Vuelta 2020 con Vinos de España: Maturana blanca (Rioja)

* Dionisio Ruiz Ijalba, el fundador de la dinámica bodega Viña Ijalba en Logroño, Rioja, inició su exitosa vida empresarial montando en una bicicleta, fruto de la necesidad, como tantos ejemplos de ciclistas triunfadores en el mundo. Nació en el pequeño pueblo de Nestares en 1931, en la Sierra, y el único medio de locomoción para desplazarse e ir al trabajo era pedaleando a diario 60 kilómetros, carretera para arriba, carretera para abajo. Luego su vida profesional se desarrolló como transportador haciendo viajes por Europa para una empresa dedicada a fabricar concreto (hormigón) y como buen visionario se aventuró en 1973 a montar la primera planta en la provincia de La Rioja para producir este material esencial en la construcción. Hoy, esa planta creció hasta convertirse en el grupo empresarial Dionisio Ruiz SL, un conjunto de compañías dedicadas al sector del transporte, producción de hormigón, construcción y como parte de la expansión, al sector vitivinícola.

En 1975 fundó Viña Ijalba y desde entonces ha plantado 80 hectáreas de viñedos ecológicos en antiguas canteras de grava y minas a cielo abierto para producir vinos de alta calidad. Además, desde fines del siglo 20 apostó por los proyectos de investigación para tratamiento de aguas residuales de la bodega, y su tarea vanguardista; la recuperación de variedades autóctonas minoritarias, entre ellas las uvas Maturana blanca, Maturana tinta, Tempranillo blanco y Graciano, produciendo vinos varietales de Rioja, contrario a la regla general de vinos de corte o ensamblaje de distintas uvas. Uno de esos vinos, el de Maturana blanca, fue producido por primera vez en el mundo por Viña Ijalba y es invitado de este jueves para la tercera etapa de la Vuelta a España 2020 y mi cena tardía.

Dionisio siempre mantuvo la afición por el ciclismo. Desde que nació la bodega hasta 2012 creó y patrocinó el equipo de ciclismo juvenil Viña Ijalba para formar pedalistas de La Rioja. De allí surgió el logroñés Carlos Coloma Nicolás, quien en 2016 fue medalla olímpica de bronce en ciclo-montañismo en Río de Janeiro. El empresario hizo presencia en varias ocasiones en el Tour de France y la Vuelta a España, y en su despacho tiene colgada en una vitrina especial una de las dos bicicletas de contra-reloj que utilizó Miguel Indurain para triunfar en su primer Tour de France en 1991, junto a innumerables recuerdos, camisetas y zapatillas de los campeones españoles.

Dionisio promovió además la creación de la Sociedad Ciclista Riojavelo de ciclo-turismo, que organiza salidas dominicales. Sigue colaborando indirectamente con la base del ciclismo riojano y a los 89 años hace dos horas diarias de deporte. 

El veterano irlandés Dan Martín, del equipo Israel Start Up Nation, ganó la tercera etapa de la Vuelta a España en el ascenso a la Laguna Negra de Vinuesa y avanzó al segundo lugar, a 5″ del campeón defensor y líder de la carrera, el esloveno Primoz Roglic.

El ecuatoriano Richard Carapaz es ahora 3° a 13″, seguido del primer español, Enric Mas, a 32″, el estadounidense Hugh John Carthy a 38″ y el estadounidense de origen esloveno Sepp Kuss, segundo ciclista del equipo Jumbo-Visma del líder, a 44″.

La etapa generó otras modificaciones en la general y los demás rivales se encuentran ya a más de un minuto de Roglic. El colombiano Esteban Chaves es ahora octavo a 1.29″, el español Marc Soler (9°) a 1.55″, el australiano George Bennett (10°) a 1.57″ y la tripleta de españoles, Alejandro Valverde (a 2:08″), David de la Cruz a 2:31″ y Mikel Nieve a 2:53″.

La etapa de este viernes sobre 191,7 kilómetros entre Garray y Ejea de los Caballeros, transcurrirá por la Provincia de Aragón sobre terreno llano y será propicia para una larga escapada o para una llegada masiva en embalaje, si los ciclistas deciden reservar fuerzas para las etapas de media y alta montaña del sábado y el domingo, con el temible ascenso al Col du Tourmalet en los Pirineos franceses.

Mientras tanto, en la Vuelta 2020 con Vinos de España, descorché una botella de vino varietal de la uva Maturana blanca, cuya recuperación se logró gracias a Viña Ijalba y la filosofía renovadora de Dionisio Ruiz Ijalba, que hoy sigue desarrollando su hija Marisol Ruiz, directora de la bodega.

Los registros históricos más antiguos referencian la uva Maturana blanca en 1622 (con el nombre Rivadavia) pero hasta hace unos años se había dado por extinta. El proceso de recuperación comenzó en 1988 con estudios de campo para encontrar las variedades y luego la creación, con años después en Viña Ijalba, de un banco de germoplasma de las variedades encontradas. De todas ellas, la Maturana blanca se considera de la mayor potencial y Viña Ijalba plantó un viñedo en 1995 y en 2001 lanzó el primer vino varietal (añejado en barrica) que corresponde a la cosecha 2000.

En el proceso de experimentación se encontró que es una uva de maduración precoz de alto contenido de azúcar y acidez, y de racimo muy pequeño, casi la mitad comparativamente con la Malvasía y una tercera parte del racimo de Viura! Actualmente hay apenas 38 hectáreas plantadas de Maturana blanca en el mundo, de las cuales 8 son de esta bodega pionera.

Viña Ijalba produce anualmente 10.000 botellas en la serie Varietales y emplea una parte de la producción en un vino de corte de tres uvas blancas con crianza de 8 meses en barrica nueva francesa (50% Viura 30% Maturana blanca y 20% Tempranillo blanco).

De la serie varietales hacen parte igualmente la Maturana tinta, el Tempranillo blanco y la Graciano, vinos que cataré en una próxima ocasión para completar el registro de estas uvas autóctonas. He probado antes las primeros vinos de Maturana tinta de Viña Ijalba, y en pocas ocasiones la Tempranillo blanca que Viña Ijalba también desarrolló y de la cual hay plantadas hoy más de 600 hectáreas en La Rioja.

El vino de hoy fue mi primer contacto con la Maturana blanca, que me interesó por los buenos conceptos de calidad. Y ciertamente que es una uva muy seductora. Viña Ijalba hace una crianza de tres meses sobre lías (la materia sólida que queda después de la fermentación formada por las levaduras) que le aporta más volumen y untuosidad (notas ligeramente grasas en boca). La experiencia de la bodega a lo largo de este siglo encontró que la uva expresa mejor su potencial sin barrica o con un paso muy leve y desde 2009 elabora la mayoría en tanques de cemento (revestidos) y apenas un 10% en barriles de roble francés Allier de 225, 300 y 500 litros.

La bodega me había señalado que consideran esta variedad como la más interesante de las recuperadas y por ello escogí este vino que corresponde a la cosecha 2019, es decir que proviene de plantas que ya tienen 25 años y están en plena madurez y desarrollo. El vino, de color amarillo medio y algo verdoso, tiene buena densidad (lagrimas) sin ser muy graso, es elegante en nariz y en paladar y tiene buen volumen.

Lo armonizamos en la noche con Merluza en salsa de yogurt de coco con cilantro picado y unos granos de pimienta china de sechuan con un toque de queso parmesano, todo ello acompañado de patacones de plátano (tostones). La armonía fue perfecta. Me gustó mucho el aroma inicial de papayuela y piña, que en boca se convierte en notas cítricas con un toque de miel de acacia y un retrogusto suavemente terroso, seco y persistente (25-35″). Su grado alcohólico (13.5%Vol) es ideal y le permita contrastar muy bien con pescados de mar de sabor fuerte o con carnes blancas en salsa.

Pienso que podría ser una excelente alternativa frente a la muy extendida Viura para producir vinos blancos complejos, de corte o varietales que quieran ser apreciados por su diversidad y carácter. El tema es el bajo rendimiento de la uva pero la calidad es notable. Me hizo recordar un poco los vinos borgoñones de Meursault pero con menor mineralidad. Un excelente descubrimiento que me encantará seguir en su evolución.

* Sitio oficial de la bodega Viña Ijalba: www. ijalba.com

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