FAC et SPERA: el documental sobre Chapoutier

Michel Chapoutier es considerado por muchos el Rey de los vinos biodinámicos. Su visión de la viticultura y su enérgica personalidad, han dado un impulso fundamental a los viñedos del Ródano y a la búsqueda de la expresividad y el carácter del terroir en los vinos.

La expresión heráldica latina Fac et Spera -hacer y esperar- es además del blasón familiar de la casa Chapoutier el título de la película documental realizada por Florent y Remy Gaillard sobre Michel Chapoutier y su compromiso de dos décadas con la biodinámica.

La película está presentada desde el miércoles y sus 22 minutos giran alrededor del trabajo cotidiano de Chapoutier, su búsqueda de terrenos y la práctica de la agricultura biodinámica en sus distintas propiedades en el Ródano, Alsacia, Rousillon y Australia.  Según los realizadores, no es posible entender su trabajo sin conocer íntimamente su personalidad.

El filme ofrece imagenes magníficas del momento de la cosecha, de la vinificación, de los paisajes vinícolas del Valle del Ródano y de sus históricos viñedos en terrazas y laderas, destacados aún más con secciones en blanco y negro y una original música.

Michel Chapoutier tiene hoy 47 años y representa la última generación de un dominio familiar de más de 200 años (data de 1808), que constituye junto a Jaboulet y Guigal, las casas emblemáticas de productores-negociantes del Ródano.

Chapoutier es un viticultor audaz, un innovador, hombre de múltiples facetas, que considera fundamental el respeto del equilibrio natural de las viñas y del terroir para producir grandes vinos. A principios de 1990 decidió aplicar la agricultura biodinámica a sus viñedos. Dos décadas después, la totalidad han sido convertidos a esta práctica y constituyen el más extenso viñedo en biodinamia en el mundo.

Michel Chapoutier (Foto oficial Chapoutier)

La casa Chapoutier, su alma y nervio, es Michel. Su energía desbordante se aplica en varios niveles, desde ser el pionero al introducir las innovadoras etiquetas con relieve en lenguage Braille para los ciegos, hasta haber extendido sus viñedos desde Tain l’Hermitage a las más importantes Denominaciones de origen del Valle del Ródano.

Pero tal vez lo más importante, Chapoutier convirtió la divisa “hacer y esperar” – que podríamos equiparar a paciencia- en una filosofía vitivinícola que se aplica en todas las parcelas para dejar que el terreno se exprese a si mismo en el vino, tal como fue en el pasado, antes de la modernización de la viticultura. “Es el trabajo en el viñedo el que da la calidad”, recuerda Chapoutier.

Más de 6 millones de botellas producidas y entre ellas vinos excepcionales como sus Hermitage producidos a partir de viejas viñas de más de 50 años, son la carta de presentación y el emblema de calidad de Chapoutier. Son vinos únicos y la más pura expresión de la biodinámica.

El documental pasa revista a la familia Chapoutier a lo largo de dos siglos, a su amor por la comida, y como ello ha influenciado el estilo de sus vinos.

Etiqueta Braille de Chapoutier (Foto Chapoutier)

Siempre he considerado que el vino debe ser el compañero ideal de los alimentos, en un almuerzo, una cena o incluso un entremés. A mi juicio, es una bebida histórica que debe ir al lado de la comida. “El vino está al servicio de la gastronomía”, afirma Chapoutier.

En la película lamenta que no haya habido la buena idea de imponer cursos de cocina en las escuelas de enología y dice que hoy “tenemos cada vez más y más enólogos, una mayoría, que hacen vino pero no son amantes de la comida, no son gourmands. Entonces, al mismo tiempo que hay más vinos en el mercado no tienen armonía con los alimentos, vinos tan potentes que son incompatibles con la comida”, dice.

Es una paradoja cierta y una reflexión seria a considerar; aún más cuando proviene de uno de los grandes viticultores mundiales, quien se considera un “gourmand” y apasionado por la comida como su bisabuelo Marius, “alguien que supo como vivir”, en palabras de Michel Chapoutier.

Según Chapoutier, el vino debe ser complementario de la comida y guardar la textura. “Muchas personas están obsesionadas hoy por la fruta, por los aromas. Lo importante en un vino es que el sabor y la textura estén presentes y que tengan persistencia”, afirma.

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