Muerte en un tanque de Whisky

Donald Johnston fue el fundador de la destilería Laphroaig al noroeste de Escocia, en Islay, una de las más famosas de las islas hébridas interiores británicas. Establecida en 1815, la licencia oficial para destilar le fue concedida en 1826.

Conocida como la isla del whisky, en Islay funcionan siete de las más importantes destilerías de whisky de malta, productoras de los únicos e innimitables whiskies turbados (con aromas a carbón vegetal) que son considerados la élite de esta renombrada bebida y constituyen un culto para los conocedores.

Laphroaig, junto a Lagavulin y Ardbeg, son los más complejos y potentes, mientras que Bowmore, Caol Ila, Bruichladdich y Bunnahabhain, varían la concentración según el tipo de whisky y la gama. Pero las “siete hermanas” constituye el núcleo económico de Islay y han forjado su renombre mundial.

Destillería de whisky Laphroaig (Foto: lenstalk.com)

Laphroaig fue el whisky que me enamoró de los whiskies de malta, me abrió el mundo de Islay y me llevó en 1995 a explorar durante una semana la isla y cada una de sus destilerías, incluyendo la de  Jura, en la isla vecina. Fue en Jura donde el periodista y escritor George Orwell se recluyó a escribir entre 1947 y 1948 su exitosa novela anticipatoria 1984, de la que se desprenden entre otros, el moderno concepto de “Big Brother” (gran hermano), tan expandido hoy gracias al reality show de televisión y su franquicia mundial.

Nunca olvidé de la visita a Laphroaig tres cosas:

- la generosidad, emotividad y dinamismo de Iain Henderson, su exitoso Master Distillery -hoy retirado- quien me enseñó el proceso del whisky y me guió todo el recorrido y la selecta degustación. Años después y en varias ocasiones nos hemos rencontrado con Iain, en Edimburgo y Londres, siempre alrededor de un buen whisky de malta.

- Que Laphroaig es el preferido del Príncipe Carlos de Gales después de su accidentada visita a la destilería en 1994 y uno de los tres únicos whiskies de malta que ostentan orgullosamente el sello real de la corona británica (se observa en la parte superior del envase y la etiqueta) en cada botella. El príncipe Carlos conducía la avioneta y debido a fuertes vientos de cola se estrelló -sin consecuencias- al aterrizar en el pequeño aeropuerto de Islay. Después recuperó el aliento en la destilería con un whisky Laphroaig de 15 años. (*) El primer Malt whisky de la corona fue Royal Lochnaggar en 1848 y el segundo Glengoyne en 1984, el favorito de la fallecida Reina Madre y la primera destilería que visité -en diciembre de 1992- con mi amigo periodista y escritor mexicano Luis Rodríguez.

Tanque de remojo y fermentación en una destillería (Foto: singlesteppers)

- Y lo más impactante, que hace 165 años, Donald Johnston, el fundador de Laphroaig, murió luego de caer accidentalmente en uno de los gigantescos tanques con mosto caliente y en pleno proceso de fermentación. Me pareció en su momento una historia surrealista e Iain me explicó que al parecer cayó en la cuba mareado por la intensidad de los vapores de hasta 70º centígrados que se desprenden del tanque en el proceso.

Johnston falleció dos días después del accidente, en 1847. Tenía 51 años y no dejó herederos. Pero su nombre está asociado universalmente a cada etiqueta y empaque de Laphroaig en la que se lee claramente en su base: Distilled and bottled in Scotland by D. Johnston & Co. (Laphroaig), Laphroaig Distillery

Hasta el pasado 7 de enero era el único relato oficialmente conocido de muerte en un tanque de whisky. La historia se repitió ahora en la destilería Glenfiddich, en Dufftown (Banffshire), en la connotada zona de producción de Speyside, al noreste de Escocia.

Glenfiddich, es el whisky de malta más vendido en el mundo e internacionalmente conocido por su original botella triangular en vidrio verde para su gama de 12 años. Es el primer malta que probé en mi vida hace más de 30 años, pero confieso que no es mi preferido.

Gama de whiskies de malta Glenfiddich (Foto: Glenfiddich.com)

El turno le llegó ahora a Brian Ettles, quien trabajó 23 años en Glenfiddich y se ahogó en una de las cubas de fermentación del mosto, un tanque de 50.000 litros de capacidad y 6 metros de fondo, que estaba lleno con agua según la técnica de preservación de la madera antes de ser depositado el mosto.

Pero a diferencia de Johnston, Ettles no cayó accidentalmente en el tanque el sábado. Según las autoridades y las primeras investigaciones, se suicidó en él. Cuando se descubrió el cuerpo en la noche, era ya muy tarde y los servicios médicos de emergencia no pudieron revivirlo. El operario tenía 46 años y era padre de dos hijos.

La destilería cerró al público lunes y martes y apenas este miércoles 11 de enero reanudó sus actividades normales y las visitas a las instalaciones.

Glenfiddich dijo que “normalmente debería haber abierto pero decidió cerrar durante ambos días como señal de respeto” por Brian Ettles, su familia y sus compañeros de trabajo.

Las trágicas historias de Johnston y Ettles en la industria del whisky escocés, son tristes, inusuales y llegan incluso a rídiculas, pero igualmente hacen parte de ese mundo increíble y con más de 500 años de historia de la bebida alcohólica más universal y extendida.

* Muerte en un barril de vino: está documentado que en 1478, George Plantagenet, duque de Clarence, miembro de la familia real británica y reconocido bebedor, fue condendo por traición y los verdugos para su ejecución lo ahogaron en un barril de 477 litros de vino. William Shakespeare incluyó a Plantagenet como personaje de su obra Ricardo III. 

Un comentario en “Muerte en un tanque de Whisky”

  1. Buen articulo! Ciertamente, no el tipo de muerte que yo escogeria. Eso si, recuerdo un Ardbeg 17, de los que ya no hay, consumido con ahinco una fria noche decembrina en cierto barrio londinense cerca de Canterbury. Poco tiempo despues adquiri en Miami una botella de Ardbeg 10, y se la regale a mi suegro … que procedio a no beberla nunca! Estas pasadas vacaciones Ana Maria se encontro la botella en casa de su padre y habilmente la sustrajo para devolverla a un lugar donde realmente se aprecia su calidad.
    Un abrazo!