos conocimos con Fernando, cosecha 1998, considerada muy buena en Médoc y Pessac-Léognan, y excelente en Pomerol, Saint Emilion y Fronsac. Pero además, llevé unas sorpresas adicionales en vista de los invitados a la reunión; de Hungría y Chile. La idea era hacer un viaje por algunas de las más importantes denominaciones de origen, a sus diferentes cepas, y compartir una tarde vinícola entre amigos. Mi regla de oro para disfrutar el vino es compartirlo.

Para el recuerdo de mi cata del año les presento los vinos en el orden de servicio y con mis notas (muy sucintas) de la ocasión. Aclaro que los cuatro primeros vinos y los dos últimos (los 70′s) no pasaron por el decantador pero tuvieron un corto tiempo de aireación en copa:

1- Tokaji Szamorodni, Száraz, 1993. El vino de aperitivo fue húngaro, un Tokaji seco de color ambar, muy evolucionado, en fase de declinación, con notas ajerezadas, toques de albaricoque, cáscara de naranja ácida y buena persistencia. Este primer vino nos despertó más dudas que emociones.

2- Hautes-Côtes de Nuits, PatriarcheBorgoña 1999. Pinot Noir de buena estructura, un vino genérico, de una gran añada, proveniente de una de las importantes casas productoras. De color rojo granate con tonos ladrillos, se mostró fresco aunque ligeramente amaderado, con notas terrosas en nariz y un poco vegetal en boca, de final largo, pero con asperezas y astringencia. Después de 15 minutos de aireación mejoró en la copa.

3- Morgon, Thorin, Cuvée Jean Thorin 1998. El vino que compartía presentación con el Borgoña fue la primera sorpresa. Un excelente Cru de Beaujolais, 100% Gamay, que se mostró pleno de vitalidad. La cuvée especial de la casa Thorin, proveniente de las mejores uvas cultivadas en terrenos de mica y cuarzo, fue un vino de carácter, con muy buena fruta (frambuesas y cerezas), ligeramente aceitoso, aromas minerales y de cueros, buena persistencia pero su final algo seco. Una revelación porque normalmente el límite de edad para los consagrados Crus de Beaujolais, es una década.

4- Bordeaux Superior, Château de Reignac, 1998. Uno de los vinos más premiados de esta extendida denominación Bordeaux, elaborado por Yves Vatelot con la asesoría de Michel Rolland. Otra sopresa agradable. Complejo, mineral, especiado, fresco, con notas de cerezas, frutos rojos secos y pimientas, y de una admirable longevidad bien llevada. Un Bordeaux Superior es un vino que usualmente se bebe en los primeros cinco años de su salida a la venta y no es de guarda. Pero en este caso, la excepción hizo la norma.

La decantación es benéfica para el vino y los Burdeos lo comprobaron.

5- Listrac-Médoc, Château Fourcas Hosten, 1998, antiguo Cru Bourgeois Supérieur. Presentado en pareja con Reignac, este excelente Listrac continuó aumentando el nivel de la jornada. Vino en un momento perfecto de evolución, mineral, aromas de cuero fresco, balsámico, con notas de chocolate, cacao y moka, largo y refrescante en boca. Vino de buena estructura, cuerpo medio y amable. La cata tomaba buena dinámica.

6- Margaux, Château Marquis d’Alesme Becquer, 1998, Tercer Grand Cru Classé. Complejo y expresivo, este Grand Cru Classé fue presentado para apreación sólo. Es una etiqueta que normalmente ha sido menospreciada debido a varias añadas erráticas en los años 80 y 90, pero que nos demostró el linaje de los grandes burdeos en las grandes añadas. Para mi fue una sorpresa mayúscula porque no me esperaba tanta calidad y mis experiencias anteriores no habían sido alentadoras, excepción hecha de los últimos tres años, 2008, 09 y 10. Vino de color rojo granate oscuro, con notas minerales de grafito, nariz floral (violetas), y aromas de frambuesas y cerezas, en boca fue redondo, refrescante y especiado, con notas de brevos y ciruela negra, moka y un amable final de tostados y café árabica. De gran persistencia y elegancia, un gran Margaux que demuestra la influencia del Cabernet Franc (15%) y el Petit Verdot (10%) en el ensamblaje junto a los tradicionales Cabernet Sauvignon y Merlot. Uno de los mejores vinos de la reunión.

7- Saint Julien, Château du Glana, 1998. Un vino de nivel Cru Bourgeois -aunque nunca ha sido clasificado- que presenté en pareja con el Saint Estèphe. Glana se ha beneficiado de parcelas compradas al Tercer Grand Cru Classé, Château Lagrange, y produce uno de los Saint Julien de nivel medio más consistentes desde finales de los años 90. De color rojo granate medio con ribetes teja, presentaba notas pimentosas, con aromas de moras y frambuesas, y en boca fue muy fresco y persistente. Un vino amable, en un buen momento.

8- Saint Estèphe, Château Les Hauts de Pez, 1998. El segundo vino del Cru Bourgeois Château de Pez, ya estaba en fase de declinación y a pesar de ofrecer notas balsámicas, en boca desplegaba notas animales y de fruta ácida, con astringencias y final sin elegancia. Un segundo vino al que le pasaron los años.

9- Haut-Médoc, Château La Tour Carnet, 1998, Cuarto Grand Cru Classé. Otro encuentro muy interesante de una época hoy revaluada. La propiedad fue adquirida en 1999 por el magnate vinícola Bernard Magrez, quien modernizó los procesos de vinificación, redujo la densidad de plantación, estableció la doble selección y aumentó el porcentaje de barrica nueva. Pero como ejemplo de la “vieja época” este vino presentó un nivel alto de calidad, con una evolución homogénea, fruta roja macerada (ciruelas y frambuesas), especias, notas aciduladas, moka y menta. De final fresco y largo, es un vino amable pero con una trama secante y signos claros de evolución. No mejorará y está a punto para beber.

10- Pessac-Léognan, Château Brown, tinto, 1988. Otra época y otro estilo pero un vino de calidad que hoy hace parte de los mejores de la denominación de origen, cuya clasificación fue creada en 1987, pero no consideró a Brown como un Grand Cru. La propiedad pertenece a la familia Mau desde 2004 y es dirigida por el dinámico Jean-Christophe Mau, uno de mis cercanos amigos bordeleses, quien reside en el château con su familia. El vino que probamos, de color granate-marrón y tonos ladrillo, era elegante y fresco, mentolado, con notas de cuero, moka, frutos secos y algo terroso. Es agradable y especiado, pero ha entrado en fase de declive. Después de un serio trabajo de reorganización del viñedo y mejora de los métodos de cultivo, Brown es uno de los más elegantes y especiados vinos de Pessac-Léognan, un top por calidad/precio.

De izquierda a derecha quince orígenes diversos, quince vinos degustados.

11- Saint Emilion Grand Cru Classé, Château Yon Figeac, 1998. Otra sorpresa por su complejidad y elegancia tánica, que degustamos junto al Pomerol y al Fronsac para comprender la fuerza del Merlot en la ribera derecha de Burdeos. Lo conozco desde la añada 95 y aunque no es uno de los Saint Emilion más cotizados entre los Grandes Crus Classés, tiene un nivel de regularidad interesante y precio abordable. La añada 1998, es considerada una de las mejores en la ribera derecha y el vino lo demuestra con una frescura y elegancia sobresalientes. Con notas tostadas, moka, café y torrefactos, es largo en boca, desplegando notas minerales, ciruelas pasas y regaliz. De final especiado y largo, fue muy seductor.

12- Pomerol, Château Beauregard, 2000. Otra de las añadas míticas de Burdeos aunque en el caso de la ribera derecha, un buen número de propiedades lograron su mejor vino al año siguiente, pasado el “efecto milenio”. Con un 30% de Cabernet Franc en su ensamblaje y ubicado en el límite de la denominación (su terreno es aledaño al del Château Cheval Blanc, Primer Grand Cru Classé A de Saint Emilion), este es uno de los vinos más interesantes de Pomerol por la relación calidad/precio. Su enólogo Vincent Priou apuesta a la elegancia y en las grandes añadas el vino es realmente sobresaliente. Superó por poco al delicioso Yon Figeac, gracias a una mayor complejidad y elegancia, y a sus notas minerales y torrefactas en perfecta sintonía. Excelente y otro de los grandes vinos del día.

13- Fronsac, Château de La Riviere, 1998. Uno de los vinos más conocidos y premiados de esta denominación, al noroeste de Pomerol, reconocido por su clásica etiqueta dorada. El vino decepcionó un poco debido a su final áspero y secante, a pesar de su frescura en boca y notas minerales y de café. Un vino fuerte, corriente pero rústico, sin la elegancia de sus hermanos de mayor alcurnia.

14- Madiran, Château Montus, 1998. Un clásico del suroeste de Francia, en la frontera con España, producido con la uva Tannat por Alain Brumont, uno de los viticultores estrella y emblema de la denominación de origen. De color rojo púrpura oscuro, casi negro, el vino ofrecía aromas fuertemente animales (cueros) y en boca muy mineral y tánico, excesivamente tosco y agresivo, muy difícil. Incluso tres horas después de la decantación el vino conservaba esa trama rústica y sin armonía. Habrá que volver a probarlo otro día.

15- Vino Reservado, Concha y Toro, 1977. Una reliquia de mi cava y el primero de los vinos sorpresas que tenía para la reunión. Otro vino que asombró a la mayoría por su frescura y longevidad aunque el Cabernet Sauvignon y el Merlot de este chileno no tienen la estirpe de un Pauillac o de un Médoc, y 35 años para este vino de gama media, que nunca fue pensado para un camino tan largo, se sienten. De color rojo ladrillo, con notas suaves especiadas y algo pimentosas, es un vino ligero -casi tipo Borgoña- en fase decadente, con notas algo dulzonas, pero largo y aún fresco. Valorado y apreciado por haber cumplido más de dos veces la expectativa máxima de guarda es un vino que merece un aplauso. Una etiqueta del pasado, un vino pionero del monstruo mundial que hoy es Concha y Toro, su vino de más venta en los años 70 y antecesor del Marqués de Casa Concha y de Don Melchor. Lo interesante es que quedan otras tres botellas en la cava.

16- Egri Bikavér, Egervin, Muzealis Bor, 1976. La gran emoción de la tarde y mi sorpresa para Emoke, con un vino que tenía en cava desde 1998, a la espera de ese momento especial. Un “milagro” vinícola porque estaba perfecto y fue emocionante desde el descubrir su etiqueta antigua de la época comunista, hasta retirar con sumo cuidado el corcho y recibir sus primeros aromas, fuertes y poderosamente animales. Esta botella del famoso “Sangre de Toro” húngaro, que es producido en el nordesde -Eger- con 13 uvas distintas (Kadarka, Kefrankos o Blaufränkisch, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Pinot Noir y Zweigelt, son las principales) y está considerado el vino tinto más famoso del país, tenía una historia inusual. La había adquirido en Tokio luego de una cena en que me emocionó su vigor. Casi 14 años después el vino seguía siendo una maravilla.

Un Egri Bikavér pasa entre dos y tres años en barrica y durante la época comunista se utilizaba mucho Cabernet Sauvignon en su elaboración, lo cual favoreció probablemente su evolución tan prolongada y un resultado tan inesperado. El vino, de color oscuro, desplegaba notas afrutadas y herbáceas, del tipo bosque resinoso, y en boca era fresco y largo, vibrante, con aromas algo dulces de fruta cocida, y taninos ligeramente secantes. Vino distinto, vino de otros tiempos, vino de largo aliento, sangre de vino, sangre de toro. Era la única botella y la ocasión fue igualmente única y memorable. Uno de mis vinos Top del 2012.

* VINOS PARA NO OLVIDAR: A lo largo de 2012, fueron miles de vinos degustados y seleccionar nunca es fácil después de tantas copas y recuerdos acumulados, pero hay algunos que merecen un lugar en mi lista de favoritos del año. No puedo dejar pasar Château Cheval Blanc 2000 (Primer Grand Cru Classé A de Saint Emilion), Château Margaux 2008 (Margaux, primer Grand Cru Classé), Château Montrose 2005 (segundo Grand Cru Classé, Saint Estèphe), Zuccardi Aluvional 2008 (Argentina), Château Haut Bailly 2004 (Pessac-Léognan), Château Smith Haut-Lafitte 1959 (Pessac-Léognan), Château Angelus 2008 (Saint Emilion, Primer Grand Cru Classé B), Corton-Charlemagne Grand Cru 2007 (Borgoña, Louis Latour), Biblia Chora Ovilos 2011 (Grecia), Château Sociando Mallet 2010 (Haut-Médoc), Château Beauregard 2009 (Pomerol), Château Lagrange 2000 (Saint Julien), Château Larcis Ducasse 2010 (Saint Emilion, Grand Cru Classé), Château Lafon Rochet 2005 (Saint Estèphe), Château La Pointe 2010 (Pomerol), Château Prieuré-Lichine 2010 (Margaux), Château Giscours 2009 (Margaux), Château Branas Grand Poujeaux 2009 (Moulis), Batard Montrachet 2009 (Borgoña, Albert Bichot), Château Climens 2009 (Barsac), Hermitage blanc “Au Coeur des Siècles” 2009 (Ródano norte, Cave de Tain L’Hermitage), Avaton 2008 (Grecia), Jiabeilan Cabernet 2009 (China), Rioja Gran Reserva 890, La Rioja Alta 1995 (España), Licina 2008 (Vino de Madrid), Maso Montalto Pinot Nero 2002 (Lunelli, Italia), Taittinger Comtes de Champagne 2000, Champaña Amour de Deutz, Blanc des Blancs 2005, Terra Di Lavoro (Campania, Italia), Clos des Lunes-Lune d’Argent (Bordeaux Blanc 2011), Château Peby Faugères 2000 (Saint Emilion Grand Cru), Château Grand Corbin Despagne 2005 (Saint Emilion, Grand Cru Classé), Château Brane Cantenac 2009 (Margaux), Château Dauzac 200o (Margaux), Hacienda Araucano Clos de Lolol 2010 (Chile), The FMC 2010 (Chenin Blanc, Suráfrica), Cabernet Franc Oldenburg Vineyards 2009 (Suráfrica), Vision 2008, Kaapzicht Steytler (Suráfrica), Hannibal 2009, Bouchard Finlayson (Suráfrica), Enki 2009 (Vistamar, Chile), Vigno 2009 (Morandé, Chile), Sol de Sol 2010 (Chile), San Pedro de Yacochuya 2008 (Salta, Argentina), Altimus 2009, bodega Michel Torino (Argentina), Mendel Lunta 2010 (Mendoza, Argentina), Achaval Ferrer Finca Bellavista 2008 (Mendoza, Argentina), Sassicaia 2004, Bolgheri, Tenuta San Guido (Italia), Torgiano Rosso Riserva Rubesco 2006, Vigna Monticchio (Italia), Rosso del Conte 2008, Nero d’Avola, Tasca d’Almerita (Italia), Château  Léoville Poyferré 2005 (Saint Julien), Château de Braude 2010 (Haut-Médoc), Château La Louviere blanco 1986 (Pessac-Léognan), Château Pichon Longueville Comtesse de Lalande 2010 (Pauillac, segundo Grand Cru Classé), Château Clerc Milon 2010 (Pauillac, quinto Grand Cru Classé), Château Grand Puy Lacoste 2010 (Pauillac, quinto Grand Cru Classé), Le Défi de Fontenil 2005 (Bordeaux), Muscat 2011 Domaine D’Ollon (Rouvinez, Suiza), Clos de Balavaud Vetroz Grand Cru (Suiza), Quinta do Vallado Reserva 2000 (Douro, Portugal), Adelaide 2009 (Douro, Portugal), Aveleda 2011 Alvarinho (Portugal), Martín Códax 2011 (Rías Baixas, España), Altos del Terral T1, 2009 (Ribera del Duero), Pingus 2010 (Ribera del Duero, España), Château d’Yquem 2005 (Sauternes), Champaña Charles Heidsieck Blanc des Millénaires 1995,

Salud y Feliz Año 2013!

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